Francia entrenó con Islandia de cara a su choque decisivo contra Alemania

Fue un 5-2 que a los galos sirvió para ganar confianza ante su duelo del próximo jueves contra el actual campeón mundial. No será la final de esta Eurocopa, pero debió serlo. El que pase a la final tendrá altas posibilidades de ganarla frente a Portugal o Gales.

Era su primera vez en una semifinal. Al frente estaba el local. Y el local es una potencia mundial.

Mucho para esta Islandia que simpatizó a todos tras saberse que apenas supera los 330 mil habitantes, que sus jugadores profesionales no son más que un centenar y que para crecer futbolísticamente diseñó un programa de aprendizaje bajo techo para driblear a esa mitad de año en que es imposible jugar al aire libre por la crudeza de su invierno.

Contra ese rival Francia hoy no necesitó esforzarse en el Stade de France / Saint Denis para acceder a la semifinal que la enfrentará contra su bestia negra: Alemania.

Ya a los 12 minutos Olivier Giroud, compañero de ataque de Alexis Sánchez en el Arsenal, perforó el arco islandés con un zurdazo esquinado. A los 20′ Paul Pogba clavó desde el cielo un cabezazo que hizo caer a Islandia hasta el centro de la Tierra. Esta entendió que el desafío le quedaba grande y que todo su empeño debía limitarse a despedirse del torneo con la máxima dignidad posible. Alzar un poco la cabeza era la máxima.

No le resultó. Sus defensas se portaron como sus antecesores de los años 70, 80 y 90, cuando cada partido internacional significaba una goleada en contra. En los minutos 43 y 45 los salvadores de Francia en este torneo, Dimitri Payet y Antoine Griezmann, batieron de nuevo al pobre portero Halldorson. Cuatro a cero y a esperar una segunda etapa como la habitual en estas circunstancias: un poderoso relajado y un débil que saca fuerzas de flaqueza.

Algo de eso ocurrió. En el minuto 56 Sigthorsson anotó el descuento, alegró a los ocho mil compatriotas en las tribunas y le insufló nuevos aires a sus compañeros. Pero como también suele ocurrir en estos partidos, Francia tardó apenas tres minutos para convertir el quinto tanto, otra vez por obra y gracia de Giroud. No fuera cosa que estos vikingos vencedores de Holanda e Inglaterra se entusiasmaran más de la cuenta.

El resto del partido fue un ejercicio de paciencia de jugadores, árbitros y espectadores. Los galos reservando sus fuerzas para la gran batalla ante Alemania, y los islandeses pujando por un golcito más, que lograron en el minuto 84 gracias a Bjarnasson.

Un minuto antes había ocurrido quizás lo más importante para Islandia: el ingreso para despedirse de su selección y recibir el afecto mundial de Eidur Gudjohnsen, el más grande de todos y que lució en el Barcelona y el Chelsea. Tal vez por eso el sufijo de su apellido fue durante toda su extensa carrera distinto al del resto de sus compañeros, Halldorsson, Saevarsson, Sigurdsson, Gudmundsson y etcétera hasta el infinito.

A sus 37 años Gudjohnsen poco y nada podía hacer, pero igual se fue contento. Era que no: jamás imaginó despedirse de su selección jugando un cuartos de final de Eurocopa. La goleada no le hizo mella. Si él fue también de aquellos que la sufrían a menudo. Menos mal que sobrevivió para ayudar a esta eclosión futbolística de uno de los países más pequeños pero más desarrollados del orbe. Era lo menos que merecía.