Duelo Chile Ecuador

Entre el abismo y la fe

Un par de días después del desenlace de la Copa América Centenario, los comentaristas argentinos masticaban su dolor, su pena y su vergüenza en descarnados análisis sobre la actuación del seleccionado albiceleste. Histriónicos y gritones, se atropellaban para culpar al entrenador, a Messi, a quien fuera. Y de pronto se acordaron de Chile.

Hablando de sus méritos, se produjo el primer silencio en el estudio. Lo provocó una pregunta formulada casi ingenuamente por uno de los panelistas:

-¿Qué les parece: será Chile el campeón mundial en Rusia?

Cuando se advertían gestos afirmativos y se adivinaban respuestas positivas mientras se miraban para decidir quién contestaba primero, se adelantó uno de ellos;

-Veamos, primero, si se clasifica.

Saltó de su asiento el más gritón y se le puso de frente:

-¿¡Pero te cabe alguna duda, boludo!?

En ese momento, la Roja se había consagrado bicampeón de América y ocupaba un lugar cómodo en la tabla de posiciones de las Clasificatorias.

El de la pregunta arqueó las cejas, levantó los hombros e hizo un rictus amargo. Y la polémica se centró en si Chile iba a ser -o no- campeón del mundo.

Esto ocurrió en los últimos días de junio del año pasado. Quince meses después habrá que concederle méritos al boludo de la pregunta: la selección está a punto de quedar marginada de Rusia 2018. No sólo porque está fuera de la zona de clasificación y le quedan un desafío bravo y una aventura imposible, sino porque nunca tuvo a un plantel tan diezmado y a un entrenador tan confundido.

 

DESGRACIAS PROPIAS

En un momento dado, Esteban Aránguiz, Marcelo Díaz y Arturo Vidal conformaron parte de uno de los mejores mediocampos del mundo. Con ellos se turnaban varios, de acuerdo con las circunstancias: Pedro Pablo Hernández, Felipe Gutiérrez, Jorge Valdivia.

A tres días del decisivo encuentro con Ecuador, que puede sentenciar la desclasificación inmediata si Chile no lo gana, tres de esos baluartes estarán ausentes. Y el cuarto está cojo.

Juan Antonio Pizzi marginó a Díaz, un poco como castigo por los errores que significaron la derrota con Alemania en la final de la Copa de las Confederaciones y la caída ante Bolivia, en La Paz, en su última presentación premundialista, y otro poco por el bajo nivel que mostraba por su notoria falta de fútbol.

Aránguiz y Hernández, que habían levantado su nivel, se lesionaron en el último partido por sus clubes, e incluso se dudó de que pudieran viajar a Chile para integrarse al grupo. Hasta el lunes a mediodía, aún no había decisión sobre dejarlos o reemplazarlos.

Y en el caso de Vidal, no actuó por su club en la última jornada, aquejado por golpes que lo tenían en inferioridad de condiciones.

En cuanto a la defensa, un bloque inconmovible durante todo el proceso, ahora hay dudas: Gary Medel está jugando de lateral, Gonzalo Jara pasa por un muy mal momento y Jean Beausejour está suspendido. Y a ese grupo hay que sumar a Claudio Bravo, que sigue sin probar sus manos en el fútbol inglés.

El ambiente en Pinto Durán, por si fuera poco, está espeso: nadie entiende a qué fue Pizzi a Europa la semana pasada y se le critica porque volverá a ponerse las mangas anchas de citaciones anteriores con los tiempos libres prolongados.

 

GOTITAS DE FE

Hay tres aspectos, sin embargo, que invitan a creer en la victoria este jueves:

La selección ecuatoriana se quedó sin técnico y su reemplazante renovó absolutamente el plantel. Se presentará un equipo joven, inexperto y poco afiatado. Pasó a ser un rival accesible.

Segundo factor, la recuperación futbolística y anímica de Alexis Sánchez, que estaba por los suelos después de su frustrado traspaso al Manchester City y que el domingo volvió a mostrar su genialidad.

El tercero, tal vez el más importante, es que la Roja se ha recuperado de momentos malos en las instancias decisivas. Se arrastraba en la mediocridad antes y en los primeros tramos de la Copa Confederaciones y se quedó con el título. Venía de perder ocho de los nueve últimos puntos disputados en los comienzos de las Clasificatorias y goleó a domicilio a Venezuela.

Ese 4-1 en Barinas lo consiguió en circunstancias muy similares a las de ahora: tenía fuera de batalla a los mismos que ahora (Díaz, Aránguiz y Hernández) y además tampoco contaba con Claudio Bravo y Eduardo Vargas. Es decir, le faltaban cinco titulares. Pero los que quedaban y los que entraron sabían que era victoria o muerte. Jugó Johnny Herrera en el arco, al mediocampo ingresaron Francisco Silva, Felipe Gutiérrez y Fabián Orellana, y el ataque lo comandó Mauricio Pinilla.

No sería nada de raro que en el mediocampo actuaran Silva, Vidal y Gutiérrez, y que el acompañante de Alexis y Edu sea Pinigol. Y que, con ellos, volviera a ganar.

Ya se sabe, entonces: empate o derrota equivalen a eliminación prematura. Una victoria la enriela al menos para disputar el repechaje con Nueva Zelandia.

Para pensar una clasificación directa habría que ganarle también a Brasil en su casa. Y eso no lo ha conseguido nadie desde que hay mundiales.