En un partido horrible, Colo Colo al menos rescató un punto

Jugando con un pánico impensado a la altura, dados todos los antecedentes del fútbol chileno en tales circunstancias, el Cacique consiguió un valioso empate 1 a 1 en La Paz frente al Bolívar. Más que por la solidez alba, el resultado se explica mejor por la evidente mediocridad del equipo altiplánico.

Fue un partido horrible, en lo que lo único atractivo para Colo Colo fue el resultado. Y es que el empate 1 a 1 conseguido frente al Bolívar, en el estadio “Hernando Siles”, de La Paz, le permite mantener su opción de clasificar a una segunda fase de Copa Libertadores luego de su mal debut en el Grupo 2 frente al Atlético Nacional.

El problema es que, si Colo Colo no retorna con las manos vacías, ello es producto más de la manifiesta mediocridad del rival que tuvo al frente que por méritos propios.

Para decirlo pronto, el cuadro albo le tuvo tal pánico a la altura paceña que prácticamente renunció temprano a la posibilidad de ganar. Se limitó a contener y a “quemar” cada segundo de juego demorando la reanudación de las acciones, pero ofensivamente su aporte fue tan precario y escaso que el arquero boliviano Quiñónes fue el espectador mejor ubicado del encuentro.

En esto de ganar manifiestamente tiempo tras cada falta, tras cualquier lateral o tiro de valla, participaron todos, pero sin duda quien llevó el estandarte fue el meta Orión, que vez que debía despejar desde su área se tomaba todo el tiempo del mundo.

El pito argentino Darío Herrera le mostró amarilla ya a los 16 minutos de juego, pero lo cierto es que el meta albo, en el resto del encuentro, hizo méritos de sobra para que apareciera la segunda y, por consiguiente, su salida de la cancha. ¿Respeto a la trayectoria? ¿Complicidad manifiesta del árbitro con su compatriota? Lo cierto es que Orión llevó hasta la exasperación a la hinchada del Bolívar, que veía que a la impotencia de su cuadro se sumaba la manifiesta demora del arquero en cada reanudación del juego.

Con un equipo absolutamente cortado en dos, Colo Colo sólo se limitaba a contener las tibias y previsibles cargas del Bolívar, pero a la hora de tener la pelota e intentar jugar sus jugadores mostraban una impericia exasperante. O la jugaban mal o la perdían de inmediato, dando paso de esa forma a un dominio boliviano que se antojaba incontrarrestable.

Nadie –excepto Valdivia- era capaz de jugarla a un compañero. Con la pelota en los pies todos se hacían un nudo. O la perdían pronto, o tiraban un pelotazo absolutamente desmedido para los dos “náufragos” (Rivero y Orellana) que teóricamente tenía Colo Colo para hacer daño.

Bolívar, es cierto, no era gran cosa, pero por dominio e insistencia al menos algo tendría que cosechar. Y lo logró de la forma menos pensada: un violento centro al área dio en la mano de Barroso tras pegarle en el pecho y el juez no titubeó: marcó el penal que correspondía, de acuerdo a las nuevas disposiciones reglamentarias.

La ejecución, por parte de Arce, dio paso a la polémica, luego que, en el momento de empalmar de derecha, resbaló y el balón rozó antes su botín izquierdo antes de meterse fortuitamente en el ángulo superior del arco que custodiaba Orión. Tras los reclamos de los hombres albos, y un breve cabildeo, el pito validó la conquista como correspondía, porque para todos estaba claro que el volante boliviano nunca había pretendido engañar o sacar partido de la incidencia.

Se jugaba el minuto 38 y la duda inmensa era, naturalmente, cuál iba a ser el Plan B de Colo Colo. Seguir haciendo lo mismo era imposible, toda vez que ese era el camino más corto hacia una derrota que podía ser lapidaria para sus aspiraciones coperas.

Tuvo la suerte Colo Colo de que, pocos minutos después, cinco para ser exactos, encontrara el tanto que, al cabo, sería el de la paridad definitiva. Un tiro de esquina servido por Baeza no pudo ser despejado por la defensa del Bolívar y Rivero, uno de los pocos que curiosamente parecía no temerle a la altura, dada su condición de jugador rioplatense, metió un derechazo que, tras rozar en Prieto, se introdujo en el arco ante el desconcierto de Quiñónes, que nada pudo hacer frente a ese involuntario desvío.

Fue uno de esos goles que en el fútbol se han ganado el mote de “sicológicos”. Porque claramente era una cosa irse al vestuario empatando un partido claramente adverso, a esperar una segunda etapa en merecida desventaja.

Si un mérito tuvo el pobre nivel futbolístico exhibido por Colo Colo para traerse un punto desde La Paz, fue que, aparte de un buen orden defensivo, sus jugadores al menos ahora podían tenerla y llegar a ejecutar cuatro o cinco pases seguidos, lo que les permitía ahora correr con pelota en lugar de hacerlo tras de ella.

Y si no ponderamos con mayor entusiasmo su capacidad para neutralizar la ofensiva rival, es porque la labor de los cinco del fondo y de los dos volantes de marca que dispuso Guede se veía facilitada claramente por la falta de contundencia y de ideas que siempre exhibió el Bolívar.

El cuadro Boliviano se limó los dientes tratando de superar el cerco para volver a batir a Orión. Todo se reducía a disparos de distancia, a centros sobre el área buscando una cabeza salvadora, o a la combinación insulsa que moría una y otra vez en los despejes a la que saliera de los hombres del Cacique.
De hecho, la única clara corrió por cuenta de Riquelme, que en el campeonato chileno defendió a Palestino. En un centro aéreo le ganó a Barroso y su cabezazo fue a dar contra el travesaño cuando Orión bien poco es lo que podía hacer.

En el otro extremo de la cancha, el meta boliviano siguió aburriéndose a mares. Con mayor razón luego que físicamente se “fundieran” el “Mago” Valdivia y Rivero, únicos hombres albos capaces de preocupar.

Lo dicho: dadas las circunstancias con que se consiguió, el empate resultó para Colo Colo más que positivo. Después de todo, para conseguirlo la verdad es que no hizo mucho.

El problema es si, con este nivel de juego, un equipo puede tener aspiraciones fundadas de seguir avanzando en la Copa. Y la respuesta es toda una perogrullada.

PORMENORES
Copa Libertadores, Grupo 2. Segunda fecha.
Estadio: Hernando Siles, de La Paz.
Público: 25 mil espectadores, aproximadamente.
Arbitro: Darío Herrera, de Argentina.
BOLIVAR: Quiñónes; Bejarano (76’ Ferreira), Raldes, Pedraza, Gutiérrez; Justiniano (59’ Saavedra), Prieto, Arrascaita (59’ Lizio); Arce, Callejón; Riquelme.
COLO COLO: Orión; Zaldivia, Barroso, Insaurralde; Campos, Baeza, Carmona, Opazo; Valdivia (78’ Paredes); Rivero (90+3’ Suazo) y Orellana (69’ Berríos).
GOLES: Para Bolivar, Arce, de penal, a los 38’; para Colo Colo, Rivero a los 43’.
Tarjetas amarillas: en Bolívar, Ferreira y Prieto; en Colo Colo, Orión, Carmona, Orellana y Berríos.