Everton-Colo Colo no juegan en el Sausalito

Eso si somos serios y no intervienen, como siempre, los poderes fácticos que defienden con uñas y dientes al mediocre y corrupto fútbol nacional. El recinto viñamarino no cuenta con las obras de seguridad exigidas desde hace dos años por las autoridades, porque en todo este tiempo los regentes evertonianos no han querido invertir un peso. Ofrecieron una solución muy a la chilena, es decir, con frescura incluida: “Juguemos sin público visitante”.

Instado Everton por el municipio viñamarino y la Gobernación Provincial a realizar en el estadio Sausalito aquellas obras que fueran en beneficio de la seguridad del recinto, y por ende de los espectadores, los regentes de la Sociedad Anónima Deportiva de la institución viñamarina solicitaron, a dos semanas del trascendental partido frente a Colo Colo, válido por la decimotercera fecha del Torneo de Transición, jugar sin público visitante.

¿Razón? A pesar de que las obras de mejoramiento del estadio fueron solicitadas hace dos años, de acuerdo a lo expresado por el gobernador provincial, Jorge Dib, el club “ruletero” nada ha hecho en todo este tiempo, tal vez en el convencimiento de que la alcaldesa de Viña del Mar, Virginia Reginato, en un nuevo acto de generosidad, iría en su ayuda comprometiendo dineros municipales.

Pero he aquí que hasta la popular “Tía Coty” parece haberse aburrido de la frescura sin límite de la gente que hoy maneja a su antojo el fútbol nacional, porque este martes 14 de noviembre terció en la disputa que tiene enfrentado a Everton con el gobierno provincial señalando, sin dejar lugar a dudas, que “el responsable de llevar a cabo los trabajos que se deben realizar es el club, no el municipio. Las reparaciones al estadio debe realizarlas Everton, pero como no se pueden hacer arreglos antes del día 20, es obvio que las obras no estarán listos para la fecha del partido”.

Todo un golpe al mentón para los regentes de la entidad viñamarina, hoy propiedad de los mismos dueños del Club Pachuca mexicano. Con el recuerdo aún fresco de cómo la Sociedad Anónima Deportiva Everton timó al municipio viñamarino, haciéndole aportar millones de pesos para supuestamente ayudar al financiamiento de las series menores del club, la alcaldesa Reginato parece haber aprendido de su ingenuidad y de sus errores: no parecía lógico que dineros municipales, es decir de todos los habitantes de Viña del Mar, fueran a engordar, una vez más, un negocio de privados en circunstancias que, más allá de la propaganda y los “spot”, que le muestran al turista una ciudad hermosa y pujante, esta mantiene en los cerros grandes bolsones de sectores con carencias y miseria ocultas tras una fachada próspera.

Entregado para la Copa América de 2015, en el país, el Sausalito reconstruido era todo un lujo para el fútbol y para la región. El tradicional recinto le significó al gobierno una inversión superior a los 15 mil millones de pesos (más de 22 millones de dólares de la época). Sin embargo, luego tuvieron que considerarse obras complementarias imprescindibles, cuando se vio que, con las hinchadas simiescas que tenemos, la seguridad no era suficiente.

Cuestión que quedó en evidencia luego que, previo a un partido entre Everton y Wanderers, el tradicional y mal llamado “clásico porteño” (¿cuándo ha sido puerto Viña?), los fanáticos de uno y otro club invadieron la cancha para agarrarse a cadenazos y cuchillazos como si el mundo se fuera a acabar.

Tal parece que la regencia de Everton, que ya contaba con un estadio de lujo sin haber puesto un solo peso, pensó que papá Fisco les iba a resolver también este problema. Pero no.

“Si el recinto es municipal, tendrá que ponerse la municipalidad”, deben haber pensado luego. La «Tía Coty”, sin embargo, que ya las había pasado muy mal con la crítica de la prensa por ayudar a financiar el “Fútbol Joven” de Everton, tampoco rompió el chanchito.

Y con razón: seguir financiándole el negocio a la SAD significaba una calle más sin pavimentar, una plaza menos o menos recursos para proteger el borde costero de las brutales marejadas que, entre otras cosas, nos trajo el cambio climático. O tal vez dejar de traer al Festival de Viña un cantante famoso y de nivel para reemplazarlo con un rapero rasca de esos que han abundado en las últimas versiones de tan magno evento.

Dicho claramente, la regencia de Everton por nada del mundo quería invertir.

Recién hace siete meses, y al ver que nadie les tiraba un salvavidas, se tomaron en serio el asunto. Pero sólo en lo formal: a sabiendas de que venía este partido en todo este tiempo no han concretado nada. El Sausalito no cuenta con una sola entrada adicional a las que fueron entregadas y ni una miserable reja nueva para impedir que los patos malos invadan el terreno de juego.

En lugar de reconocer su inexcusable desidia, los regentes viñamarinos se hicieron los ofendidos luego que el gobernador Dib les golpeara la mesa y les señalara que, tal como el estadio Sausalito está, no se encuentra apto para un partido que, como el del domingo 26, a las 12.00 horas, se presume “de alta convocatoria”.

Y es que, tras Colo Colo, la “U” y Unión Española, que lideran la tabla a falta de tres fechas, se encuentra Everton, apenas a un punto de distancia.

¿O les habrá molestado que Dib los calificara de “payasos”? No sería lógico. El de payaso es un oficio muy digno, e incluso hay uno que aspira a ser Presidente de la República.

“Juguemos sin público colocolino entonces”, sugirieron los regentes evertonianos, convencidos de que habían inventado la rueda.

En otras palabras, a falta de la seguridad exigida y no cumplida, que al Sausalito no lleguen los malos. ¿No es lo más parecido a la venta del sofá de Don Otto?

Dejen de profitar de un Estado que ya suficientemente dadivoso ha sido con ustedes, dirigentes del fútbol. Un Estado que, teniendo agudas carencias en educación, salud y cárceles, en un lapso de apenas diez años ha invertido más de 200 millones de dólares en construirles estadios a través de todo el territorio nacional.

Pongan ustedes algo de su parte. Hagan gestión. No esperen sentados que les llegue mes a mes el cheque del Canal del Fútbol. Financien vuestra propia seguridad al interior de los recintos que graciosamente les regalaron, de modo que Carabineros se ocupe sólo de combatir en las calles cogoteos, asaltos y portonazos. Están para eso, no para protegerles el negocio a ustedes.

El señor Pedro Cedillo, presidente de la SAD, y el señor Antonio Bloise, “presidente honorario” de un club manejado por capitales foráneos, no pueden decir tan sueltos de cuerpo que “Everton es un club serio” para deslindar responsabilidades e intentar ocultar que en todo este tiempo no han hecho nada.

Menos pueden argumentar que “el Sausalito es un estadio Categoría A” para señalar que, así como está, se encuentra perfecto. La calificación de “A”, por si no lo entienden, era la adecuada para un evento distinto y un público diferente, pero no lo es para trascendentales encuentros de un torneo nacional que implica la asistencia de verdaderas hordas dispuestas a arrasar con todo “por amor a sus colores”.

En pocas palabras, dejen de ser tan frescos y caraduras.