Fernando Botero deja un legado de inconmensurable volumen

El pintor y escultor colombiano de alcance universal y famoso por sus “gordas”, falleció a los 91 años en Mónaco, debido a una neumonía.

Por ANDRÉS ALBURQUERQUE / Foto: AGENCIAS

Nació en Colombia, pero era universal. Destacaba por sus dibujos desde los ocho años, y a los 16 vendió su primera pintura, pese a haber sido expulsado del colegio por sus “pornografías”, que pronto fueron derivando en un estilo único: mujeres voluminosas y sensuales: “Soy el pintor del volumen, no de las mujeres gordas”, explicaba.

“El arte debe producir placer, cierta tendencia a un sentimiento positivo. Pero yo he pintado cosas dramáticas. Siempre he buscado coherencia, estética, pero he pintado la violencia, la tortura, la pasión de Cristo… Hay un placer distinto en la pintura dramática, la pintura misma. El gozo mayor de la pintura, la belleza, no pone a reñir lo dramático y lo placentero”, afirmaba.

Huérfano de padre (un arriero propietario de mulas con las que hacía transporte de mercancías que falleció a los 40 años), el joven Fernando soñaba con ser torero. Nacido el 19 de abril de 1932, en Medellín, ingresó a los 12 años a una escuela para toreros, enseñanza que marcó su vida y parte de su obra.

Paralelamente, ya dibujaba a escondidas de su madre Flora Angulo (quien murió en 1972). Había sido expulsado de la secundaria por un artículo que escribió elogiando a Pablo Picasso, y por los dibujos que hacía para sus compañeros, que según los sacerdotes de la escuela eran pornográficos. Y su primera pintura la vendió a los 16 años en un mercado, y era una escena de tauromaquia.

El «Patrón del mal» visto por Botero.

Hace cuatro años, Artika: Artists Books le hizo un homenaje al artista con la publicación del libro “Las mujeres de Botero”, que presentó 50 dibujos inéditos y piezas únicas del colombiano.

“Los dibujos muestran múltiples figuras femeninas, todas ellas sugerentes, sensuales, intensas, llenas de vida y profundamente expresivas, con el sello inconfundible del maestro del volumen. Estos han sido impresos a cuatro tintas en láminas individuales y pegados al libro por tres puntos de cola”, decía la publicación, cuidadosamente editada por el propio artista.

Durante varias décadas, su obra dio la vuelta al mundo, en especial por su particular estilo a la hora de plasmar a la gente, a través de un cuadro o una escultura. Considerado desde hace mucho como uno de los mejores artistas vivos, la fama y la popularidad que había adquirido con sus pinturas de colores luminosos se acrecentó en los años 90, cuando sus enormes esculturas de bronce comenzaron a ser exhibidas en las principales capitales del mundo.

Lejos habían quedado los tiempos en que se ganaba la vida con dibujos e ilustraciones publicados en el periódico El Colombiano, el más importante de Medellín, dinero con el que financió sus primeros viajes a Europa y Estados Unidos.

La «Monalisa» de Botero.

Y aunque la fama y la fortuna tardaron en llegar, el artista será recordado por el impacto que provocó en el arte, a tal punto que sus exposiciones batieron récords de asistencia en lugares como el Palacio de Bellas Artes de México, con más de 300 mil asistentes, o en el Museo de Bellas Artes de Bilbao, con más de 155 mil.

“La obra de Botero es inmortal. Fue quien puso el arte nacional en los escenarios internacionales más importantes del mundo”, destacó el diario El Tiempo, de Bogotá.

Su hija Lina lo definió hace unos años como “una persona que empezó de la nada y que lo único que tenía claro era su vocación artística, su capacidad de trabajo, su pasión por lo que estaba haciendo. Todo eso le permitió salir adelante y nadar muchas veces contra las corrientes predominantes en el mundo del arte”.

Falleció este viernes en su casa en el principado de Mónaco, donde se recuperaba después de haber sufrido recientemente una neumonía. El maestro se va, pero nos deja. Ahí están sus “gordas” plasmadas en pinturas y esculturas para recordarlo por siempre.