Francia se prepara para una crisis profunda

Una nueva ola de protestas y huelgas se desata por las pensiones, mientras la Policía aguarda por jornadas de extrema violencia.

Por ANDRÉS ALBURQUERQUE / Foto: ARCHIVO

Las protestas y huelgas contra la impopular reforma a las pensiones volvieron a apoderarse de Francia en los últimos días, con cientos de miles de manifestantes, la Torre Eiffel y el museo del Louvre cerrados y la policía reforzando la seguridad con miles de agentes antidisturbios y en guardia ante advertencias de que los manifestantes radicales pretendían “destruir, herir y matar”.

Eso provocó que el ministro del Interior, Gérald Darmanin, ordenara un despliegue sin precedentes de 13 mil policías, casi la mitad de ellos concentrados en París.

A pesar de las nuevas peticiones de los sindicatos para que el gobierno suspenda su controvertida iniciativa de elevar la edad legal de jubilación de 62 a 64 años, y solicitar una mediación con el gobierno, el presidente Emmanuel Macron rechazó la propuesta y se mantuvo en “una posición torpemente inflexible”, como lo describen algunos analistas políticos.

Por intermedio de Olivier Verán, portavoz de la Presidencia, Macron dijo que “no necesitamos mediadores”. Los sindicatos lamentaron la decisión y argumentaron que “es insoportable que la respuesta sea el rechazo”.

El líder del principal sindicato del país, Laurent Berger (CFDT), antes de comenzar anoche la manifestación en la capital gala, afirmó: “Nosotros hemos propuesto una puerta de salida, ahora lo que hace falta es que el gobierno responda afirmativamente. Parece que por ahora no está listo. Tal vez cambie en unas horas o unos cuantos días”.

Mientras Philippe Martínez, líder del segundo sindicato del país, la CGT, indicó que la agrupación intersindical que reúne a ocho principales organizaciones de trabajadores escribirá a Macron para intentar convencerlo de que acepte una mediación.

El ministro del Interior dijo que más de mil “alborotadores radicales”, algunos procedentes del extranjero, podrían unirse a las marchas de París y otras ciudades.

“Vienen a destruir, herir y matar a policías y gendarmes. Sus objetivos no tienen nada que ver con la reforma de las pensiones. Sus objetivos son desestabilizar nuestras instituciones republicanas y traer sangre y fuego a Francia”, dijo el ministro.

Sus adversarios instan al gobierno a calmar los ánimos y a sentarse a conversar, pero Macron no quiere oír.