¿En la ANFP tendremos trabajando a un “topo”?

Un poderoso trascendido señala que, con Sebastián Moreno en la presidencia, al “staff” de funcionarios rentados de la ANFP se incorporará el ex presidente de Deportes Puerto Montt, Julio Aguilar. Aparte de que no se le conoce profesión ni oficio, el ex timonel “salmonero” dirigió una reiterada estafa al municipio local, encabezado por Gervoy Paredes, y aún no devuelve al club casi cinco millones de una rendición de cuentas que nunca le pudo cuadrar. Su mérito: dicen que haber sido el “sapo” que tenía Salah en la Primera B.

“Topos”, es decir, espías, a través de la historia los hubo siempre. Los hubo buenos y malos, fieles a su causa o desleales que, traicionando sus supuestos principios, terminaron siendo agentes dobles y hasta triples. Tipos como el británico Kim Philby -el mejor de todos de acuerdo a las referencias-, el soviético Oleg Gordievsky o el estadounidense Aldrich Ames, fueron actores principales durante la denominada “Guerra Fría”, espiando para otros cuando se suponía que lo hacían para sus países.


El “Topo”, por cierto, no podía ser un tipo cualquiera. Aparte de inteligentes y cultos, necesitaban ser encantadores. Pero por sobre todo, creíbles. Para quienes los reclutaban y con mayor razón aún para aquellos que luego querían contar con sus servicios.


Caminando siempre por la cornisa, las vidas de Philby, Gordievsky o Ames, fueron cualquier cosa menos existencias aburridas, al punto que los escritores de “best sellers”, como Frederick Forsyth o John Le Carré, entre otros, han tenido siempre a los “topos” como personajes de primera fila de sus novelas de intriga, que se venden como pan caliente y son frecuentemente llevadas al cine.


Pero cayó el muro, naufragaron los denominados “socialismos reales” y, sin embargo, el fin de la “Guerra Fría” no significó la desaparición de los “topos”. El último de ellos conocido mundialmente -Edward Snowden-, no tiene residencia cierta, aunque muchos creen que se oculta en Rusia tras revelarle al mundo que el gobierno estadounidense, a través de la nunca bien ponderada CIA, y la NSA (Agencia de Seguridad Nacional), nos tiene fichados a todos a través de la internet.


Hay, sin embargo, otros “topos” mucho menos interesantes y glamorosos. Más bien hay que calificarlos de vulgares “sapos”, aunque ello no signifique, en modo alguno, que no cumplan una misión. Injusto sería ponerlos al mismo nivel de los ya desaparecidos “sapos” de las micros, aunque seguramente ni Le Carré ni Forsyth gastarían tiempo, seso y tinta en describir sus hazañas.


Todo esta larga introducción viene a cuento de que, un personero serio, que hasta ha ocupado cargos de esos que se denominan “de confianza” en algún gobierno, le confidenció hace algunos días, a un amigo, que a partir del 7 de enero, cuando asuma la presidencia del fútbol profesional Sebastián Moreno, uno de estos reconocidos “sapos” del fútbol, asumirá un cargo rentado en la Asociación Nacional de Fútbol Profesional, ANFP.


Se trata, según este informante o datero, de Julio Aguilar, hasta mediados de este año presidente de Deportes Puerto Montt.


Y si ello es efectivo, no cabe sino asombrarse, por más que la capacidad de asombro, en este país de juguete, esté día a día en vías de extinción.
De partida, al ex presidente “salmonero” no se le conoce profesión ni oficio, lo que ya obliga a mirar su futura contratación con sospecha (una más que envuelve al fútbol desde que existen las Sociedades Anónimas). Porque, ¿cuál es el perfil de profesional que necesita el organismo que conduce el fútbol rentado? De partida, se nos ocurre un tipo con cartón de contador auditor, de modo que maneje al dedillo el mucho dinero que pasa y se queda en Quilín. O un abogado que, además de conocer de legislación laboral, domine como nadie los estatutos y reglamentos de la Corporación.
¿Qué más? ¿Qué más? ¡Un ingeniero comercial…! Profesión que en décadas pasadas estuvo de moda y fue “top”, hasta que las Universidades Privadas -algunas bastante rasquelis- comenzaron a producir ingenieros comerciales en serie, mientras hacían lo mismo y con el mismo entusiasmo para mandar a la calle a miles de cesantes ilustrados con cartón de periodista, sociólogo, sicólogo o profesor.


¿Qué pocos de ellos iban a tener pega? A quién le importa. Las Universidades iban a cobrar igual, y las empresas iban a tener mano de obra baratita por los siglos de los siglos. ¡Negocio redondo, posom…!


¿Un administrador de empresas? Sí, no estaría mal incorporar uno o dos de ellos al “staff” de la ANFP. Después de todo, plata hay, y el fútbol es cada vez más una empresa que una simple actividad deportiva…


Pero, ¿qué podría hacer en la ANFP Julio Aguilar como personero rentado?
En Puerto Montt, a quien quiera oírlo él le dice que tiene negocios en Chiloé. Pero a nadie la consta y mucho menos se conoce la naturaleza de estos negocios.


Consultado un dirigente de un club de Primera B, y que por obvias razones compartió muchas veces con Aguilar, nos confidenció:
“Si es efectivo lo de su contrato a partir de enero en la ANFP, yo lo interpreto como un simple pago de favores. Aguilar era el “sapo” que dateaba a Salah acerca de cualquier movimiento que intentara la Primera B para hacerse respetar o lograr mejores condiciones económicas. En una de esas, Salah ni siquiera necesitaba estar al tanto de esas cosas, porque no nos recibía nunca, pero Aguilar, para congraciarse, igual lo tenía al tanto de todo”.


Consultado este dirigente acerca de cómo supieron que era Aguilar el que alertaba a las altas esferas de la ANFP, dijo:
“Porque nos llamaba la atención de que ni Salah ni su mesa se sorprendían de nuestras posturas. Siempre estaban al tanto, y era raro, porque naturalmente se negocia mejor cuando la otra parte desconoce los temas y el tono de los puntos a tratar. Fuimos descartando sospechosos, hasta que nos dimos cuenta de que el “topo” que teníamos era Julio Aguilar. Lo descubrimos tirándole un “cazabobos” que corrió a llevarlo a oídos de Salah. A partir de ese momento, ya no fue más Julio Aguilar, sino que el “Topo” Aguilar”.


El problema más grave que traer aparejado el nombre del dirigente portomontino como funcionario rentado de la ANFP, sin embargo, no es que haya sido un “sapo” de Salah. O un “Topo”, para subirle un poco el pelo a su dudosa conducta.


Ocurre que Julio Aguilar fue presidente de Deportes Puerto Montt en aquel período que los dirigentes “salmoneros” se aburrieron de meterle una y otra vez el dedo en la boca al municipio, encabezado por Gervoy Paredes.
Dicho en buen chileno, a estafarlo con todas sus letras.


Una y otra vez, la Municipalidad le aportó al club ingentes cantidades de dinero para, supuestamente, ir en ayuda y desarrollo de las escuelas de fútbol, del fútbol femenino y de las series menores de la entidad “salmonera”. La “responsabilidad social”, que le llaman. Una y otra vez, sin embargo, la dirigencia engañó al municipio, simulando que los dineros eran ocupados en el “Fútbol Joven” (¿les suena conocido?), en circunstancias que eran utilizados en el plantel profesional. Es decir, con dineros de todos los portomontinos, y que bien pudieron destinarse a calles, plazas o paseos, se estaba engordando un negocio de privados.


El alcalde Paredes, al final, tenía que reaccionar. Bastante era ya que el estadio “Chinquihue” fuera utilizado prácticamente gratis, o que el club no le pagara nunca al municipio el arriendo de la sede.


Ofició a la Contraloría Regional de Los Lagos y la conclusión de esta tras una acuciosa investigación que llevó meses, no dejó lugar a dudas. Mediante los oficios Refs N° 102.558, y 105.023, del 13 de octubre de 2017, el órgano contralor concluyó que Deportes Puerto Montt venía engañando reiteradamente a la Municipalidad desde el año 2014.


La cifra superaba los 200 millones de pesos.


¿Cómo operaba el engaño? El club hacía una rendición de gastos por supuestos traslados y estadía de alguna serie del “Fútbol Joven”, pero en realidad quien había utilizado los traslados, el hospedaje y la comida, era el plantel profesional.


La trampa era tan burda, que la Contraloría descubrió gastos atribuidos al “Fútbol Joven” cuando aún la competencia de cadetes ni siquiera había comenzado. O que se cargaban gastos de traslado a ciudades como Viña del Mar, Santiago o La Serena, cuando las series menores “salmoneras” habían disputados sus encuentros en condición de dueño de casa.

Coincidentemente, el plantel profesional había estado en esas ciudades para responder a sus compromisos futboleros.


Al frente de todas estas trapacerías estuvo siempre Julio Aguilar.
Pero hay más…


La nueva dirigencia de Deportes Puerto Montt, encabezada por Germán Mayorga y Héctor Gaete, se vio obligada a pasar al Tribunal de Honor de la institución a Julio Aguilar. ¿La razón? El ex presidente aún no devuelve a las arcas del club la nada despreciable cantidad de $ 4.638.316, luego que, de 10 millones rendidos, sólo pudiera justificar poco más de 5 millones.


La resolución final del Tribunal de Honor (N° 1/2018), tiene fecha del 5 de septiembre, pero Aguilar hasta la fecha se ha seguido haciendo el sordo.


En todo caso, y aparte de no haber podido aún recuperar ese dinero, la dupla Mayorga-Gaete, que maneja hoy por hoy los destinos de Deportes Puerto Montt, no lo está pasando nada de bien.


En una muestra más de la manera turbia como se manejan hoy los asuntos del fútbol, la hinchada portomontina está indignada con la dirigencia y el director técnico, Fernando Vergara, ex goleador de Fernández Vial y Colo Colo, entre otros equipos.


Y es que socios e hinchas ven con preocupación que el plantel para el año próximo se está conformando de acuerdo a los intereses no del club, sino que de Gerardo Godoy. ¿Y quién es Gerardo Godoy? El representante de Vergara.


De partida, a los primeros que se les renovó contrato fue a los cuatro jugadores que pertenecen a Godoy, es decir, Diego Subiabre, Jorge Aquino, Albano Bessica y Braulio Baeza.


Y no sólo eso: Fernando Vergara dio de baja al zaguero Leandro Delgado, aduciendo que, por edad (35), ya no estaba para la exigente competencia que supone la Primera B, con equipos fuertes como Cobreloa y Wanderers, a los que habrá que sumar los descendidos San Luis y Deportes Temuco, que, como es lógico, pretenderán volver a la brevedad a la Primera A.


¿Cuál es el problema? Que acaba de subirle el pulgar a la contratación de Octavio Pozo, un jugador que durante este año jugó muy poco por Ñublense y que tiene… 35 años.


¿Quién es el representante de Pozo? Adivinó: el mismísimo Gerardo Godoy.


¿Fútbol chileno? Así es como estamos. ¿Y todavía hay zopencos que siguen defendiendo este sistema nefasto y corrupto que significaron las Sociedades Anónimas?