Adolescentes trans: ¿ser o no ser? Familias cuestionan políticas de salud pública en Chile

Bajo el alero de la agrupación Kairós, recientemente creada por familias de niñas, niños y adolescentes que se definen como trans, este grupo se fue encontrando, primero, en las redes sociales al buscar información sobre un fenómeno que de pronto apareció en sus hogares…

POR EL ÁGORA / Foto (referencial: ARCHIVO

La expresión común es “nunca antes dio alguna señal”. Pero lo más llamativo es que se repiten, una y otra vez, muchas frases y estilos entre los adolescentes, “como si fuera una especie de tribu urbana”, dice una de las fundadoras de Kairós.

Si bien los une el querer saber cuál es la mejor manera para apoyar a estos chicos y chicas, comparten también ciertas aprehensiones por el rápido proceso de transición de género que se les ofrece en Chile: el modelo afirmativo, como única alternativa.

Creen que esta aproximación para buscar alivio al genuino sufrimiento de niñas, niños y adolescentes, no indaga de forma integral en otras posibles causas de ese malestar psíquico, como experiencias complejas previas o condiciones que pudieran estar a la base.

El problema de esto, explican, es que niños, niñas y adolescentes que están en pleno desarrollo de su personalidad, de su psiquis y de su cuerpo, serían intervenidos rápidamente con bloqueadores de pubertad, tratamientos de hormonas cruzadas e incluso con posibilidades de mutilación genital, en un momento del ciclo vital en el que justamente la búsqueda constante, los cambios de imagen y la identificación con grupos de pares, son la forma de explorar el mundo.

“Las familias nos sentimos intimidadas por el sistema escolar y el sistema de salud, que presiona para que el único camino sea la llamada terapia “afirmativa”, dice Paulina y cuenta que si la rechazas, te acusan de transfóbica.

“Y nada que ver, sólo quisiera que hubieran más caminos para mi hija, porque estoy segura que mucha de la violencia que sufrimos junto a su padre, está detrás de su aislamiento y que hoy ella está como resolviéndolo con el tema trans, apareciendo al mundo con una figura masculina, que supuestamente es más fuerte”.

Paulina es madre de una chica de 12 de años que hoy se declara trans. Entrega su testimonio como el de muchas otras mamás y papás confundidos con la llamada “ola trans” que, aseguran, parece más bien un tsunami. “En el curso de mi hija, son 22 estudiantes, y 8 ahora son trans”, cuenta Alejandra, también con su hija autodiagnosticada como trans a los 15 años, sin antes haber dado señales de lo que clínicamente se llama “disforia de género”.

Para estas familias, la bandera celeste y rosado esconde otros temas de base que ni siquiera se pueden indagar libremente porque la acusación de impedir la identidad trans de los chicos es inmediata, coinciden todos.

Pero, ¿quiénes los pueden perseguir?

Paulina: “En los colegios, en el hospital… Los mismos profesores muchas veces pueden llamar a las ONGs que impulsan a que los adolescentes rápidamente tengan autonomía para iniciar cambios, que muchas veces son irreversibles».

«Hay circulares del Gobierno que además dan indicaciones en tal sentido. No estamos en contra para nada de las personas trans, sólo queremos que el camino se haga con responsabilidad, pues son los chicos quienes podrían convertirse en pacientes crónicos con tratamientos hormonales y cirugías de por vida. Nos preocupa que más tarde cambien de parecer y sufran por no poder echar pie atrás, como muchos casos de detransicionadores que hemos ido conociendo».

«De hecho, en varios países europeos que iniciaron rápidamente con estas terapias afirmativas prematuras, están tomando una postura distinta, al observar las tremendas secuelas con la que quedaron muchos adolescentes, ya adultos”, explica.

Para Alejandra, el agobio que sienten los padres es profundo y no tiene cabida en el modelo afirmativo. Agobio y presión que también están sintiendo profesionales de la salud dedicados al mundo infanto-juvenil: “En la intimidad de la consulta, varios terapeutas, psicólogos y médicos, me confesaron que cualquier indagación distinta de lo afirmativo, les puede generar persecución y cancelación social. Cualquier enfoque terapéutico a usar con nuestros hijos, debe ser afirmativo. Es decir, afirmarle que es trans porque, si no, te acusan de terapia de reconversión y nada más lejos de eso”.

Efectivamente, existen directrices emitidas por el Ministerio de Salud y circulares, como la 812, de la Superintendencia de Educación, que garantiza la transición social entendida como el cambio de nombre de niños, niñas y adolescentes a partir de los 14 años sin necesidad de que los padres o tutores validen esa decisión.

“¿Cómo va a ser condenable socialmente que los padres queramos hacer un camino con seguridad, con tranquilidad para algo tan importante como cambiar tu expresión de género, modificar el cuerpo? Imagínate que, para decidir una carrera, o hasta para comprar un auto, uno planifica, se toma el tiempo necesario analizando todo lo posible”, añade.

Fue en esa búsqueda, y no en la negación, que se fueron encontrando y cruzando experiencias. “Incluso hubo un terapeuta que me dijo: ‘Usted tiene que hacer el duelo, su hija ya no es un niño’. Yo pensaba en la liviandad de esa afirmación, porque ni siquiera habíamos hecho un cambio de nombre social”, recuerda Paulina.

En los encuentros que estos padres fueron teniendo, no sólo compartían la experiencia de que nunca antes hubo señales de que sus hijos fueran trans, sino la extraña prevalencia de que prácticamente todas eran niñas. De hecho, en la agrupación sólo hay una familia cuyo hijo hombre a los 15 años manifestó querer ser mujer.

“Estuvo un tiempo haciendo algunas cosas como cambios de ropa o de nombre, no accedimos a todo, porque nos parecía tan repentino. Pero creo que lo más importante fue no sentirme intimidada y escucharme como mamá. En la extrañeza que uno siente, no hay otro espacio que los programas de acompañamiento trans. Pero nosotros no tomamos ese camino. Lo manejamos en casa, con terapeutas y basados en experiencias de otros países que ya vienen de vuelta, como Suecia o Inglaterra».

«Quién sabe, quizá mi hijo hoy estaría con una disforia (lo opuesto a la euforia) de género aumentada, con hormonas, no lo sé, y sin duda, mucho más deprimido que antes, porque su repentina declaración trans no era tal. Lo que sí sé, es que ya salimos de esto, y va a entrar a la universidad, está tranquilo, feliz y aliviado. Y, claro, como no es un asunto personal, sigo en Kairós, y él me apoya con ideas y consejos, para que otras mamás y papás sepan que existe un camino más pausado, más amoroso y más certero”, dice Francisca, otra de las mamás.

«Si tu hijo o hija es trans, el derecho al tiempo es fundamental. Y bienvenido si así es, pero si no, es mejor también saberlo a tiempo y no cuando sea tarde, porque el daño corporal y psíquico son irreversibles”, concluye Francisca.

De hecho, uno de los testimonios más alarmantes que existen hoy, es el de Sandra, un joven español que a temprana edad accedió a la terapia afirmativa y hormonal llegando incluso a cercenar sus genitales masculinos y realizar una vaginoplastía.

El testimonio no sólo es de una crudeza estremecedora, sino valiente: “Me prometieron que así se acabaría la disforia de género por fin, porque mi cuerpo estaría en concordancia. Pero era mentira, es un tema psíquico… Y además, porque hicieron un agujero para construir una vagina, pero como mi cuerpo es XY (biológicamente hombre) de forma natural tiende a cerrarlo, y debo estar constantemente haciendo cirugías para mantenerlo abierto”, explica en una dolorosa charla que entregó en España (ver entrevista).

Para la agrupación, el camino justamente es ese tiempo griego llamado Kairós, que no tiene la urgencia del “cronos”, sino que espera el momento correcto para lo que tenga que suceder. Mientras, dicen, hay que acompañar, darles tiempo, indagar, garantizar una salud psíquica y física sana y estable, y no tener miedo a este “tsunami” que, como ya ocurre en Europa, tendrá que pasar en Chile.

“Mientras tanto, prudencia y tranquilidad, aunque sea difícil, porque hay que ser honestos, esto también es un gran negocio que dificulta aún más el debate serio y responsable”, agrega Alejandra, quien concluye: “Incluso, por respeto a las mismas personas trans que durante tantos años han buscado un lugar digno en la sociedad. Su lucha no puede convertirse en una moda que desvirtúe sus legítimas necesidades y dañe a niños, niñas y adolescentes que necesitan amor y tiempo”.