Estados Unidos al borde del abismo… ¿Es el fin de su hegemonía mundial?

Su inminente caída como el poder hegemónico del siglo está siendo cuidadosamente ignorada por los medios informativos. El país enfrenta una crisis muy similar a la Gran Depresión de 1929, cuyos efectos remecieron al mundo durante 10 años. Pero los expertos no se ponen de acuerdo; unos opinan que el colapso comenzará dentro de muy poco. Otros sostienen que el derrumbe ya comenzó.

Por LUCHO ABARCA / Fotos: ARCHIVO

En estos días, Estados Unidos experimenta el desplome de bancos y un alza contínua en las tasas de interés bancario; hay inflación mezclada con recesión; el gobierno está a punto de quedarse sin dinero, no sólo para hacer funcionar al país, sino que para pagar los intereses de su colosal deuda; el público contempla el cierre de miles de centros comerciales y cadenas de almacenes; las ventas están estancadas, hay despidos masivos. Y se perciben retrocesos en la producción manufacturera, en el corretaje de propiedades y en la agricultura.

Y esto no lo está diciendo gente aficionada a teorías conspirativas. Quienes lo afirman son fuentes como The Wall Street Journal o Bloomberg, biblias del mundo financiero y están respaldados por cifras. Y también lo dicen connotados expertos y académicos. Y lo confirman las noticias alarmantes que emergen a día a día.

El pasado 10 de marzo estalló la bomba: Silicon Valley Bank (SVB), de California, el 16° más poderoso banco del país, era declarado insolvente. Especializado en préstamos a empresas de tecnología avanzada, su colapso confirmó lo que ya se sabía: que el SVB estaba en serios problemas. Al fracasar un desesperado esfuerzo por captar nuevos capitales, sus acciones se habían derrumado en un 60%. Era el colapso del banco más grande desde la crisis global del 2008. El SVB fue absorbido por un banco de North Carolina. Washington sostuvo que “la crisis había concluído”.

Nada más falso. Desde entonces, otros bancos han colapsado. No era un caso aislado, como sostenían las autoridades. El 12 de marzo cayó Signature Bank, de Nueva York, luego que sus acciones se desplomaran, y quienes allí tenían cuentas retiraran masivamente sus fondos, temerosos tras lo ocurrido con el SVB. En medios financieros cundió la desconfianza.

El 28 de marzo, se derrumbó el Credit Suise, banco suizo que tenía enormes operaciones en EEUU. Ese banco absorbido por otro banco suizo, el UBS. Y hace una semana, otro gran banco se derrumbó; el First Republic Bank era el 14° más grande del país, y fue adquirido por JPMorgan Chase. ¿Razones del derrumbe?… Las mismas de los anteriores: pánico de los ahorrantes y desplome de las acciones.

El First Republic Bank, la última entidad bancaria en ir a la quiebra en estos días.

En EEUU existen más de 4.880 bancos. Bancos pequeños y locales; o medianos y regionales. Y los grandes bancos con sucursales en todo el país. En conjunto, esos bancos retienen 17 trillones de dólares de sus depositantes. Sin embargo, la mitad de esos depósitos no están asegurados por la Federal Deposit Insurance Corporation, la FDIC. Los ahorrantes confían en sus bancos, y depositan sus dólares. Los bancos trabajan esos dineros. Pero el sistema sólo funciona si los clientes sienten que su plata está segura. Según un reciente artículo de Bloomberg, la mitad de los dueños de cuentas no se sienten seguros. Y más de un trillón de dólares han sido retirados de esas cuentas, en dos meses. Hace tres días, otros dos bancos, PacWest Bancorp y Western Alliance sufrieron tales caídas en el valor de sus acciones, cerca del 50%, que también estuvieron a punto de ser declarados insolventes. Se cree que hay 2.500 bancos vulnerables, o en estado inminente de serlo. Ayer, el Banco de la Reserva Federal emitió su informe bienal indicando que las severas tensiones internas del sector bancario, constituyen una amenaza severa a la estabilidad financiera del país. ¿Qué había ocurrido?

A fines de abril, por décima vez consecutiva, el Banco de la Reserva Federal (el Reserve), decidió aumentar los intereses bancarios a un 5.25%. Hace un año estaban en un 0,25%, que no sólo era muy bajo, sino que habían estado largos meses en ese nivel. ¿Y por qué? Tanto el gobierno de Trump como el actual, quisieron estimular la economía dañada por la pandemia. Para paliar los efectos de los cierres bajaron los intereses básicos. También gastaron “like drunken sailors” (como marinos borrachos). Y eso significó un salto gigante en la Deuda Nacional.

Para entender esta crisis, hay que analizar qué es la Deuda Nacional. Es el total que los gobiernos federales han pedido prestado a lo largo de su historia. Una deuda que aumenta año a año. La primera fueron gastos en la Guerra de Independencia y los consiguientes pagos a Francia por materiales de guerra. Entre 1920-1940 la deuda se mantuvo en un trillón de dólares. En la II Guerra Mundial, subió a cinco trillones. Luego bajó y estuvo entre los 3 y 4 trillones, entre 1945 y 1980. En el 2000, a causa de las guerras en Afganistán e Iraq, la deuda se había encumbrado a 10 trillones. Y en 2023 había subido a 31 trillones. Es decir, entre 1980 y la actualidad, la Deuda Nacional creció diez veces, de 3 trillones a 31 trillones. Un aumento del 1.000% en poco más de 40 años. En los últimos 23 años, subió, en cifras gruesas, un trillón de dólares al año. Los responsables son los gobiernos de Bush Jr, Obama, Trump, y ahora Biden.

Lo que atizó la hoguera fueron las enormes desigualdades sociales, impulsadas por todos los gobiernos durante los últimos 70 años. Al ser destruida la clase media, nació un creciente resentimiento que a su vez impulsó populismos de izquierda y derecha. Esos populismos tuvieron que ser mitigados con gastos enormes en Seguridad Social, para paliar las desigualdades. Y eso produjo más Deuda Nacional.

Esa deuda genera intereses. El pago de ellos le cuesta una fortuna al país. El año 2021, se pagaron 352 billones de dólares en intereses por dicha deuda. Y subieron a 475 billones en 2022. A ese ritmo, el servicio de los intereses será de alrededor de 600 billones este año, el más alto en la historia. ¿Qué capacidad tiene el gobierno de pagar esos intereses y reducir la deuda?… Ninguna. El interés representa el 1,9% del Producto Doméstico Bruto (PDB); la relación entre la Deuda Nacional y el PDB, que en 1980 era del 30%, hoy es un 124%.

La Deuda Nacional es hoy 31 trillones de dólares. Pero, si se incluye la deuda de las corporaciones, y las deudas de las personas -en hipotecas y tarjetas de crédito- se calcula que la deuda total del país sube a 70 trillones de dolares. El gobierno, las corporaciones y las personas están endeudadas hasta la tusa. En medio de la pandemia por el covid, los bancos le dijeron a sus acreedores: “¡Tranquilos! No necesitan pagar ahora, vamos a esperar; conversaremos de nuevo al volver tiempos normales”… Y no hubo pagos de tarjetas de crédito, de hipotecas o deuda universitaria. Y ahora, hay que pagar. Pero hay una pandemia financiera, porque hay alza de intereses, inflación y despidos. Y el Reserve estima que es preferible dañar la economía ahora, ya que sería un mal a corto plazo, que dejar que la inflación se desboque, lo que sería una deblacle a largo plazo.

Hasta hace dos años, la inflación no era un problema en EEUU. Entre 2013 y 2020, la inflación se mantuvo alrededor del 2% anual. Pero el año 2021 se disparó al 7%, y ha seguido por encima del 5%. Eso en las cifras oficiales, que nadie cree. La gente opina que basta ir a un supermercado a comprar comestibles, para advertir que verduras y frutas han subido al triple. Y como los sueldos no suben, se resiente su poder adquisitivo. Y la inquietud y la desconfianza se desbocan.

El objetivo del Reserve era bajar la inflación a un porcentaje anual del 2%, considerado ideal. Pero, el elevar esas tasas de interés, resultó en la pérdida del valor de mercado de los treasury bonds, que otros gobiernos y bancos internacionales habían comprado. Esos bonos son pagarés dados por el Departamento del Tesoro, para financiar gastos fiscales, como una alternativa al cobro de impuestos; los que compran reciben documentos a meses o años plazo, intereses fijos. Pero, en la práctica, constituyen un peligroso endeudamiento fiscal, que alguien, algún día, va a tener que pagar. El valor de esos bonos ascendía, el 30 de junio del año pasado, a 7,3 trillones de dólares. Críticos del sistema, dicen que EEUU está “hipotecando el futuro de las nuevas generaciones”. Otros dicen que es “un robo descarado” a sus propios hijos y nietos.

Los países que han invertido más dinero en estos bonos, son Japón y China, ambos con más de un trillón de dólares. Los críticos opinan que EEUU tiene altos standards de vida falsos, ya que esa buena vida está financiada por los asiáticos. Pero Japón y China, en vista de las alarmantes noticias, han comenzado a vender sus bonos. Y eso ha venido a agravar aún la inflación, la debilidad del dólar, y la situación de muchos bancos norteamericanos, que son propietarios de esos bonos, los que cada día se desvalorizan más.

El fantasma de la Gran Depresión tiene alarmados a los estadounidenses.

Dicen en EEUU: “Es la Tormenta Perfecta”. Existe lo que se denomina staflación, neologismo que significa estancamiento económico más inflación. Al desplome de bancos se suma recesión e inflación, cierre de centros comerciales, cadenas de grandes almacenes. Paralización de ventas de propiedades. Extrema sequía en el cinturón agrícola, lo que ha significado carestía y escasez de alimentos. Los comercios no tienen actividad ni pedidos, sus almacenes están repletos de stocks que nadie compra. Hay despidos masivos de trabajadores. Se estima que a fin de año, va a surgir otro millón y medio de cesantes más. Miles de restaurantes de comida al paso, almacenes de ventas al detalle y centros comerciales han anunciado cierres parciales o totales de sus operaciones. La lista es enorme: MacDonald’s, Burger King, Amazon, JCPeney, Target, Macy´s, Guess, The RealReal, Good Will, GameStop, Kroger, Stop & Shop, Green Zebra, Sephora, Banana Republic, Fossil, Office Depot, Foot Locker, etc… Expertos califican esto como una debacle de proporciones apocalípticas. Y las razones de esos cierres, es la combinación de ventas moribundas y pérdidas, enormes pagos de arriendo, interrupción en los abastecimeientos y falta de personal, a causa de los bajos salarios.

El gobierno entrega cifras sobre empleo que nadie cree. Y usa lo que Al Gore llamaba “fuzzy maths”, las matemáticas borrosas. Decía un empleado: “Mi empresa despidió a un excelente profesional, que ganaba 80.000 dólares al año. Y contrataron a dos muchachitos sin experiencia, por 30.000 cada uno para hacer mal ese mismo trabajo: ¿Significa eso que el empleo creció en mi empresa?”.

¿Cómo se llegó a tal situación?… A partir de 1990, y movidas por la codicia, las corporaciones transladaron su industria manufacturera a China. Aumentaron sus ganancias, pero destruyeron la base industrial del país. Millones fueron lanzados a la cesantía y la desigualdad social se extremó. El país se dividió entre masas de trabajadores sin grados universitarios y los “amos del universo”. Creció la percepción que el Partido Demócrata era una elite globalista, lo que explica a Trump. La desigualdad obligó a los gobiernos a dar más beneficios sociales a los que iban dejando atrás. Gastos en guerras sin fin y las 800 bases militares que EEUU tiene en suelos extranjeros añadieron presión a la Deuda, ya que sucesivos gobiernos bajaron los impuestos a los ricos, una y otra vez. Se creó un déficit fiscal imposible de enfrentar, por sus costos políticos. La pandemia vino a culminar esta debacle. Y los gobiernos y el Reserve echaron a correr las imprentas, para imprimir dólares, sin ningún respaldo. Y el dólar, que por casi un siglo había servido como la divisa oficial del comercio internacional, comenzó a ser mirado con sospecha y perdió su solvencia.

El reconocido economista Richard D. Wolf, profesor eméritus en la Universidad de Massachussetts, dijo hace poco: “En 1974, Richard Nixon decretó el fin del dólar respaldado en oro. Y entramos en la época de los petro-dólares. En esos años, el dólar era una moneda respetable. Hoy ya no lo es”. Esto hay que explicarlo. Hasta 1974, el dólar de EEUU era legalmente respaldado por el oro depositado en Fort Knox. Nixon cambió el respaldo, de oro a petroleo de Arabia Saudí. A cambio de una protección al país, al gobierno y a la familia real saudí, EEUU pasaba a disponer de las reservas de ese país casi como propias, para asegurar un respaldo al dólar. Fue un cambio de conveniencia, el cual ya no existe. Pero que le permitió a los EEUU imprimir dólares hasta el infinito sin la necesidad de apoyarlos con oro. Lo que necesitaba no era más que tinta y papel.

Pero todo eso ha cambiado. Hoy, Arabia Saudí ha cambiado. Y con el respaldo de la OPEP, y sus amigos del Medio Oriente, se ha rebelado y se ha aliado con otras potencias. Y las naciones que ya no aceptan más la hegemonía de EEUU, han formado BRICS, siglas de los países que formaron esa organización: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica. Y están en lista de espera Argentina, Irán, Indonesia, Egipto, México, Siria, Turquía, Venezuela y otros doce. Y han comenzado a usar los yuan chinos o sus propias divisas en su comercio exterior. Es decir, han dejado los dólares en el pasado.

El profesor emérito Richard D. Wolf lo justificaba con estas palabras: “Cuando nosotros comerciamos con los europeos, ellos nos envían productos como maquinarias, tecnología, autos, vinos, artículos de lujo y de primera calidad. Bienes en los cuales han puesto trabajo. ¿Con qué le pagamos? Con papel desvalorizado, sin respaldo y que no cuesta nada producir. Con razón esos países están descartando los dólares, porque es una moneda que utilizamos, no para crear un comercio internacional estable, sino para sancionar, amenazar y amedrentar”. Es decir, que los petro-dólares le permitieron a EEUU convertirse en proxeneta del mundo entero. Y el mundo se cansó.

Los enormes gastos miilitares que provocaron la presencia de EEUU en guerras como las emprendidas contra Irak y Agfanistán, le están pasando la cuenta al país del norte.

En estos días, alarmados por la crisis, los políticos de EEUU se culpan mutuamente. Se cree que este 30 de junio, el país va a alcanzar el “Debt Ceiling”, el techo de la Deuda legal, que es el endeudamiento tope que el país determina. Si quieren alzar ese techo de la Deuda, tienen que ponerse de acuerdo, la Casa Blanca y el Congreso. Pero, aunque la pugna parece un tongo de luchadores de cachacascán, porque han subido ese techo infinitas veces, esta vez es más grave. Porque los republicanos quieren hacerle todo el daño que puedan a la administración Biden. Y sólo aceptan subir el techo de la Deuda, si Biden acepta cortar programas de seguridad social. Joe Biden no lo acepta, y esgrime la idea que, primero se sube el techo, en una ley individual. Y después, se negocia dónde cortar gastos.

Sólo tienen unos pocos días para ponerse de acuerdo, El Congreso entra en receso el 14 de mayo. Y los miembros del Ejecutivo se van a una conferencia internacional. Si llega el 30 de mayo, día en que se supone la Deuda Nacional va a sobrepasar el techo de la Deuda, el país entraría en debt default: EEUU en morosidad, sin dinero para pagar sus deudas, lo que según Janet Yellen, la treasure secretary, sería una catástrofe financiera mundial, y una crisis constitucional.

Y un último factor a tomar en cuenta, es que China está a un paso de convertirse en la primera potencia económica del mundo. Las cifras son indesmentibles. Aunque no es una medida exacta, por lo general, los expertos usan el Producto Doméstico Bruto (PDB), en inglés, el Gross Domestic Product, para medir el poder de cada país. Hace 50 años, EEUU tenía un PDB que era, en números redondos, quince veces mayor que el de China. Todo eso comenzó a cambiar hace tres décadas, cuando las naciones de Occidente movieron sus industrias hacia China, para sacar partido de la mano de obra barata y aumentar sus ganancias.

China aceptó la oferta, encantada de la vida. Y no sólo se convirtió el país en los talleres del mundo, sino que absorbieron inversiones y tecnología. Salieron buenos estudiantes y resultaron excelentes socios capitalistas.

La economía china creció a un promedio de 10% anual. A ese ritmo de crecimiento, es un axioma matemático, el poderío económico del país se duplica cada 7 años: se cuadruplica al cabo de 14; y en 21 años se ha multiplicado 16 veces. Resultado de ese crecimiento vertiginoso, es que ahora, en nuestros días, China es, en términos de poderío económico, según los diferentes indicadores que usemos, un 80% o un 120% de lo que es EEUU.

Veamos. Si medimos usando sólo el Producto Doméstico Bruto, PDB, que es medidor inexacto, en 1980 EEUU tenía un PDB de 6 trillones de dólares; y China, tan sólo 400 billones. Es decir, la economía de EEUU era quince veces más grande. En el año 2000 EEUU era cuatro veces más grande. El 2010, era el doble. Y hoy, año 2023, el PDB de ambos países nos dice que la economía de China equivale a un 87% de la norteamericana. Pero otro medidor, que usa el sistema llamado Gross Domestic Product–PPP, el mismo PDB pero relacionado ahora al poder adquisitivo, pone a China por encima. Según ese indicador, China superó a EEUU como la primera potencia en el 2023.

El crecimiento de un país viene siempre acompañado a un auge en lo militar, científico y diplomático. Y ese poderío de China tiene más que aterrorizado a EEUU, cuyo poder e influencia decrecen en el mundo. Hay histeria en círculos gobernantes y se ha resucitado el asunto de Taiwan. EEUU cree que tiene el derecho a tener casi 800 bases miltares en todo el mundo, pero China no puede cuidar sus mares. Se habla de malas intenciones de los chinos, en cada una de sus iniciativas, para sacar adelante proyectos en África, el Pacífico, Asia o América Latina. Y se mira con horror como Rusia y China han forjado lazos de todo tipo. Todos esos elementos, analizados en conjunto… ¿Estarían señalando el fin de la hegemonía de los EEUU en el mundo?… Todo parece indicar que sí.

LUCHO ABARCA

Estudió en la Universidad de Chile. Ha ejercido el periodismo en Chile y Australia, desde fines de 1974. En 1972 escribió el libro «Viaje por la Juventud” para Quimantú. Otro libro suyo, “Historias del Blady Woggie”, fue editado por LOM, en 1991. Tiene en prensa otro libro: “20 Cuentos de Fútbol y un Autogol Desesperado“.