En el arco

El portero es un “bicho raro” dentro de los planteles de fútbol. Su puesto es extraño en comparación con sus compañeros. En otros deportes, como en el básquetbol o el vóleibol, los participantes realizan más o menos la misma tarea. Pero en el fútbol no: es el único que puede tomar el balón con las manos.

Por RODRIGO CASTILLO 

“En el arco”. Así decía el retirado  Mario Benavides , locutor de los estadios Nacional y Monumental. Esa era la forma de presentar la “Formación de los equipos” que comienza con el jugador que defiende la meta. El arquero, golero, portero o como a usted mejor quiera llamarlo. Es el encargado de defender esa zona de nuestro campo de juego, donde se decide con goles quién es el ganador.

El portero es un “bicho raro” dentro de los planteles de fútbol. Su puesto es extraño en comparación con sus compañeros. En otros deportes, como en el básquetbol o el vóleibol, los participantes realizan más o menos la misma tarea. Pero en el fútbol no: es el único que puede tomar el balón con las manos.

No siempre el arquero se ha desempeñado como lo vemos en el fútbol de hoy. Ahora en algunas ocasiones juega como un defensa central más. Lógico: con el tiempo ha tenido una evolución con cambios de reglas e incluso algunos “entendidos” en la materia han hablado de agrandar el arco. Como si no fuera suficiente esfuerzo cubrir los 2.44  metros de alto por los  7.32 de ancho. Todo por el espectáculo. Si hay  más goles, más se vende el producto fútbol. Claro, a nivel mundial se mueven millones de pesos, dólares o euros.

Pero, ¿cómo se forma un arquero? ¿Cómo se entrena?

Vámonos al juego puro y básico. En los partidos de nuestros niños, era generalmente el gordito del grupo el que defendía el arco.  Ese que pedía permiso para poder jugar. Y como “pajarito nuevo la lleva”, finalmente  la orden de los participantes era: “Sí, pero te poní al arco”. Entonces, a punta de goles y garabatos se formaba nuestro goalkeper.

Años atrás no existía el entrenador de arqueros. Los clubes de fútbol no incluían a este profesional. Entonces los entrenamientos de basaban en que al término se quedaban los encargados de las “pelotas muertas” a bombardear el arco con pelotazos a nuestro sacrificado y casi olvidado portero. El trabajo era bien   simple.  Casi sin descanso entre balón y balón,  el número 1 debía atajar lo más posible en una especie de fusilamiento futbolístico. Volar, atajar y caer. Luego, de pie en menos de un segundo y listo para el otro misil.  Así sucesivamente hasta que el ácido láctico lo permitiera.

Ahora es más científica la preparación del guardavalla. Tuvo que mutar desde los puros y naturales reflejos a un entrenamiento más técnico y específico. El ejemplo más conocido por todos es la natural comparación de dos de los mejores exponentes del puesto en la historia de nuestro balompié: el mítico “Condor Rojas”, creado a la escuela antigua, versus el bicampeón de America, Claudio Bravo, formado en la rigurosidad del mejoramiento de la técnica. 

No se trata de una comparación, aunque es dificil no hacerlo. Se trata de dos estilos y entrenamientos en épocas distintas. Ambos son de lo mejor que podemos ver y recordar. Estos dos jugadores no son iguales. Se podría decir que no es sano un  análisis comparativo, debido a que uno no estaba obligado a usar los pies. Totalmente opuesto con el quehacer del actual portero de la generación dorada. 

Las reglas fueron cambiando. Ya no se ve a un defensa entregando el balón a las manos de su portero tantas veces como el marcador del momento lo demandara. Como era antaño, con el afán y necesidad de “hacer tiempo”.

Existen avances evidentes en la preparación de los metas. Hoy vemos a un arquero-jugador. Entre más completo sea, mejor para los tiempos actuales.

Para los futboleros nacionales siempre existirán guardapalos más recordados por capacidad, carisma e incluso por errores evidentes. Nombraremos a algunos. Para ser justos y benévolos nos guiaremos por sus características de juego.

Un arquero debe ser sobrio, dirían algunos, como por ejemplo Oscar Wirth. A otros les importa la agilidad para atrapar balones, como el Pato Toledo. También debe ser un adelantado a su tiempo como Sergio Livingston, primer golero en Chile en usar guantes. Si recordamos la Selección del Mundial del 82, cómo olvidar las reacciones felinas de Mario Osbén.

Una distinción para Misael Escuti, arquero de nuestro Mundial del `62. Nacido en Copiapó, cuyo primer equipo fue el desaparecido Deportes Badminton.

Caso aparte es un arquero que aportaba al espectáculo y la entretención de los asistentes al estadio. Si, entretención. Esa era la sensación que dejaba en el público el gran Manuel “Loco” Araya, un verdadero actor bajo los tres palos. 

Historias de este gran arquero hay muchas. Por ejemplo, cuando jugaba en Palestino en la década del `70, salía a la cancha disfrazado de árabe. Y durante un partido en Sausalito se aburrió y no encontró nada mejor que subir al travesaño para observar el juego. Increíble. En todo caso, bien puesto su sobrenombre. Un 2loco lindo, como lo llamaban.

Manuel «Loco» Araya.

Se nos pueden quedar muchos jugadores que usted recuerda. También es posible que hayan varias opiniones sobre cuál fue el mejor. Lamentablemente en Chile ha aumentado la obesidad infantil, y por ese motivo no vaya a creer que nuestro universo que niños-arqueros debería ir en aumento. Sería una tragedia.

Una cosa debe quedar clara. Es más, podríamos incluso a estar de acuerdo en forma unánime, aunque usted no lo crea, en la famosa y sabia frase: “El arquero debe atajar los balones que van hacia el arco, y las que van para afuera, no meterlas para adentro.”  Parece fácil y obvia. Pero, aunque sea penoso , en la práctica eso muchas veces no sucede.