Estuve ahí, la noche que debutó Caszely

El chico recién ingresado mostró desde el primer minuto que estuvo en cancha una personalidad que uno ya se la quisiera para todos los jugadores del fútbol chileno. 

Por EDUARDO BRUNA

Nunca pensé que esa noche, acompañando a mi viejo a ver un partido de esos hexagonales y pentagonales  que en la década de los 60 eran infaltables en el calendario futbolero del verano, iba a tener la suerte de ver debutar a prácticamente un niño que, con los años, se convertiría en uno de los mejores delanteros de toda la historia del fútbol chileno y, si me apuran un poco, en el máximo ídolo de todos los tiempos de Colo Colo: Carlos Humberto Caszely Garrido, apodado con los años el “Chino”, el “Rey del metro cuadrado”, y hasta el “Gerente”-por inventiva propia-, cuando defendió la camiseta del Español de Barcelona, tras un breve paso por el humilde Levante.

¿Enero o febrero de 1966? La verdad es que el mes no  lo recuerdo muy bien, y tampoco tiene mayor importancia. El año sí, de todas maneras, porque el chico que saltó a la cancha esa noche por primera vez con la alba y el indio en el pecho, todavía no cumplía los 16 años. Y era toda una audacia la del “Chuleta” Prieto, técnico del Cacique, porque su cuadro estaba enfrentando nada menos que a Peñarol en el Estadio Nacional. Un Peñarol plagado de estrellas y que, en esa época, era un equipo de categoría mundial, mucho, pero mucho más, por cierto, de lo que es ahora.

Carlos, en 1967.

¿Cuánto habrá restado para el final? ¿Quince, veinte minutos? Ni reloj tenía por aquellos años como hijo de obrero matricero de Mademsa. Y de haberlo tenido, lo más probable es que ni siquiera lo hubiera mirado. Colo Colo y los “manyas” empataban dos a dos cuando el entrenador albo le hizo una seña a uno de los jugadores que, tirados sobre el pasto aledaño al túnel norte del Nacional, presenciaban las acciones y, seguramente, esperaban ilusionados su momento. Nótese que ni banca en la pista atlética existía por aquellos años.

Recuerdo con claridad que, para mí al menos, el ingreso del muchacho me dejó absolutamente indiferente. Cuando por los parlantes anunciaron el cambio, no tenía ningún motivo para el entusiasmo. Y es que el nombre de Carlos Caszely no me decía nada. Creo que a la inmensa mayoría de los espectadores asistentes al Nacional esa noche, debe haberles pasado lo mismo. Excepto sus familiares, y los escasos conocedores a fondo de la interna alba, el “Chino” era un total y absoluto desconocido, al punto que muchos, como me pasó a mí, hasta deben haberse preguntado cómo diablos se escribía ese apellido tan extraño para el medio.

Lo que sí recuerdo con toda claridad, sin embargo, es que el chico recién ingresado mostró desde el primer minuto que estuvo en cancha una personalidad que uno ya se la quisiera para todos los jugadores del fútbol chileno. No sólo pedía la pelota, no sólo se desmarcaba para mostrarse como alternativa, sino que hasta les protestaba (y a lo mejor hasta insultaba) a sus mayores cuando no se la daban. En su desparpajo y deseos por mostrarse, hasta dominó un balón en mitad de cancha para girar de improviso y meterle un impecable túnel al ropero uruguayo que lo había ido a marcar.

Debutar profesionalmente, en Primera División, le costó un tiempo más. Andrés Prieto había dejado luego la banca popular y quien llegó a ocupar su lugar seguramente estimó que ese chico infantil estaba todavía muy tierno para desafíos mayores. Lo hizo recién al año siguiente, frente a Santiago Morning.

Alternando, saliendo y entrando, Caszely fue sin embargo, como todo crack, ganándose un lugar. Lo suyo era tan promisorio y esperanzador que, teniendo Colo Colo a dos “monstruos” en el área, como Elson Beiruth y Mario Rodríguez, campeón de América con Independiente de Avellaneda, el “Chino” se abrió paso definitivamente como puntero derecho.

Le sobraban condiciones. Hábil, vivo, con un dribling a ratos indescifrable y dueño de una velocidad notable, Caszely comenzó a hacer estragos por la banda derecha del ataque popular.

Que me perdonen esos “monstruos” que fueron, en su momento, Iván Zamorano y Marcelo Salas; pero llegado el momento de elegir a la “Roja” de todos los tiempos, me quedo con Carlos Caszely. Para mí, fue más completo. Porque, siendo más bien bajo, anotó incluso muchos goles de cabeza gracias a su olfato y viveza para anticipar defensores mucho más altos y corpulentos.

Por eso, este 5 de julio creo que bien vale la pena recordar ese momento especial en que el “Chino” Caszely, siendo un niño, comenzó a escribir su historia. Es, además, la fecha de su cumpleaños. ¡Felices 72, “Rey del metro cuadrado!