Fútbol sin barreras ni controles: Capitales extranjeros en los clubes chilenos

La “mexicanización” de Everton inició un proceso de traspaso de propiedad en un medio que carece de las regulaciones necesarias a través de la Ley de SADP y que aún no se cura del desfalco de Sergio Jadue en la ANFP. Capitales aztecas y argentinos ponen en alerta a los administradores criollos…

La venta de Everton a inversionistas mexicanos representó un hito en la historia de las aún incipientes sociedades anónimas deportivas, instauradas como reflejo del libre mercado en la época moderna del fútbol chileno. En el marco de una legislación bastante rudimentaria para regular el funcionamiento de las instituciones profesionales, apenas 5 millones de dólares bastaron para traspasar la propiedad de los viñamarinos a manos del consorcio azteca que controla el Pachuca como cabeza de un grupo de equipos en México, España, Argentina y, ahora, en Chile.

La situación cristalizó a principios de temporada y, a partir de allí, se inició una etapa insospechada en la que el fútbol criollo puede ir derivando hacia una suerte de multinacional extranjera que, finalmente, se adueñe de la conducción de la ANFP y de sus millonarios ingresos del Canal del Fútbol. A la luz de los antecedentes del traspaso, que significa la “mexicanización” de los tradicionales “oro y cielo” de Viña del Mar, hay dos aspectos que inquietan a quienes observan el proceso comercial desde la vereda de los clubes restantes.

Uno de ellos, expresado por los propios dirigentes en los consejos de Quilín, es que durante el último año de la administración de Sergio Jadue, la ANFP entregó recursos por aproximadamente 250 millones de pesos para la construcción del complejo deportivo que los oro y cielo levantaron en la Quinta Región. Y ese capital solidario pasó directamente al patrimonio mexicano, sin vuelta ni revisión.

Y el otro factor que preocupa es que el fenómeno de la venta está abierto y no merece todavía alguna atención o estudio de parte de la Superintendencia de Valores y Seguros que fiscaliza a las SADP del fútbol casero, en sus diversas fórmulas. Porque no sólo ahora existen los clubes nacionales y uno mexicano, sino que varios más de ellos son manejados por capitales o controladores foráneos que -de momento- tienen su expresión más concreta en Unión San Felipe, Rangers y Unión La Calera, por ejemplo, de nítida presencia argentina en su gestión.

Amor sin barreras

“La Ley de Sociedades Anónimas Deportivas quedó obsoleta en su concepción original y no cuenta con los elementos legales necesarios para enfrentar las necesidades y exigencias de los nuevos tiempos, protegiendo a quienes invierten por una cuestión social y deportiva”, expresa un dirigente que ve con preocupación los riesgos que implica el nuevo escenario y quien prefiere reservar su nombre.

Según el accionista de uno de los cinco clubes más importantes del país, “hay un grupo de clubes que hoy reciben mucho dinero del CDF y no lo reinvierten en la actividad institucional ni mucho menos en la inversión que requiere la parte social, como es el Fútbol Joven”.

Por ello, en consonancia con otros directivos que visualizan más allá de la gallina de los huevos de oro del CDF, sostiene que “la ley de SADP tiene muchos vacíos y debiera enriquecerse con protecciones a los inversionistas nacionales, como se hace en cualquier actividad de mercado con comerciantes o empresarios”.

Asimismo, la reciente experiencia del desfalco cometido por Jadue y sus cómplices en la ANFP enseña que los controles morales tampoco han funcionado para cautelar una actividad que genera cuantiosos recursos y donde el soborno y la “coima” llegaron a institucionalizarse incluso en la todopoderosa FIFA.

En rigor, la eventual “expropiación” del fútbol chileno no pone en alerta por algún rasgo de absurda xenofobia, sino por sus derivaciones económicas para el medio, así como el núcleo de poder que podrían llegar a generar en la misma ANFP.

De otro lado, la comunidad deportiva no tiene hoy injerencia en las decisiones de sus equipos y la “mexicanización” de Everton ni siquiera mereció un acto de desacuerdo o resistencia de parte de los barristas que, según los nuevos tiempos, parecen más ocupados en mantener ciertas garantías personales con los regentes de estas sociedades anónimas.

En rigor, si por un lado la globalización económica posibilita que se derriben fronteras arcaicas para acercarnos al mundo desarrollado, en otro sentido la carencia de regulaciones legales expone a esta singular industria -donde aparte de los capitales también juegan las motivaciones sociales y pasiones de la gente- al riesgo de una “expropiación” paulatina. Everton ya mostró un camino sin barreras, generoso en oportunidades, riesgos y tentaciones…

Este análisis también lo puedes leer en el periódico Cambio 21.