Fútbol chileno: con el agua al cuello

A poco más de un año de recibir cada club más de 3 millones de dólares por la entrega en concesión del Canal del Fútbol al Grupo Turner, la ANFP gestiona con la banca un préstamo por casi 27 millones de dólares para ir al salvataje de igual número de instituciones, tanto de Primera A como de Primera B. La pregunta surge por sí sola: ¿qué hicieron con toda esa plata, muchachos?

Por EDUARDO BRUNA

“Con esta gestión, aseguramos una estabilidad y situación económica para los equipos en el mediano plazo, por los próximos quince años”, aseguraba, más que satisfecho, Arturo Salah, presidente a esas alturas saliente de la ANFP cuando, en diciembre de 2018, la Fiscalía Nacional Económica, tras un largo proceso, daba luz verde a la entrega en concesión del Canal del Fútbol a la transnacional Turner, que le ganó finalmente la pulseada a la Fox.

Los clubes nacionales, producto de esta extensa negociación que esperaban expectantes y durante meses, reaccionaron con un explicable jolgorio. El Canal del Fútbol, producto final de las fraudulentas y abusivas quiebras decretadas a Colo Colo y Universidad de Chile, se había entregado por una década y media al Grupo Turner en nada menos que 1.285 millones de dólares. Mucho más de lo que era el valor, en ese momento, de todos los canales nacionales de televisión abierta juntos.

Y es que, para frenar la escasa oposición que había al interior del Consejo de Presidentes de la ANFP para llevar a cabo esta mega negociación, Arturo Salah y su mesa habían hecho una propuesta imposible de rechazar: concretada la “venta”, o concesión por quince años, cada club integrante del organismo iba a recibir, al contado y en forma inmediata, la atractiva suma de 3,1 millones de dólares.

No era todo: cada club vería además incrementados en un 58% los pagos mensuales que el CDF, bajo la administración de sus nuevos dueños, se comprometía a realizar. En otras palabras, si cada club de Primera A recibía en promedio $ 120 millones cada 30 días, esa suma ascendería ahora a los $ 190 millones. En Primera B también el aumento sería sustancial. ¿Algo más? Por supuesto: se consideraría la entrega de una cuota por “excedentes” anuales del CDF, que el año anterior habían rondado los 300 millones extras por club, más otros $ 130 millones provenientes de los auspicios de los torneos que la ANFP entregaría a aquellas instituciones que tuviesen proyectos vigentes de infraestructura.

A mediados del año pasado, sin embargo, consultados los presidentes de los clubes nacionales acerca de cuál había sido el destino de esos ingentes recursos, el 90% o más de ellos señaló que habían ido a pagar deudas y tapar déficits financieros. Sobraban los dedos de una mano para contar a aquellos que habían señalado alguna obra de infraestructura -y bastante menor por lo demás- como destinataria de esos recursos.

La inmensa mayoría, además, apuntó a un hecho que no por históricamente conocido dejó de sorprenderlos: el fútbol no era el negocio que ellos habían esperado cuando, creado el nefasto sistema de Sociedades Anónimas Deportivas, habían decidido incursionar en él como quien invierte en una fábrica de calcetines o zapatos. Eufemísticamente hablando, querían decir que todo ese dinero recibido como producto de la histórica y millonaria negociación, se les había escurrido como agua entre los dedos.

El hecho es que, a menos de año y medio de percibir esa suma millonaria, de la cual la mayoría se enteraba y dimensionaba sólo cuando algún afortunado club nacional podía transferir un crack al fútbol mexicano, 27 de las 34 instituciones que integran la ANFP declara no tener plata “ni para hacer cantar a un ciego”.

Y la situación es tan dramática que, por estos días, la ANFP se encuentra gestionando con la banca nacional un préstamo por casi 27 millones de dólares, para ir en auxilio de ese igual número de instituciones que están con el agua al cuello.

Más precisamente, de un crédito por 26 millones y 360 mil dólares. Y es que mientras la inmensa mayoría no se anduvo con chiquititas y pidió un millón, Rangers fue un poco más modesto -o aterrizado-, y “sólo” solicitó 360 mil de la divisa gringa.

Los clubes de Primera A que decidieron sumarse a la pedida de este empréstito es tan larga, que mucho más práctico es mencionar a aquellos que, por lo menos hasta ahora, han decidido no encalillarse: Universidad Católica, Curicó Unido, Deportes Antofagasta y Deportes Iquique. De ellos, cabe destacar el hecho de que sólo el cuadro curicano no es Sociedad Anónima Deportiva. Sigue siendo una Corporación de Derecho Privado sin fines de lucro.

Las únicas instituciones de la Primera B que, también hasta el momento, han decidido no sumarse a la petición de este préstamo, son Deportes Puerto Montt y Deportes Temuco, club este último que optó por otra salida para intentar capear la crisis: se sumó a Ñublense y se acogió a la Ley de Protección del Empleo dictada por el gobierno de Piñera frente a la llegada de la pandemia por causa del coronavirus. En palabras simples, decidió suspender por dos meses el vínculo laboral de sus jugadores, cuerpo técnico y funcionarios, y liberarse por este plazo de pagar remuneraciones.

Más que “proteger el empleo”, lo que esta ley hace es proteger a las empresas, a las isapres y a las AFPs, que siguen recibiendo las correspondientes cotizaciones, independiente de que el trabajador sólo pueda contar con unos pesos recurriendo al subsidio de cesantía.

Como sea, y entendiendo que el país viene transitando desde octubre del año pasado por momentos complicados, primero por un saludable estallido social y luego por esta pandemia claramente mirada a huevo en su primer momento por los gobiernos de prácticamente todo el mundo, no puede dejar de llamar la atención el estado financiero calamitoso en que se encuentran la inmensa mayoría de nuestros clubes habiendo recibido, a fines de 2018 y comienzos del año pasado, una suma estratosférica también para la inmensa mayoría de ellos.

Y es que, más allá de los problemas derivados de ambas situaciones, y que han tenido operando al fútbol apenas con intermitencias, los clubes han seguido recibiendo sagradamente, y mes a mes, los aportes del CDF.

¿Qué hicieron con la plata, muchachos? 

Porque no es que la invirtieran en un complejo deportivo para el primer equipo y sus series menores. No es que se construyeran una sede decente o adquirieran uno de esos jugadores de probada capacidad y calidad que antes arribaban a nuestro modesto fútbol. Tipos de un cartel tal que eran atracción por sí mismos y que al final de cuentas se pagaban solos. ¿O me equivoco? ¿Alguno de los que llegó puede ponerse al nivel de un Marcelo Espina, un Leo Rodríguez, un Alberto Acosta o un Néstor Gorosito?

Ni hablar de haber invertido al menos parte de ese dinero en la construcción de un estadio propio. ¿Para qué, si los sucesivos papanatas que han integrado el Poder Ejecutivo chileno se han vuelto locos gastando miles y millones de dólares de todos nosotros en construirles recintos decentes a lo largo y ancho del país para que prospere un negocio de privados y en detrimento de cosas mucho más necesarias e importantes, como hospitales y escuelas?

“Se taparon hoyos, se pagaron deudas”, fue la explicación del momento para hablar del destino de esos millonarios recursos que recibieron el año recién pasado y de los cuales, hoy, no queda nada.

Por eso, la pregunta no por reiterada pierde validez: ¿Qué hicieron con toda esa plata, muchachos?

Desde las abusivas y fraudulentas quiebras decretadas a Colo Colo y a la U para implantar este sistema tan nefasto como corrupto ya ha pasado suficiente tiempo como para que la pregunta valga y amerite una explicación satisfactoria. Dicho de otra forma, después de quince años de Sociedades Anónimas Deportivas, se pasarían de caraduras si le cargaran el muerto al sistema anterior, que por cierto no era perfecto y tenía tantas debilidades como falencias.

Dicho claramente, muchachos “inversionistas” de nuestro fútbol, ustedes han resultado un fiasco tan colosal y rotundo como el que representa nuestra despreciable clase política para el ciudadano común de este país.

No podemos dejar de recordar la pomada que nos vendieron para arrebatarles los clubes a sus verdaderos dueños, es decir, sus socios y sus hinchas, para entregarlos a figurones con plata. Las instituciones no sólo se iban a fortalecer administrativa y económicamente, transformándose en verdaderos modelos de responsabilidad y gestión, sino que, por lógica consecuencia, íbamos a tener equipos más que competitivos en el plano internacional.

Tristemente, nada de eso ha sucedido. Nuestros cuadros son meros partiquinos en los torneos del continente sudamericano y sus administraciones sólo aspiran a sobrevivir pasando reiteradamente el platillo a la banca o a los “factoring”.

¡Linda pomada nos vendieron, políticos sinvergüenzas de todos los colores…!