Fútbol: hecha la ley, hecha la trampa

La relación entre las reglas del juego, los jugadores, los árbitros, los técnicos y los medios.

Por ClAUDIO GUDMANI

De un tiempo a esta parte, ganar o competir a través del talento futbolístico y de la armonía colectiva, buscando la gloria deportiva, parece haberse quedado en el olvido. Hoy el fútbol es una profesión, no un juego, no un deporte, y menos un espectáculo, a no ser que sea en las grandes instancias como los Mundiales. 

El fútbol profesional, semana a semana, en las competencias locales, parece haberse convertido en un trabajo en el que cada uno protege su empleo, su “puesto de trabajo”. Y es cierto, es un trabajo donde los jugadores (así se llaman aún) parecen haberse convertido en funcionarios con privilegios. Sería bueno que recordaran que son parte del mundo del espectáculo deportivo que “se le vende” (que feo decirlo así) al público, al hincha, al observador neutral, que lo ven en las graderías, tablones o tribunas, dependiendo del nivel del estadio (aunque esto último ha sido imposible en pandemia) y principalmente a través de la televisión y los medios de comunicación, que son los que están financiando las competencias a nivel mundial. 

Y compiten con el mundo del espectáculo del cine, del teatro, de los conciertos de música y de muchos otros eventos donde se paga por disfrutar. O sea, la idea es agradar al espectador para que “consuma” más el producto. 

Por eso la FIFA y todos los organigramas dirigenciales, le han metido mano al reglamento para hacerlo “más atractivo”. Hace muchos años, en la prehistoria del fútbol, se introdujeron los cambios de jugadores, para prevenir un encuentro disparejo cuando algún jugador se lesionaba y permitir también variantes tácticas en el juego. Después, hace un tiempo, se involucró más al arquero en el juego con los pies, primero para evitar pasársela a las manos de los arqueros y “hacer tiempo”, y luego para agilizar el juego.

Así, hoy día, el fútbol tiene un reglamento para jugarlo (como ha sido siempre), y jueces para velar que las reglas y el espíritu del juego, no sea trasgredido por los jugadores. Pero los criterios y errores referiles, han provocado la entrada del VAR para mejorar la justicia, y los estamentos de la FIFA, nuevamente, han ido acomodando las reglas del juego para un mejor espectáculo… y para que “la justicia” impere en los resultados.

Sin embargo, el enredo ha complicado al árbitro y muchas veces lo ha inmovilizado ante el ojo tecnológico, la crítica y el miedo a errar. Los asistentes arbitrales (antiguos jueces de línea) ya no confían en su ojo y deben dejar que la jugada termine antes de determinar una jugada viciada… ¡plop!… Los árbitros no saben qué cobrar, porque hay muchas irregularidades en las jugadas… y muchas que no ven, esto, debido a que los jugadores han decidido “defender su puesto” a cualquier precio. Cero colaboración y un acrecentamiento de la inseguridad de los árbitros, que a veces se disfraza de prepotencia y tozudez.

Por eso que pongo énfasis en los jugadores, e incluso en los técnicos y su equipo multidisciplinario, que parecen pensar que hecha la ley, hecha la trampa, pues todo vale para ganar o sacar una pequeña ventaja. Los futbolistas cada vez son más débiles y alaracos ante el más mínimo roce, ¿o será que son grandes “actores”?… ¿serán instrucciones de los directores técnicos para “aportar al logro del equipo”, a la “presentación”?… ¿será que el gritar más es un “acting” tanto del DT, ayudantes, médicos, kinesiólogos, analistas y reservas?… ¿la idea es presionar al árbitro para que cobre a favor de “nosotros”?… ¿se hizo más importante lo reglamentario?… 

Parece que es más fácil justificar los errores propios y las escasas ideas en los desaciertos referiles. Y ¿el juego?… ¿la propuesta de talento colectivo e individual, la búsqueda de los goles, la defensa táctica?… ¿dónde queda?…

Es cierto que el club, que el equipo, los jugadores y los técnicos a cargo viven de los resultados, porque además eso trae el dinero a las arcas de la institución, y también es cierto que gran parte de la hinchada es exitista… ¿pero a qué precio?… ¿todo vale para ganar?… ¿dónde quedó el disfrute del juego?… ¿la victoria dando espectáculo?… 

Antes un jugador esquivaba las patadas, aguantaba los embates, o se levantaba para seguir adelante y terminar la jugada, ojalá cerca del gol… ahora prefieren buscar el “contacto”, caerse, revolcarse, y ganarse un Óscar a la mejor actuación, solo para conseguir un tiro libre, en el mejor de los casos un penal o una anhelada tarjeta para el rival. Llamar la atención del VAR para que se vea que “me tocó”, que hubo un “pequeño roce en la mano” del rival, e incluso, que el saque lateral es nuestro, aunque sea evidente que no. Todo se reclama. Tanto así que llegó un técnico extranjero y lo dijo, extrañado por esta “forma de jugar”, ventajera, mezquina, y una semana después estaba haciendo lo mismo.

Hecha la ley, hecha la trampa. El que no llora no mama, el que no gana no cobra… perdón, en realidad todos cobran y mucha plata, por un triste espectáculo, que aún nosotros, el público, paga por ver, esperando la gran jugada. Al menos eso quiero creer, que aún hay esperanza, pero debe ser porque soy un romántico del fútbol. Porque quizá a la mayoría solo le interesa el morbo de la polémica que nos venden los programas deportivos y ver a los equipos grandes arriba o abajo según sea nuestra posición… pero eso es tema complicado… la venta de humo, la polémica, los pelos en la sopa, que últimamente se ha acrecentado en los medios masivos del fútbol, mirando siempre a los clubes grandes, como si los otros no existieran y fueran solo parte de la escenografía, como el público que consume el espectáculo que, a esta altura, es altamente farandulero y mezquino.