Columna de Sergio Gilbert: ¿Eliminatorias por Clasificatorias, como es nuestro estilo?

Si la Selección llegara a clasificar a la cita 2026 será, simplemente, porque logrará rasguñar algún punto o tendrá mejor diferencia de goles que los que no lleguen.

Por SERGIO GILBERT J. / Foto: CARLOS PARRA-ANFP

Un par de ex futbolistas que se convirtieron en comentaristas de variedades más que de fútbol, dicen sueltos de cuerpo que tienen la solución para arreglar el desabrido mediocampo de la selección nacional luego de lo mostrado en el amistoso ante Bolivia (0-0).

Ambos miran a los clubes de sus amores y se atreven a dar nombres. El de azul, dice que Israel Poblete está “pintado” para ser llamado por Berizzo; y el de blanco, muy suelto de cuerpo, asegura que Esteban Pavez está por sobre Pulgar, Méndez y Valdés (y quizás también sobre Vidal), porque “es el único que se atreve a jugar para arriba”, según su visión.

No, no es chiste. Ambos comentarios fueron emitidos por televisión y aunque uno quisiera que fuera una broma -por último- revela a las claras que hoy, al hablar de La Roja, parece que todo está permitido.

Y no pues. Aunque es un hecho de la causa que Chile está en un nivel bajo de rendimiento y de consiguiente, de expectativas competitivas, no se saca nada recurrir a la burla, a la ironía o al comentario payasesco (partiendo de la base que las opiniones de los aludidos comentaristas fueron hechas en ese tono… ).

Hay que hablar en serio. Pero de verdad.

Por ejemplo, para empezar, hay que decir que el mediocre nivel que ha exhibido La Roja en los últimos años, es el reflejo de varias cosas: la “muerte” lenta y sostenida de la exitosa “generación dorada”; la cada vez más profunda crisis de competitividad de los equipos nacionales a todo nivel; la ceguera e incapacidad de la clase dirigencial para manejar el “producto”; y, por cierto, la falta de talento o de personalidad de los últimos seleccionadores a la hora de imponer sus convicciones.

Y bajo ese estado de cosas, de verdad es hasta ridículo esperar que Chile, de cara a las próximas Clasificatorias, aparezca con la obligación de clasificar al próximo Mundial.

Pongamos los pies en la tierra. Si La Roja llegara a clasificar a la cita 2026 será, simplemente, porque logrará rasguñar algún punto o tendrá mejor diferencia de goles que los que no lleguen. O porque se produjo a última hora una serie de resultados favorables. 

No será porque Chile juegue bien, tenga un puñado de astros consolidados o se transforme en una potencia de la noche a la mañana. Ni siquiera porque lo merezca realmente.

Parafraseando a Churchill, llegar al Mundial costará sangre, sudor y lágrimas y el que crea tener recetas mágicas para encontrar un camino distinto, que las vaya guardando.

Eduardo Berizzo, el DT de La Roja, la tiene clarita en ese sentido.

Dijo tras el desabrido empate ante los bolivianos que al Mundial se puede llegar perdiendo la mitad de los puntos que se disputan en las Clasificatorias.

Ese debe ser el objetivo. No perder más que ese límite, a lo que habría que agregar el obtener la mayor cantidad de esas unidades como local y, en especial, ganarle a los rivales directos, es decir, a Bolivia, Venezuela, Perú y Paraguay (conseguir muchos puntos ante el resto, ni nos hagamos muchas ilusiones).

Con eso quedamos felices. Y llegamos aunque sea en la pisadera de la micro a la Copa del Mundo. Y nos ahorramos, además, la molestia de escuchar barbaridades de los que “más saben porque jugaron”.