Fútbol femenino: ¿el “patito feo” se transformará en cisne?

En Chile ya hay algunos que entendieron que para pelearles a las brasileñas y ahora último a las colombianas los lugares de privilegio a nivel continental, no basta con el entusiasmo de las chicas por alcanzar la meta. Se requieren otros recursos, materiales, por cierto, para hacer el intento. 

Por SERGIO ANTONIO JEREZ

Se terminó la Copa Libertadores femenina 2020. En octubre vendrá la edición 2021. Pero lo que me dejó en claro este torneo, que vi casi en su totalidad, es que, como en la vida, el dinero es el que manda. Vea, usted. De los cuatro equipos que llegaron a la final, Corinthians y Ferroviaria (que ganó el título) de Brasil, y América de Cali, tienen jugadoras ciento por ciento profesionales. Es decir, ahí hay una inversión de estos clubes para que sus futbolistas vivan para y por el fútbol. El cuarto, la Universidad de Chile, tiene algunas con contrato y otras a las que les brinda ayuda. Pero eso, nada más.

Al igual que en el fútbol de hombres los clubes gastan dinero para tener los mejores jugadores en sus filas y eso les garantiza –no totalmente, porque el fútbol es un deporte donde no siempre gana el más poderoso- que obtendrán los resultados que necesitan para llenar los estadios (mientras no haya pandemia) y para conseguir auspiciadores que alimenten sus arcas generosamente. A más cantidad de triunfos, más opciones de tener a grandes firmas decididas a poner el nombre en sus camisetas.

Lo mismo pasa con las mujeres. Bueno, es verdad que por estos lados estamos muy atrasados en este sentido. En Europa ya hace rato que el dinero no es problema a la hora de conformar planteles que de alguna manera generen réditos. En Estados Unidos ni hablar, llevan décadas formando futbolistas de primer nivel y por eso no extraña su superioridad a la hora de los mundiales.

En Chile ya hay algunos que entendieron que para pelearles a las brasileñas y ahora último a las colombianas los lugares de privilegio a nivel continental, no basta con el entusiasmo de las chicas por alcanzar la meta. Se requieren otros recursos, materiales, por cierto, para hacer el intento. 

Por lo que sé, Santiago Morning y Colo Colo lo entendieron así y dieron el paso final hacia el profesionalismo. Sus planteles se dedican a eso: entrenar y jugar. El primero es el actual campeón del fútbol chileno, aunque tuvo la mala suerte de toparse con un desatado Corinthias, un club que se niega a exportar a sus jugadoras y que iguala o mejora las ofertas que vienen, principalmente de Europa. El segundo perdió la opción de ir a la Copa en un durísimo duelo con Universidad de Chile, aunque tiene en su historial una Libertadores, cuando ésta se jugaba prácticamente con equipos netamente amateurs.

En la “U” pensaron igual, pero no han completado la tarea aún. Reclutaron a varias seleccionadas que estaban en el extranjero para conformar un equipo competitivo. Su problema es que, por ahora, tiene un equipo, pero no un plantel.

Los tres primeros del podio, Ferroviaria, América de Cali –que en la final mereció mejor suerte, pero los palos y la buena actuación de la portera Luciana abortaron sus ilusiones- y Corinthians, vienen trabajando hace un rato con miras a sentar supremacía a nivel local y continental. Esta vez lo consiguieron con creces, apabullando a equipos que aún no salen de la etapa del empeño y las ganas. Pero en la cancha demostraron que van por el camino correcto.

Entonces, vale preguntarse, ¿el “patito feo” llegará a transformarse en un cisne?

Los dirigentes tienen la palabra. Son otros tiempos, hay dinero dando vuelta, tanto por participar en torneos internacionales como en el bolsillo de auspiciadores que miran con buenos ojos al fútbol femenino. Falta audacia, mejor dicho, falta decisión. La materia está, hay que acompañarla, trabajarla, mejorarla, incentivarla. Los triunfos llegarán por añadidura.

Para felicidad de muchas y muchos.