Premier League

Tome asiento: parte la Premier League, la mejor liga del mundo

Da lo mismo si es el Liverpool con el Chelsea, el clásico de Manchester o el Fulham con el Southampton. Siempre hay algo para ver en la Premier.

Por RICHARD OLATE

En 1996 tuve la suerte de realizar la cobertura de la Eurocopa que se disputó ese año en Inglaterra y más allá de lo que puede haber sido considerado un verdadero magister in situ en temas de fútbol y tácticas -además de recorrer varias ciudades donde se jugaba el torneo-, lo que más me impresionó fue que todo estaba dispuesto para que cada jornada fuera una fiesta, un encuentro de feligreses, una experiencia de amor a este deporte.

Las autoridades inglesas –gracias a duras medidas para los infractores y con conciencia de ello de todos los involucrados en la actividad deportiva- ya habían controlado eficientemente a los malditos “hooligans” que en décadas pasadas les acarrearon pésima imagen y ensuciado el entorno futbolístico, y habían reformulado unos años antes su competencia local hasta con nuevo nombre: Premier League. 

Un camino con visión a largo plazo que buscaba entre sus objetivos: revitalizar el fútbol inglés, que salvo chispazos aislados, llevaba varios años sin logros a nivel continental viendo como Italia y España –y hasta clubes de países pequeños- se ganaban la fama mundial de los aficionados; mejorar la calidad de la competencia con estadios modernos, lograr grandes negocios con las cadenas de televisión; y proponer una fuerte dosis de marketing gracias a la apertura al mercado internacional con contrataciones de figuras de todo el mundo. Sí, salieron de su burbuja y con una apuesta bien concebida. 

Sin embargo, además de estas bases estructurales (estadios, orden, reglas, imagen, marketing), los súbditos de Isabel II tenían un activo más, que era esencial para llegar al éxito: el hincha inglés. Ese que –a diferencia de lo que ocurre en países como Chile- es futbolizado de verdad. Porque conoce a los jugadores de su equipo y sus trayectorias, a los rivales, sabe la historia de su club, con lo bueno y lo malo. Vive toda la semana pensando en el próximo partido y sufre y celebra con el mismo amor. Ojo, amor, no pasión intolerante con el rival. Si pudieron ver los documentales del Sunderland (en Netflix) o del propio Leeds (en Amazon Prime y que hace semanas emitió en Chile la cadena ESPN), ese espíritu, ese amor que se expande como el aire a la misma interna de los clubes, ha logrado que la Premier League inspire y también transpire épica, pasión y espectáculo. 

En tierras británicas, el hincha que se precie de tal es seguidor primero del equipo del barrio, después del de la ciudad y, con suerte –si ninguna de las anteriores cumple las expectativas-, del que gana casi siempre o del plantel del millonario de turno. Si naciste en Peterborough serás del equipo de la ciudad, aunque quizás nunca llegue a la Premier y se conforme con un batacazo por década en la FA Cup. Si eres del barrio de Chelsea, seguro serás “blue” y no pensarás por nada cambiarte al Tottenham, el West Ham o al Charlton Athletic. Pertenencia, raíces, alma y espíritu congregados cada semana en la misa de rigor. Eso es el fútbol para los ingleses.

¿Y qué han conseguido con todo ello? Por estos días, y no es sólo mi opinión, tener la liga más entretenida del planeta, y eso sí para mí en lo personal, también la mejor. ¿Por qué? Por varias razones.

En primer lugar, el espectáculo montado es increíble. Las canchas sin rejas de contención siempre son perfectas (con lluvia, frío o lo que diga el tiempo en la isla); la transmisión televisiva es impecable y cuesta encontrar malos ángulos de cámaras; las vestimentas, las graderías, el merchandising, todo funciona. 

Segundo: cuentan con un grupo de los que son los mejores directores técnicos del planeta y que a estas alturas son verdaderos rockstars por sí mismos. Están Mourinho, Guardiola, Klopp, el propio Bielsa, el laureado Ancelotti, o los emergentes Lampard y Arteta. Ídolos que desde la banca han convertido su trabajo en una devoción de miles, aunque no toquen el balón ni se vistan de corto. Cada uno con sus propias propuestas y filosofías (incluso, de vida) que provocan también al resto de los entrenadores de la Premier a buscar fórmulas, a crecer, a buscar caminos para el triunfo. 

Y si no bastara con ese interés que provocan los encargados de los planteles, en la cancha hay una verdadera competencia. Más allá de que en las cuentas finales, casi siempre los “seis grandes” (Liverpool, Manchester United, Chelsea, Manchester City, Arsenal, Tottenham), gracias a sus billeteras, peso de la historia y planteles generosos sacan ventajas, siempre en la Premier hay espacio para la sorpresa, las cenicientas ocasionales (es cosa de recordar la odisea feliz del Leicester hace un par de temporadas)  y eso que hace del fútbol algo impredecible. 

No hay equipo chico que se deje intimidar y no le haga pasar un mal rato a los favoritos. Todos los partidos duran 90+5 de promedio y esos cinco casi siempre son de infarto. La frontalidad de los equipos de la Premier –sí, hay excepciones, pero por suerte las menos- que en los 80 era el pelotazo largo para el centrodelantero que cabeceaba hasta los ladrillos, hoy es ir por el arco rival con múltiples armas disponibles gracias a la calidad de sus jugadores. ¿Y qué queda de todo ello?: partidos entretenidos. Da lo mismo si es el Liverpool con el Chelsea, el clásico de Manchester o el Fulham con el Southampton. Siempre hay algo para ver en la Premier.    

Y si eso fuera poco, para los chilenos devotos, esta temporada en las lides de la Premier estará el histórico Leeds United, dirigido por Marcelo Bielsa, una razón más para sumar al libro de partidos reservados para el fin de semana. 

Es cierto. En la Premier no están Messi, Cristiano, Neymar, Mbappé, Lewandowski, ni el campeón y el subcampeón de la última Champions League. Pero a quién le importa cuando en España siempre la pelea es entre el Real Madrid y el Barcelona; en Italia la Juventus casi siempre gana fechas antes el Scudetto; en Alemania el Bayern puede partir mal –como en la temporada recién pasada- y al final igual gana todo; o el PSG tiene un monopolio que hace todo aburrido en la Ligue 1. 

En la Premier League todo puede suceder. Por eso que este sábado 12 comience la temporada 20-21 –destacando el choque a las 13:30 de Chile entre el campeón Liverpool de Klopp contra el recién ascendido Leeds United de Marcelo Bielsa- es más que una cita imperdible para cualquier amante del fútbol. Es comenzar otra vez a ser parte de alguna manera –lejana y quizás incomprensible para muchos- de esa religión futbolera de los británicos. 

Hace casi un cuarto de siglo recuerdo haber titulado que Inglaterra era “El mejor lugar para el fútbol”. Hoy, en 2020, y con todos los ingredientes ya mencionados en estos párrafos, el titular no ha pasado de moda y gracias a la tecnología y la masificación a nivel global, pareciera que los inventores del fútbol le hacen honor a su creación. Así que reserve su asiento. El espectáculo está por comenzar.