Estudiantes boxeadores: ¡qué manera de hacer el ridículo!

En pleno centro, y a la luz del día, cabros del Instituto Nacional y del Lastarria armaron un improvisado “Club de la Pelea” en el paso bajo nivel de Bandera. Pero a la chilena, claro, porque ninguno de los dos improvisados ”pugilistas” tenía la más mínima idea de lo que estaba haciendo. Vuelvan a los cuadernos y a los libros mejor, muchachos.

Por LAUTARO GUERRERO

A los perlas les dieron tres semanas de vacaciones, pero al parecer lo encontraron poco. El mismo lunes 25 de julio, día del retorno a clases, alumnos de varios liceos de esos que la prensa califica de “emblemáticos”, vestidos con overoles blancos, dieron la nota alta haciendo desórdenes y lanzando bombas “molotov”. Los numeritos pudieron verse en los frontis del Barros Borgoño, Internado Barros Arana y el Instituto Nacional, donde un pinganilla alumno fue tacleado por los pacos y detenido con las manos en la masa.

¿Cuáles eran las demandas? Falta de profesores y mala infraestructura, según pudo colegirse por parte de voceros oficiosos. Y aunque naturalmente protestar en esas circunstancias es enteramente legítimo, resulta que el ausentismo escolar sigue aumentando en los colegios municipales, provocando la natural alarma de un Ministerio de Educación que, lo sabemos, se ha comprometido a ir solucionando los problemas.

De partida, el Internado Nacional Barros Arana tiene nueva rectora, al parecer “aceptada” por los niños, y se han refaccionado diversas dependencias en estado calamitoso. Lo mismo pretende hacerse en otros liceos tradicionales, y que, seamos justos, no reciben desde hace tiempo ni siquiera una manito de gato.

Pero, reconozcámoslo también, los muchachines colaboran bien poco. Hace unas semanas, nada más, un grupo de tontitos del Instituto Nacional iniciaron un incendio al interior del histórico recinto. Y entonces, por más esfuerzos que hace uno por entenderlos, porque en su momento también fuimos “pingüinos, por ninguna parte nos cuadra que, queriendo recintos mejores, ustedes mismos los destruyan. ¿O acaso los estropicios que se advierten en los baños de la inmensa mayoría de los establecimientos los provocó el Chupacabras?

El último numerito que se mandaron los cabros ya da para tomarse la cabeza a dos manos: en vez de estar en clases, intentando torcer su destino de burros, no encontraron nada mejor que, en el paso bajo nivel de calle Bandera, armar un verdadero “Club de la Pelea”, pero a la chilena, claro. Es decir, tan patético como
rasca.

Citándose, según se dijo, por las redes sociales, iban a medir fuerzas gladiadores del Instituto Nacional y del Lastarria. Y, efectivamente, a la hora señalada, como en la vieja película del Oeste, estaban los “pugilistas” y sus respectivas barras. Para que no los miraran en menos los transeúntes que a esa hora circulaban por el centro de Santiago: los “boxeadores” tenían, cada uno, su buen par de guantes, acaso para que no sacara ventajas aquel que se corta las uñas cada dos o tres meses. Fue penoso, cabros, ¡qué quieren que les diga! A través de los videos que circularon profusamente por las redes, y que, obviamente, llegaron a los canales de TV, pude ver a un guatón con más charchas que George Foreman tras su retiro, y a un contrincante que, un poquitín más pudoroso, vestía polera para disimular los rollos.

Más allá de lo antiestético que se antojaba todo, los dos improvisados boxeadores parecían, más que protagonizar un combate de boxeo, una pelea de curados a la salida de un bar de mala muerte. Carentes de la más mínima noción acerca de lo que es el pugilismo, los “créditos” del Instituto Nacional y del Lastarria se aburrieron de matar moscas tirando gualetazos al aire, lo que, por cierto, no impedía que sus respectivas barras los alentaran como si se tratara de “Sugar” Ray Leonard enfrentando a “Mano de Piedra” Durán, o a un Ali peleando contra Joe Frazier.

No es que todo tiempo pasado haya sido mejor, muchachos, pero las escasas peleas que pude presenciar entre “valentinianos” (Liceo Valentín Letelier), en el improvisado corro que reemplazaba al ring en la calle El Manzano, eran de nivel olímpico o mundial en comparación a la gresca picante y ordinaria que ustedes armaron en ese paso bajo
nivel, que desemboca en la Alameda.

No sería nada, por último, que el paupérrimo espectáculo lo montaran después de horas de clase. En el tiempo que te dejan libre tus deberes, eres dueño de hacer cualquier cosa (lícitas, se entiende), incluso hasta el ridículo. Pero protagonizar esa mascarada ordinaria, que avergonzaría incluso al peor paquete que alguna vez haya pisado un ring, en horas de clase, es todo un desperdicio, pues.

Como en el fondo el boxeo me gusta, más bien dicho me encanta, tratando de ser un poco más comprensivo les diría que, de tanto en tanto, no está mal liberar tensiones y utilizar la adrenalina. Sobre todo cuando todavía no podemos salir del todo de una pandemia que mató a muchos y dejó con graves secuelas mentales a otros tantos. De otra manera, ¿cómo se explican ustedes que, gente correcta y aparentemente normal, se convierta en un energúmeno por un simple quítame estas pajas? Hasta finados hemos tenido tras situaciones que, en otro tiempo, se habrían arreglado conversando, gritando o hasta tirando un combo, pero que ahora se arreglan a lo que es balazo o
cuchilladas.

¡Qué quieren, pues muchachos! La situación vuestra, como estudiantes y hombres del mañana, no puede sino preocuparnos. El actual ausentismo escolar sigue en niveles alarmantes, a pesar de que la pandemia está mucho más restringida gracias a las vacunas, y nadie puede olvidar que la deserción escolar, en 2021, alcanzó a cerca de 40 mil estudiantes, de los cuales el 53% eran hombres y el 46% mujeres. En otras palabras, otros 40 mil chilenitos más que están destinados a ser simples gañanes, recibiendo –con suerte- el sueldo mínimo. O, lo que es peor, cuarenta mil nuevos delincuentes expertos en turbazos, portonazos, encerronas, salidas de banco y cogoteos varios.

Y ojo, que esos números sólo consideran el año pasado. ¿Cuántos otros muchachos abandonaron las aulas tras el estallido social y en plena pandemia desatada? Lo malo, pues, muchachos, es que sólo una buena educación te puede hacer progresar en la vida. Digo, honestamente, claro. La otra sería que te sacaras el Loto o el Kino, pero los “Maestro Cárdenas” sólo se dan de tanto en tanto. Vuelvan a clases, muchachos. No desperdicien sus vidas dándoselas de Bakunin o de Martín Vargas. Por último, lean al padre del anarquismo para que al menos sepan de qué están hablando. Y si quieren boxear, primero aprendan y no hagan gratuitamente el ridículo que ustedes hicieron a plena luz del día y sin sonrojarse siquiera.