ESPECIAL 11 DE SEPTIEMBRE/ Tras el bombardeo de los aviones a La Moneda, la “fiesta” más triste del Deportivo Aviación

El equipo de la FACh fue campeón de Ascenso en 1973, pocas semanas después del Golpe. Su plantel lo integraban soldados de la institución y otros profesionales, y el estadio Reinaldo Martin –donde jugaba en la base El Bosque- se cerró al fútbol desde el 11 de septiembre por medidas de seguridad.

Por CAMILO REY / Foto: ARCHIVO REVISTA ESTADIO

Chile estaba sometido al toque de queda, la represión arreciaba en los albores de la dictadura y la nueva normalidad generaba espanto en la población cuando Deportivo Aviación se consagró campeón del torneo de Ascenso de 1973 en el fútbol chileno. En rigor, pocas semanas después que, a sangre y fuego, los Hawcker Hunter dejaran caer los rockets sobre La Moneda y el gobierno del Presidente Allende consagrando una ignominia histórica, el equipo de la Fuerza Aérea celebraba una conquista que nunca dejó de estar bajo cierto filtro de sospecha.

El campeonato de Primera División estuvo muy interrumpido ese año por la preparación de la La Roja para el Mundial de Alemania, la gloriosa participación de Colo Colo en la Libertadores y las lluvias. Debido a las restricciones múltiples, formalmente se paró entre el 3 y 13 de octubre. Sin embargo, el Ascenso tuvo una marcha regular con un desarrollo vibrante gracias a la lucha entre los dos grandes equipos del momento, Aviación y Ñublense, e incluso, los “Aguiluchos” empataron con San Luis el fin de semana anterior a la intervención golpista.

Hasta esa fecha, el estadio Capitán Reinaldo Martín era un fortín inexpugnable para quienes enfrentaban allí a Aviación. Ubicado en la base aérea El Bosque y parte de las instalaciones de la Escuela de Aviación, tras el Golpe se cerró por razones de seguridad militar y desde octubre la localía se trasladó al estadio San Bernardo Central o Santa Laura, entre otros.

Recién el 71 Aviación había entrado al profesionalismo y era un club atípico, con presupuesto fiscal e integrado por jugadores profesionales y otros semiamateur que, en simultáneo, eran funcionarios de la institución.

EL GOLPE EN LA CANCHA

Dirigido por Arturo Lilo Quiroz, un técnico nacional de trayectoria, ese año el equipo culminó como puntero invicto en la primera rueda, sumando 21 puntos de 26 posibles, con ocho triunfos y cinco empates. Luego mantuvo el tranco en la segunda rueda y en una encendida lucha con Ñublense se tituló campeón, con 38 puntos, gracias al empate 1-1 con Coquimbo Unido.

El plantel lo conformaban varios funcionarios de la FACh -administrativos, técnicos y once soldados-, y una base menor de figuras de trayectoria. Tras lograr subir a Primera División, los campeones fueron recibidos por el integrante de la Junta, Gustavo Leigh, quien se comprometió a apoyarlos en su próximo desafío. Aún así, el club abandonó el profesionalismo en 1980.

Según la nómina publicada entonces por la prestigiosa revista Estadio, 13 de los 23 jugadores del plantel eran soldados o funcionarios civiles de la FACh. Entre ellos, por ejemplo, los destacados Wilfredo Leyton, Luis Seguel, Benjamín Valenzuela y el goleador Manuel Antequera, entre otros. Y en el grupo de profesionales, Carlos Díaz, Javier Méndez y Eloy Vidal, por ejemplo.

En la época, dos clubes tenían representantes militares en la Asociación Central de Fútbol: el contralmirante Carlos Chubretovic de Naval y el comandante Mario Gómez de Aviación. Más tarde, el general de Carabineros Eduardo Gordon Cañas sería el interventor de la ACF para encauzar los “nuevos tiempos”.

Como sea, en aquella época el peso de los arbitrajes en los avatares del fútbol chileno también eran tema de cuestionamiento. Incluso, algunos expertos en la cobertura del torneo de Ascenso –como el periodista Carlos Jimeno Silva- creen que Aviación era un gran equipo, aunque su vínculo con una rama de las FF.AA. le concedió algún “trato deferente” de parte de los jueces. Y si bien incluso la Justicia chilena quedó sometida al peso de la fuerza de la dictadura, ese factor en el fútbol permanece como una simple “presunción” en una época jalonada de abusos y sospechas…