En el fútbol chileno está de moda la intensidad, pero no cualquier equipo puede aplicarla

Debe ser incorporada de tal forma que no entorpezca la fluidez del juego. Sin lugar a dudas, los equipos con mayor capacidad técnica y conocimiento táctico podrán incrementar su intensidad en el juego. Y, por la misma razón, no cualquier equipo puede ser efectivamente intenso.

Por GERARDO SILVA / Foto: PHOTOSPORT

He estado observando partidos del fútbol chileno con mucha dedicación y parece ser que la moda es la «intensidad».

Digo moda porque, me da la impresión, que no pasará de ser eso. No hasta que no se produzcan los equilibrios oportunos y necesarios, principalmente porque esta  mediática intensidad de la que tanto se habla, y que ha venido a irrumpir en el fútbol actual, muchas veces atropella conceptos técnicos y tácticos, instalando en el ADN de los futbolistas de las diferentes categorías éste concepto físico sin control y carente de equilibrio que sistemáticamente se confunde con «apresuramiento».

 

Definitivamente, está mal instalado, es confuso y no les permite a los equipos fundamentar su juego con fluidez.  A menudo interfiere con el buen control del balón y sincronizados movimientos tácticos.  Muchas veces se puede observar propuestas que a todas luces muestran a los futbolistas desorientados y corriendo delante del balón, evidenciando, además, demasiadas imprecisiones en el control, conducción, enlaces, pases filtrados, creación de espacio, entre otros. 

Poco control del juego, sin consistencia y fundamentos, muchísimas distracciones tácticas, es lo que provoca esta desmesurada intención de correr sin sentido. «Correr por correr» no es aconsejable. La intención es positiva, sin embargo, el fútbol es un juego de velocidades. Una cosa es correr, presionar, asediar y provocar el error  para recuperar el balón, y otra cosa es  bajar un cambio, cuando lo tenemos, para utilizarlo.

Por ahora, siguen siendo ganadores los equipos que le dan un buen trato al balón y generan situaciones producto de enlaces y movimientos tácticos coherentes, con la aceleración justa y adecuada en cada una de sus transiciones.

Definitivamente, la intensidad no debe ser un fin, sino sólo un medio bien incorporado para optimizar el modelo de juego y al servicio de cualquier sistema. Los grandes equipos en el mundo han demostrado que la intensidad es un fundamento más, que  incorporado en la justa medida optimiza un montón de ítems que intervienen en el buen funcionamiento del colectivo. 

La intensidad debe ser incorporada de tal forma que no entorpezca la fluidez del juego. Sin lugar a dudas, los equipos con mayor capacidad técnica y conocimiento táctico podrán incrementar su intensidad en el juego. Y, por la misma razón, no cualquier equipo puede ser efectivamente intenso.

Bienvenido el fútbol moderno, pero no es copiar y pegar, es fundamental ser capaz de advertir y valorar las capacidades técnicas y tácticas de un plantel para incorporar en la medida justa éste fundamento físico y sus beneficios. Por ahora, en el fútbol chileno se habla mucho del concepto, sin embargo, no se observa con nitidez su incorporación al juego.