Óscar Tabárez

En la mente del «Maestro» Tabárez

Con 14 años consecutivos al frente de la Celeste, el entrenador de Uruguay tiene el gran mérito de saber “para qué somos buenos”. Junto con despejar ripios técnicos, ha fortalecido el estilo y el espíritu que la hicieron grande. No se sorprenda si contra Chile juega en el Centenario como si fuera visitante.

Por GERARDO SILVA

En la columna anterior nos referimos a Óscar Wadhington Tabárez describiendo sus cualidades valóricas, su perfil personal y, principalmente, las habilidades blandas que posee para dirigir a su selección.

Ahora  vamos a entrar a la cancha con el “Maestro”. Intentaremos ponernos  en su lugar, reconociendo, primero que todo, que es un hombre que conoce muy bien la idiosincrasia de su pueblo, y considerando de qué manera siente, vive y practica este deporte el futbolista uruguayo. 

En algún momento fue cuestionable la poca valoración que se le otorgaba a la parte técnica, desestimándola y privilegiando siempre el resultado por sobre el juego. Luego, con el correr de los años, el fútbol uruguayo y su selección mejoraron en el aspecto técnico, pero nunca olvidaron que prevalece, por sobre todas las cosas, el resultado. Ellos estaban adelantados y siempre lo pensaron así. La garra charrúa se imponía, eran temibles por el juego brusco que imponían por el temperamento que ejercían y no podías estar tranquilo hasta el minuto 95. Obtenían resultados a como diera lugar.

Finalmente, las alternativas del juego se olvidan y el resultado queda para siempre. No nos gustaba, les criticamos, les acusamos de realizar el antifútbol; pero  internamente nos carcomía la envidia: estaban permanentemente en los primeros lugares en cualquier competencia y clasificaban para todo. 

El “Maestro” Tabárez no ha cambiado esa filosofía. Por el contrario, la ha fortalecido haciéndole ver al resto del continente que es su forma, su estilo y su estigma. Y estando tanto tiempo al mando de su selección, validándolo.

No nos debe sorprender que en este enfrentamiento con Chile en la primera fecha de las clasificatorias para el mundial de Qatar, jugando como local y sin público, Uruguay juegue con dos líneas de 4. Su entrenador sabe que nuestra selección está disminuida, pero conoce también las debilidades de la suya. Y creo que esa es su mayor fortaleza. «Saber para qué somos buenos’ es el valor y el plus que hace la diferencia, y Tabárez es un hombre que no está dispuesto a arriesgar ni un solo minuto: conoce perfectamente el valor de estos tres primeros puntos.

Especulemos un poquito: me atrevo a decir que vamos a ver a un Uruguay muy ordenado defensivamente con una línea de cuatro defensores, un arquero que ya sabemos que no será Muslera, cuatro  hombres en medio campo que seguramente estarán rotando y haciendo diferentes dibujos tácticos en este sector de la cancha para contrarrestar a nuestro mejores futbolistas. Tabárez sabe que Aránguiz, Vidal y Sánchez tendrán mucha movilidad en esta zona del juego. Por la misma razón, en algunos momentos se quedarán con un volante para contener, dos volantes externos para proponer duelos de ida y vuelta y un volante ofensivo; y en otros, sencillamente tendrá tres volantes para contener.

De esta manera, podemos prever un reagrupamiento defensivo para generar superioridad numérica dejando sólo un volante ofensivo para provocar una salida rápida, explosiva y directa. Son estas instancias del juego las que maneja a la perfección esta selección celeste: sabe cómo y cuándo defender, cuándo y cómo atacar. El ataque directo está garantizado aprovechando siempre a hombres poderosos físicamente, habilidosos y certeros a la hora de definir. 

En líneas generales, a eso apuesta Oscar Washington Tabárez: al orden táctico y a la capacidad individual de sus futbolistas. Esta es quizás la única selección del continente a la que le basta un gol para ganar partidos. El orden táctico defensivo, su capacidad en el juego aéreo, su enorme concentración y su espíritu de sacrificio a la hora de recuperar balones, con todos los futbolistas comprometidos, les permite ser un equipo prácticamente impenetrable.

Tabárez sabe que Chile no tiene los mejores hombres en defensa, y es justamente aquí donde aparece otra arma temible a la que tendremos que poner mucha atención:  «el balón detenido». La táctica fija es otro elemento que la selección uruguaya nunca deja al azar: marcación personal y estricta en la táctica fija defensiva y movimientos coordinados y efectivos en el balón detenido ofensivo. También prevé un equipo chileno que intentará tener la pelota y seguramente lo dejará  venir un poquito para que salga del fondo. Tabárez tiene la certeza de que no es el Chile de los 80. Nuestro equipo evolucionó e intenta ir a buscar los partidos, y creo que en su interna a él le gusta muchísimo ese escenario. 

Finalmente será un partido lindo de observar. Ojalá nuestra selección tenga también las capacidades individuales y colectivas para hacerle frente a un equipo tan duro y tan difícil en esta primera fecha y podamos traernos, por qué no, los primeros tres puntos.

En la previa y sin la responsabilidad, podemos opinar y especular. Definitivamente, detrás de un computador es bastante más fácil.

Sigamos especulando: Chile podría formar con Arias en el arco; una zona de tres en defensa, con Rocco, Sierralta y Díaz; con Vegas y Fuenzalida como laterales externos, con la intención de que Vegas haga una línea de cuatro por izquierda a la hora de defender; con Aránguiz, Baeza y Vidal en la zona de volantes, y con Vargas y Sánchez en delantera, pero seguramente solicitándole a Sánchez engancharse a la zona de mediocampo para crear superioridad numérica y generar un ataque construido. A Chile no  le conviene un ataque directo. 

Por el lado de Uruguay, iniciaría el juego con Campaña en el pórtico; una zona de cuatro defensores con Viña, Coates, Godín y Cáceres, todos fieros y especialistas; Betancur y Valverde delante de esa línea de cuatro defensores, acompañados de Rodríguez y de la Cruz, dejando en ataque a Gómez y Suárez.

La verdadera historia está por escribirse una vez más en el temible Centenario de Montevideo.