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[Exclusivo] Fútbol: la extraña amnesia del SII

Fundamental para la implantación en el país del sistema de Sociedades Anónimas Deportivas, al inventarles a los clubes una deuda tributaria que no existía, el Servicio de Impuestos Internos, tan implacable con los ciudadanos de a pie de este país, ha sido sospechosamente desidioso, inepto y hasta generoso cuando se ha tratado de nuestro poco transparente y corrupto fútbol. No se le ocurra acudir a la Ley 20.285, de acceso a la información pública, porque de seguro le contestarán que sus preguntas son “inadmisibles”.

¿Es posible que el Servicio de Impuestos Internos no conozca el monto de la supuesta deuda tributaria que mantenían con ese servicio Colo Colo y Universidad de Chile al momento que a ambos clubes se les decretó una fraudulenta e ilegal quiebra, en la que al SII le cupo un papel fundamental?

Parece extraño. Más aún, se antoja insólito e increíble, puesto que el SII, en el mismo momento que a los poderes fácticos de este país se les ocurrió adueñarse del fútbol chileno, para lo cual era imprescindible antes apoderarse de los dos clubes más populares, decidió desconocer el DFL N° 1, que databa del año 1970, que liberaba a los futbolistas de pagar impuestos de aquellos dineros que percibieran por concepto de primas y premios, debiendo sí pagar en cambio de aquellos dineros correspondientes a sueldos.

Dicho con toda claridad: el Servicio de Impuestos Internos cumplió un papel clave y fundamental en la transformación del fútbol chileno desde un sistema de Corporaciones de Derecho Privado sin fines de lucro a uno de Sociedades Anónimas Deportivas que no sólo ha sido todo un fiasco, sino que ha destacado por su absoluta falta de transparencia, por la corrupción desatada y, lo que es más paradojal, le ha significado al Fisco nacional millones de pesos en pérdidas como producto de descaradas evasiones y elusiones de impuestos.

Este servicio, otrora implacable con los clubes, desde la implantación del nefasto sistema ha exhibido una ineptitud asombrosa o una alcahuetería que produce vergüenza. Si antes lo sabía todo, hoy parece ignorar olímpicamente lo que ha venido sucediendo delante de sus narices en los últimos diez años.

No. No es una impresión nuestra. No se trata de una afirmación antojadiza. Apelando a la Ley 20.285, de acceso de la información pública, mejor conocida como “Ley de Transparencia”, en dos oportunidades le hicimos al SII consultas bien específicas sobre su accionar respecto de nuestro poco transparente, tramposo y corrupto fútbol.

En ambas, sin embargo, el Servicio de Impuestos Internos declaró “inadmisibles” nuestras consultas.

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Segunda Respuesta (Word)

LOS ORÍGENES

En los últimos meses del gobierno de Eduardo Frei Montalva, se estimó que el liberar a los jugadores de fútbol del pago de tributos por los dineros que percibieran por concepto de primas y premios compensaría, en cierta medida, lo breve de sus carreras respecto de otras profesiones u oficios. Dictado el DFL N° 1, los futbolistas sólo tributaban por sus sueldos.

Actuando en consecuencia, y amparados por la ley, los clubes durante más de cuatro décadas sólo retenían, declaraban y pagaban dicho impuesto.

Sin embargo, dicha realidad cambiaría drásticamente luego que, durante la presidencia del socialista Ricardo Lagos, el gobierno decidiera impulsar con toda su fuerza la implantación de un sistema que en su momento se nos ofreció como la panacea para dejar atrás todos los males de un fútbol que, ciertamente, no estaba libre de pellejerías.

Al igual que el Sistema de Concesiones para la construcción de caminos y autopistas, como el CAE (Crédito con Aval del Estado) para aquellos alumnos sin recursos para seguir una carrera universitaria, la “genial” idea privatizadora de Lagos también respecto del fútbol contó -no podía ser de otra manera- con el entusiasmo y el apoyo absoluto de los poderosos de este país, que veían en el fútbol quizás si la única actividad que, moviendo dinero, no había caído aún en sus voraces y codiciosas fauces.

Si ya eran dueños del agua, de la luz, del gas, de la educación y de la salud, ¿por qué no echarle también el guante a esa actividad tan prometedora, sobre todo considerando lo que podía significar si a la “industria” entraba con fuerza la televisación de los partidos?

Para ello era imprescindible antes “poner las cosas en orden”. Quebrar la resistencia de los dos clubes más populares que, defendiendo “derechos de imagen” mundialmente respetados y reconocidos, se opusieron siempre a entregarlos graciosamente cuando se tocó el tema de llevar el campeonato local a la pantalla chica.

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La U, dirigida por el doctor René Orozco, y Colo Colo, presidido por Peter Dragicevic, eran la piedra en el zapato, el último obstáculo para llevar a cabo ese despojo. A ambos había que hacerlos desaparecer de la escena. ¿Cómo? Recurriendo a decretar la quiebra de ambas instituciones, no importando para ello que estas fueran absolutamente artificiales, fraudulentas y hasta contrarias a la ley.

La maquinaria ya estaba en marcha y demostró ser imparable.

EL PAPEL PREPONDERANTE DEL SII

Primero se decretó la quiebra alba, por una deuda insignificante para los históricos avatares que ha vivido el “Cacique”. Y esta no se levantó a pesar de que Dragicevic pagó rápidamente la acreencia. La jueza Helga Marchant, que se había comprometido a dejar sin efecto la quiebra en el caso de que Colo Colo pagara, sufrió una fulminante amnesia.

Luego vino la de la U, apelando a similares argumentos.

Como era lógico, ambos clubes se prepararon para pelear. Suponían que la ley estaría de su parte, toda vez que, como Corporaciones de Derecho Privado sin fines de lucro podían desaparecer en el caso de ser insolventes, pero en ningún caso quebrar.

Sólo que, cuando tanto Colo Colo como la U intentaron ir a tribunales para luchar contra ese flagrante despojo que se venía, el Servicio de Impuestos Internos les dio a ambos y al resto de los clubes el golpe de gracia definitivo: después de décadas de aplicación del DFL N° 1, decidió desconocerlo. El resultado fue que, de la noche a la mañana, todos los clubes nacionales se hicieron de una gigantesca deuda tributaria, por el grave pecado de no haberles retenido a sus jugadores tributos que la propia ley los liberaba de pagar.

El último acto del sainete reveló por completo su trama, cuando la solución propuesta por el SII no dejó ninguna duda de que la bien aceitada máquina gubernamental, aliada con los poderes fácticos y los poderosos de este país, habían decidido instalar en el fútbol el sistema de Sociedades Anónimas Deportivas: aquellos que se sumaran sin chistar al nuevo sistema, podrían pagar la cuantiosa deuda en cómodas cuotas, ya fuera mediante el 2% de los ingresos o el 8% de las ganancias. Los que optaran por continuar siendo Corporaciones de Derecho Privado sin fines de lucro, en cambio, debían pagar de inmediato.

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El Presidente de la época, el socialista Ricardo Lagos, bajo cuyo gobierno se implantó a sangre y fuego un sistema que ha resultado todo un fiasco, una oda a la corrupción, a la falta de transparencia y a la sinvergüenzura, debe haber sonreído complacido. La misma reacción deben haber tenido Arturo Salah, Director de Deportes de la época, cuando el servicio aún no era transformado en el tan rimbombante como inútil Ministerio del Deporte que es hoy, y Heraldo Muñoz, entonces ministro Secretario General de gobierno y hoy canciller del gobierno de Michelle Bachelet.

Ambos se pusieron desde el comienzo, y sin ambages, la camiseta de impulsores del nuevo sistema, presentado poco menos como la plataforma para el despegue definitivo del fútbol chileno tanto en el plano económico como deportivo.

DE SERVICIO SABELOTODO A SERVICIO IGNORANTE

De aquel episodio sólo han pasado diez años y, sin embargo, el Servicio de Impuestos Internos hoy no sabe nada, no recuerda nada.

Porque ocurre que, como en la última década el fútbol chileno se ha caracterizado por recurrir a cuanta tropelía se pueda inventar para maximizar las ganancias y disminuir al máximo la inversión y los gastos, entre ellos la descarada evasión y elusión de impuestos, quisimos saber de primera mano el pensamiento del implacable SII acerca de esta anómala situación.

Para ello apelamos a la Ley 20.285, de Acceso a la Información Pública, o también publicitada como “Ley de Transparencia”. En otras palabras, en junio de este año le consultamos al SII acerca de materias que –entendíamos- eran claramente de su ámbito.

La consulta que en ese momento le hicimos al SII textualmente decía:

“Se sabe que, en los últimos dos años, el fútbol chileno recibió aproximadamente 41 millones de dólares, dineros recibidos de parte de la Confederación Sudamericana, venta de derechos de televisión de los partidos de la Selección Chilena en su camino al Mundial de Rusia 2018 y pago de “sponsors” (Nike) a la propia Selección. Sin embargo, dichos dineros no siguieron el conducto regular, esto es, haber ingresado a través de la Federación Chilena de Fútbol, el organismo máximo del deporte. Saltándose todas las disposiciones reglamentarias y estatutarias, la plata ingresó directamente a la ANFP, para ser repartida como un botín entre los 32 clubes que conforman el organismo.

En otras palabras, quedó al parecer fuera la ANFA (Asociación Nacional de Fútbol Aficionado), que integra la Federación junto con la ANFP. Al parecer, en la ‘auditoría forense’ realizada al fútbol por la empresa Deloitte, y cuyos resultados fueron dados a conocer el miércoles 25 de mayo, existe una grosera omisión. Se supone que cualquier auditoría lo primero que debe determinar es el origen de los dineros que serán objeto de su estudio, para luego recién ver si las cuentas cuadran. Que se sepa, nunca se aludió a la Federación como la verdadera dueña de esos dineros, cuestión que habla de una supina ignorancia o una burda y voluntaria omisión.

ANFP

Mis preguntas son: 1.- ¿Está enterado el Servicio de Impuestos Internos de esta situación? 2.- De ser así, ¿sabe el SII que fue precisamente uno de sus funcionarios quien tiempo atrás concurrió a un Consejo de Presidentes de la ANFP no a informar acerca de cómo pagar los impuestos, sino a todo lo contrario, es decir, como evadirlos? 3.- Este funcionario señaló, en su oportunidad, que la mejor forma para que el fútbol evadiera pagar los impuestos que le correspondían de esos era derivarlos hacia el denominado Fútbol Joven (divisiones menores) de cada Sociedad Anónima. ¿Qué dice de eso el SII? 4.- ¿Piensa el SII intervenir para dilucidar si hubo o no una evasión o una elusión de impuestos de parte de los clubes mediante esa martingala?”.

El 30 de junio, el Servicio de Impuestos Internos nos respondió en forma textual, mediante la Res.Ex.N°: LT Not 0010560, “que, como es posible advertir, el requerimiento presentado no se refiere específicamente a la exposición de un decreto, documento o antecedentes en poder del Servicio de Impuestos Internos en los términos establecidos por los artículos 5° y 10° de la Ley 20.285, procede a declarar la inadmisibilidad del presente requerimiento, en conformidad con lo señalado en los considerandos anteriores”.

Firmaba el documento el señor Bernardo Lara, Subdirector Jurídico del Servicio.

Pensamos, entonces, que tal vez la consulta no fue correctamente planteada. Que, efectivamente, hay cosas que el SII perfectamente puede alegar no saber, como por ejemplo la concurrencia a la ANFP de un funcionario de ese servicio cuyo nombre, convenientemente, nunca apareció en las actas del organismo.

RESPUESTA CON CALCO

Tiempo después, insistimos. Esta vez con consultas específicas. A aquella de cuánta era la deuda tributaria de Colo Colo y Universidad de Chile con el SII al momento que se les declara la quiebra, agregamos otras.

Ellas fueron:

¿Cuál era la deuda del total de los clubes chilenos con ese servicio?

¿Es efectivo que la deuda se originó porque ambos clubes, cuando eran Corporaciones de Derecho Privado sin fines de lucro, no retuvieron a sus jugadores los impuestos correspondientes a las primas y premios que éstos percibían?

¿Cuál fue la solución para que ambas entidades la fueran pagando? ¿Es efectivo que con el 2% de las ganancias que tuvieran ambas Sociedades Anónimas Deportivas?

Desde entonces y hasta ahora, ¿qué proporción es la que ambas SAD han pagado al SII?

¿En qué porcentaje han disminuido su deuda?

Por último:

¿Cuánto han cancelado ambas SAD en impuestos al Fisco por concepto de venta de jugadores a clubes extranjeros?

La nueva respuesta del SII, Res.Ex.Nro: LTNot 0010946, en términos antiguos fue hecha “con papel calco”. En términos modernos, fue “copiar y pegar”. Porque apelando a los mismos dichosos artículos 5 y 10 de la Ley 20.285, el SII volvió a declarar la inadmisibilidad de nuestras consultas.

En otras palabras, el SII no sólo no sabe el monto de la deuda que les giró a Colo Colo y la U para endeudarlos hasta el cuello, sino que además ignora por qué concepto se originó dicha deuda, desconoce las exigencias que hizo el servicio a ambos clubes para su pago y no tiene idea cuánto es lo que ambas Sociedades Anónimas han pagado hasta ahora de dicha deuda y mucho menos sabe en qué porcentaje esa deuda ha ido disminuyendo.

Puesto que el SII apela a esos mismos dichosos artículos, debemos entender, entonces, que en su poder no existen documentos o antecedentes que permitan dar respuesta a estas interrogantes.

¿Curioso? Más que curioso. Increíble parece ser el término más adecuado.

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EL INEFABLE BERNARDO LARA

Más exótico resulta todo esto cuando, investigando la historia de las quiebras de ambos clubes nacionales, aparece el señor Bernardo Lara, hoy Subdirector Jurídico del SII, como el “ideólogo” de la inventada deuda a albos y azules para terminar de hundirlos y no dejarles ninguna escapatoria.

Un funcionario que es todo un comodín, de acuerdo a sus antecedentes. El 28 de abril de este año, en CiperChile, el periodista Daniel Matamala nos entrega una interesante columna de opinión acerca de este personaje de marras. Bajo el título de “Su nombre es Lara”, en obvia alusión a la recordada teleserie de los años 80, dice la columna en lo sustancial:

“El martes 12 de abril, al fin, después de 1 año y 10 días de cavilaciones, el Servicio de Impuestos Internos (SII) presentó 27 querellas contra emisores de boletas falsas a Soquimich (SQM). Hay varios cercanos a políticos de la Nueva Mayoría, como el hijo del diputado Roberto León (DC), y la ex jefa de prensa del senador Fulvio Rossi (PS). Pero los escritos no nombran a León y a Rossi. Tampoco al ex presidente de la DC, Jorge Pizarro, ni a sus hijos. Todas las querellas son explícitamente «nominativas», excluyendo la tradicional frase «contra todos quienes resulten responsables».
“Hombre clave en esas querellas es el subdirector jurídico del SII, Bernardo Lara. El abogado llegó al puesto en agosto de 2015, de la mano del director Fernando Barraza, instalado por La Moneda en el SII tras los traumáticos despidos del subdirector Cristian Vargas y el director Michel Jorratt.

“La dupla Barraza–Lara dio muestras de obediencia, frenando las denuncias, lo que ya ha tenido efectos prácticos: por ejemplo, la absolución del ex senador Carlos Ominami. La demora del SII en querellarse permitió que sus delitos prescribieran, y consagró (al menos en primera instancia) la impunidad en su caso.
“Y no han sido nada de sutiles. Barraza y Lara han llegado al extremo de advertir en sus querellas (como la presentada el 22 de septiembre de 2015 contra Giorgio Martelli y otros) que «la presente acción penal por delitos tributarios se dirige única y exclusivamente en contra de las personas singularizadas de manera expresa y nominativa en ella».

“O no hay nada, o hay querellas solamente nominativas. Este cambio decisivo, que podría dejar fuera del alcance de la Fiscalía a políticos involucrados, es defendido con pasión por Bernardo Lara.

“En entrevista con La Tercera, Lara dijo que «creemos que no puede el Estado estar dirigiendo acciones indiscriminadas. El derecho penal, el derecho procesal, los tribunales surgen como alternativa al Estado tremendo, avasallador, atrabiliario. ¿Y el Estado va a estar dirigiendo una acción abierta, como son las denuncias, contra cualquiera que resulte responsable? No. Se eliminaron. Ahora solamente querellas nominativas».

“En las antípodas de ese encendido discurso de Lara, hace 18 años un subdirector jurídico de Impuestos Internos dio la pelea opuesta. El SII presentó una querella «contra todos quienes resulten responsables» en un caso de evasión tributaria en Licantén. Y cuando la Corte de Apelaciones absolvió a los acusados por no haber querella nominativa, ese subdirector llevó el caso a la Suprema. Y lo ganó.

“¿Cuál es el nombre de ese persistente funcionario?

“Su nombre es Lara.

“Bernardo Lara trabajó 30 años en el Servicio de Impuestos Internos, donde ascendió hasta llegar a Subdirector jurídico, cargo que ejerció entre 1994 y 2006. Y en ese cargo, aplicó la misma fórmula que ahora califica como propia de un «Estado tremendo, avasallador, atrabiliario».

“El caso (Rol 18.253 del Juzgado de Letras de Licantén) partió con una querella del 3 de agosto de 1993 y con una condena de primera instancia a seis implicados. Pero, como la querella original no los nombraba, la Corte de Apelaciones de Talca absolvió a cuatro de los acusados: Manuel Sepúlveda Vásquez, Manuel Sepúlveda Gutiérrez, José Morán Valenzuela y Justo Bustos González.

“Es ese fallo el que Lara logró revocar en la Suprema. «No es necesario», dictaminaron los jueces, «indicar con precisión el nombre del inculpado, basta dirigir la acción contra los que resulten responsables».

“Así es. «Una vez comenzado el proceso», dice el relevante fallo del tribunal, «el juez tiene todas las facultades para investigar, procesar, acusar y condenar a los que aparezcan como responsables del delito, igual como si se tratara de un ilícito de acción penal pública».

“Los delitos ahora los investigan los fiscales, no los jueces, pero todo lo demás sigue igual. Las acciones «contra todos quienes resulten responsables» permiten a los fiscales investigar. El anterior subdirector Cristian Vargas las presentó así en todos los casos. También en los que involucraban políticos.

“Hasta que Lara decidió destruir su propio legado.

“El Lara de 2016 confía en que, gracias a las querellas nominativas, «en algún momento vamos a ver la luz al final del túnel, porque cuando tengamos todo esto visto, vamos a decir: “llegamos hasta aquí. No hay más, por lo tanto, se terminó para nosotros este caso…”».

“La luz al final del túnel. La luz de la impunidad. El túnel de la justicia. Obediente a las órdenes, Bernardo Lara borra con el codo lo que él mismo escribió, de su propio puño y letra, hace 18 años”.

Hasta ahí la columna de Matamala, que muestra que el SII no es tan “independiente” como parece y el señor Bernardo Lara funcionario fiel a la posición política o ideológica de sus jefes.

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UNA VARA DISTINTA

Situación que, por lo demás, ya ha quedado en evidencia con otros casos que sacudieron al país y a nuestra desprestigiada clase política hasta sus cimientos.

Porque mientras el SII fue extremadamente activo y diligente para iniciar querellas cuando explotó el escandaloso Caso Penta, careció de las mismas virtudes y similar entusiasmo cuando saltó a la palestra el Caso Soquimich. ¿Habrá sido porque en el primero aparecían personajes de la oposición y en el segundo hacían nata los críticos del dictador que, en forma por lo demás indigna, repudiable y vergonzosa, aparecían pasándole el platillo a su yerno, Ponce Lerou?

El hecho es que el SII se nos aparece a cada rato cuando el tema es el fútbol.

Vital y clave para transformar a nuestro fútbol en la «Cueva de Alí Babá», ha mostrado en cambio una desidia y una ineptitud sorprendentes cuando le ha correspondido actuar frente al criticable sistema actual.

De partida, los regentes de los clubes le han venido metiendo el dedo en la boca durante años, pagando menos impuestos de los que debieran mediante el simple y burdo expediente de destinar supuestamente los ingentes recursos que les entrega mes a mes el Canal del Fútbol al fomento de las series menores, o Fútbol Joven como a ellos les gusta denominarlas, en circunstancias que las divisiones cadetes nunca habían estado más abandonadas que con estos iluminados, incapaces de producir jugadores de un nivel siquiera similar al que exhiben los de nuestra Roja actual.

Lo propio ha sucedido con los millones de dólares que los clubes han recibido en los últimos años como producto de contratos televisivos por los partidos clasificatorios para los Mundiales y por “sponsors” poderosos que, como Nike, le han cancelado al fútbol ingentes cantidades por vestir a la Roja. Van a sostener al primer equipo y el resto, seguramente la mayor parte, a parar a los ávidos bolsillos de los accionistas, que de eso trata precisamente el negocio. Pero el SII se queda muy tranquilo cuando le cuentan que estos ingresos también van al Fútbol Joven.
El Servicio de Impuestos Internos, tan implacable con los ciudadanos de a pie de este país, trata al fútbol con guante de seda.

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ESCANDALOSA CONDONACIÓN

A los millones de pesos que ha dejado de cobrar por no hacer el trabajo que le corresponde, el SII suma incluso una escandalosa, incomprensible e injustificada condonación a la ANFP.

En efecto, pocos meses atrás, un duro round entre Deloitte y el bufete de tributaristas AJC, gatillado por la auditoría forense a la ANFP, dejó expuestas las huellas de la millonaria condonación y reliquidación con que el Servicio de Impuestos Internos benefició al fútbol. La Asociación adeudaba $43 mil millones en impuestos, intereses y multas, pero las negociaciones de AJC con el SII lograron que la ANFP pagara apenas el 5% del monto original: $2.455 millones.

Eso le permitió a Sergio Jadue contar con fondos para repartir $23 mil millones entre los mismos dirigentes que hoy –con una caradura sorprendente- pretenden lavarse las manos y sindicarlo como el único responsable del mayor robo que ha sufrido el fútbol nacional en más de cien años de historia.

Visto lo expuesto, no vale la pena preguntarle al SII el porqué de esta incomprensible generosidad, que ya se ha tenido en muchos otros casos cuando quienes deben pagar impuestos son los poderosos. ¿O acaso ya pasó al olvido el Caso Johnson´s?

Seguramente le contestarían que no hay antecedentes. Que el SII carece de la información necesaria.

Declararían la “inadmisibilidad” de su consulta. Tal parece que los dichosos artículos 5 y 10 de la Ley de Transparencia sirven tanto para un barrido como para un fregado cuando a los mandamases del Servicio de Impuestos Internos les conviene sufrir de amnesia o hacerse olímpicamente los giles.

Ojo, Servicio de Impuestos Internos, que ahora que los clubes están vueltos locos por vender el Canal del Fútbol, hipotecando para siempre el futuro del fútbol chileno, “Moya” está listo para que una vez más le metan impunemente el dedo en la boca.