Federer: los desafíos del viejo bueno

El suizo, que en agosto cumplirá 36 años, podría quedar en cualquier momento a la vera del camino en su intento por llegar a los 20 Grand Slams, cifra jamás alcanzada por los más grandes tenistas de la historia.

A fines de julio del año pasado, Roger Federer colgaba la raqueta y, acongojado, subía una información brutal para un tipo de su linaje y competitividad: “No estaré disponible para representar a Suiza en los Juegos Olímpicos y me perderé lo que queda de temporada”.

Para un tipo de 34 años en ese entonces, ese anuncio pudo significar el final de su carrera. Como ha pasado con muchos de los grandes, que, cansados, fatigados, heridos o lesionados, optaron por retirarse temprano del esfuerzo, el sacrificio y la gloria.

El suizo explicó entonces que la espalda y una rodilla no lo dejaban entrenar ni jugar ni competir. Y, lo que es peor para él, disfrutar.

Sabía también que estar seis meses sin participar en ningún torneo significaría que bajaría en el ránking hasta situarse por detrás del top 15: tendría que eliminarse desde las primeras rondas con los mejores, abandonar el limbo del que gozan los primeros sembrados, especialmente en los Grandes.

“Mi cuerpo y mi rodilla necesitan descanso”, decía Federer, quien terminaba tempranamente el 2016 sin ningún título y sembrando muchas dudas sobre su continuidad.

Pero Fereder es Federer, por números el mejor de todos los tiempos, el más amado y venerado, y también el más respetado del circuito.

Por eso a estas alturas nada extraña en él. Ni siquiera que 51 semanas después de su lacónico y emocionado mensaje esté de vuelta con las luces propias de la estrella fulminante que es.

Todavía lo emociona viajar, entrenar, participar de los grandes torneos, dice el de Basilea, y tras ganar el domingo su octavo Wimbledon (sin perder siquiera un set y vapuleando en la final a Marin Cilic por 6-3, 6-1 y 6-4), tuvo unas palabras que sonaron a despedida: “Espero que esta final no sea mi último partido en Wimbledon. Espero poder volver el próximo año e intentar defender el título”, dijo Federer.

Con 35 años y 342 días, es el campeón de mayor edad en Wimbledon, tras superar los 31 años y 361 días que tenía Arthur Ashe cuando se coronó en 1975.

Pero pese a todo, el tenista-estrella sabe que a los 36 años las apuestas no pueden ser a largo plazo. Y aunque tiene la esperanza es larga, el crédito es corto.

Lleva este año cinco títulos (Australia, Indian Wells, Miami, Halle y Wimbledon), con 31 victorias y sólo dos derrotas. Curiosamente, éstas fueron totalmente inesperadas. En la segunda ronda de Dubai cayó ante Evgeny Donsky (a la sazón, 116° del mundo), y en Stuttgart perdió frente a un viejo conocido: el alemán Tommy Haas (302°, quien se despedía del circuito).

Este año, decidió no pisar el polvo de ladrillo. Ni siquiera fue a Roland Garros y apostó todo a Wimbledon. Así le fue.

Suma 19 Grand Slams, 26 Masters 1.000 y 93 títulos ATP, y se apresta a ir por la hazaña de conquistar su vigésimo Grande en Nueva York (28 de agosto al 10 de septiembre).

Pero en Flushing Meadows ya tendrá 36 años, y él mismo lo dice: “Ahora no puedo pensar dos años en adelante, no puedo pensar demasiado lejos. Y me cuesta creer que puedo ganar tres Grand Slams este año. Eso suena totalmente surrealista”.

Pero el actual número 3 de la ATP será uno de los favoritos y una victoria en el último torneo mayor del año lo catapultaría hasta rozar otra hazaña: ser de nuevo el número 1 del mundo.

Y convertirse en el número 1 de mayor edad también es una de las metas del helvético. El estadounidense André Agassi fue hasta ahora el más longevo en conseguirlo durante la Era Open, con 33 años y 131 días (2003).

Y el camino no parece tan complicado (claro, si pensamos que se trata de Federer). Está apenas a 1.225 puntos de Andy Murray, seguido muy de cerca -a menos de 300 puntos- por otro “resucitado”: Rafael Nadal.

Y los devenidos pero siempre peligrosos Murray y Novak Djokovic deben defender, respectivamente, 5.460 y 3.740 puntos hasta diciembre, mientras el suizo no defiende ninguno y todo lo que venga será ganancia neta.

Se viene el US Open y la estadística indica que cada vez que Federer ganó Australia y Wimbledon, también conquistó Nueva York.

Roger Federer ya está tercero y todo puede ser tirar y abrazarse.

Si es que el físico se lo permite.