Estamos notificados: jefe de Ciberseguridad de los Panamericanos no atenderá a medios rascas

Entre gallos y medianoche, la Corporación Santiago 2023 sumó al abogado Pablo Violler para un cargo muy importante en los tiempos que corren. A nadie le importó que sobre él pesara una acusación por acoso y hostigamiento laboral hecho en 2020 por una ex compañera de trabajo. El medio Interferencia quiso entrevistarlo, pero él respondió que “no hablaba con medios ni con periodistas rascas”.

Por LAUTARO GUERRERO / Foto: ARCHIVO

Pablo Violler, abogado cuyas ínfulas, por lo que se ve, nada tienen que envidiar a las de Sebastián Piñera, fue designado como jefe de Ciberseguridad de la Corporación Santiago 2023, para los Juegos Panamericanos de octubre, en nuestro país.

Y es que, cuando fue consultado por el medio Interferencia acerca de cómo había llegado a su nuevo cargo, y cuáles serían sus emolumentos y funciones, información por cierto de interés nacional, toda vez que se trata de recursos de todos los chilenos y no de los que podría aportar una empresa privada, Violler le respondió a Interferencia que “no hablo con medios ni periodistas rascas”.

El problema es que, ni la BBC, ni el New York Times, estaban interesados en lo más mínimo acerca de la nueva aventura laboral de este abogado tan anónimo como agrandado.

Como para él nosotros debemos ser igualmente rascas, no cometimos la audacia de llamarlo, a riesgo de que se nos eche en cara nuestra condición de medio rasca, aunque honrado.

Digamos, de partida, que este Pablo Violler se hizo más conocido por su amistad con el actual Presidente, Gabriel Boric, y el ministro de Desarrollo Social, Giorgio Jackson, que por otra cosa. Los tres jóvenes, y en apariencia coetáneos, años atrás seguramente forjaron una amistad si no sólida, al menos cercana.

Eso hasta que, en octubre de 2020, Violler fue acusado de “acoso de género y hostigamiento”, por una compañera suya, colega en la ONG Derechos Digitales.

La situación fue reconocida por la ONG, la que sin embargo aclaró en un comunicado que “Pablo Violler fue acusado y sancionado por una conducta de hostigamiento en el ámbito laboral, utilizando los canales institucionales con ese fin. El directorio de Derechos digitales determinó sancionarlo con una amonestación por escrito, con registro de la infracción en el Código de Conducta en la hoja de vida del trabajador, preservada en los registros institucionales. Ello implica que, ante cualquier futura solicitud de referencias a Derechos Digitales sobre la persona, deberá mencionarse el caso y la sanción”.

La ONG aclaró, de paso, que no pudieron ejercer otras acciones en contra de Violler, toda vez que éste ya había presentado su renuncia al cargo.

Se supone que la Corporación de los Juegos Panamericanos nunca pidió referencias acerca de Violler, porque se habría encontrado con esta sorpresa. ¿O las pidió, las obtuvo e hicieron caso omiso de esos antecedentes los encargados de sumar a esta verdadera joya a la Ciberseguridad del evento?

¿Operó, como en otras oportunidades, el amiguismo y el pituto? Después de todo, esa institución, tan tradicional como la empanada o los porotos con riendas, es más vieja que el hilo negro, y corre para todo el espectro político a la hora de pedir u ofrecer una peguita.

Confiemos en que nuestros notebook y celulares no sean hackeados por la CIA o el Mossad durante el desarrollo de los Juegos. Como medio proleta y rasca, sentiríamos mucho pudor de tener que acudir a Pablito Violler, para que nos saque de ese trance arriscando la nariz y disimulando las arcadas, mientras les hace reverencias a los ágiles de El Mercurio.