En tiempos de recesión, bienvenido el receso

Es lo que piensan en Colo Colo y Universidad de Chile, dos elencos que necesitan sobre todo de calma para salir del descalabro. Los partidos de la Roja nunca fueron mejor recibidos por los dos grandes de nuestro fútbol.

Bienvenido el receso mundialista. Al menos para tipos como Beccacese, Guede o Pellicer, que aún no saben cómo hallar un rendimiento satisfactorio. Nadie más que ellos esperan que el tiempo de para les dé tranquilidad y alguna claridad en sus confundidas mentes.

Si lo conseguirán o no está por verse. Al menos los hinchas azules, albos e itálicos, que ya no saben de qué agarrarse para creer, confían en un milagro cuando se reanude el torneo.

Lo de Colo Colo tal vez es lo más preocupante. Porque en su caso no se puede hablar de altibajos, sino que, derechamente, de involución.

Su derrota ante Unión Española en el arranque del campeonato mostró lo que Guede quería. Un equipo que presionaba arriba, quitaba el balón con facilidad y atacaba rápidamente, provocando el desajuste defensivo de su rival. Pero fue debut y despedida. Ahora Colo Colo no presiona arriba ni tampoco quita. Sus rivales contragolpean con facilidad y no tienen casi dificultades para aprovechar sus oportunidades.

Lo peor es que Guede ha mirado estas cinco primeras fechas como un laboratorio, sin razonar que está en el equipo más grande, el que, si no convence, al menos debe mostrar alguna lógica futbolística. Pero Guede insiste en probar jugadores, ubicarlos fuera de puesto y desatender el ataque por las orillas, única forma de abrir las dos líneas de cuatro que le han opuesto todos sus rivales y que para los albos constituyen una verdadera Muralla China.

El mejor signo de que Guede aún no aterriza en el Monumental es su insistencia en los últimos encuentros por hacer ingresar a chicos demasiado jóvenes para volcar los partidos. Así pasó ya con Gabriel Suazo (19) e Iván Morales (18). El viernes pasado sentó en la banca a Branco Provoste (17).

¿Para qué está el resto del plantel?

La U volvió a lo de siempre. Sus dos triunfos anteriores despertaron una falsa ilusión. Ni sus rivales eran difíciles ni su rendimiento trasuntaba un vuelco. Bastó un adversario de verdad, más por la camiseta que por su nivel actual, para que la poca serenidad azul se fuera a la chuña. Así le pasó a Vilches, a Jara y sobre todo a Beccacese, cuyo patadón al refrigerador fue digno del mejor experto en portonazos o ladrón de cajeros automáticos.

Lo único bueno es que esta derrota llega después de esas dos victorias pírricas, con lo cual Carlos Heller puede mantener una razonable esperanza de que su equipo al menos alternará buenas y malas, y que, si finalmente no le alcanza para lograr el título, al menos el desenlace puede no ser humillante como en el torneo anterior.

Lo de Pellicer es hasta lógico. En un equipo frágil como Audax, cuya cantera no es generosa como otros clubes de medio pelo, la partida de Mora, Valdés y Vegas fue una auténtica sangría de la que aún no se repone. Por ahora los de La Florida siguen pegados en el fondo junto con Everton, mientras que otros compañeros de ruta como Antofagasta, San Luis y Universidad de Concepción lograron resultados rehabilitadores.

Un gran perdedor esta vez fue Wanderers, justamente vencido por Antofagasta. Con su derrota le dejó la punta regalada a Iquique, que sin mucho brillo ha conseguido una solidez defensiva a toda prueba.

A la espera de dar el salto están O’Higgins y Unión Española, que tras su igualdad 1-1 siguen prendidos arriba, con rendimientos parejos que les hacen seguir soñando de que en algún momento treparán a la cima para ir por el título que ambos consiguieron no hace mucho.