Futbolistas que no parecen futbolistas. El listado definitivo.

Corren como cuidadores de autos, saltan como oficinistas y caminan como recién operados, pero trate de quitarles una pelota…

Por ELE EME

Para qué le voy a decir una cosa por otra. Un Adonis, lo que se llama un Adonis, no soy. Y por eso mismo soy un entendido en el tema de la fealdad humana. La conozco muy de cerca. Nadie me la contó. Hablo con conocimiento de causa. 

Dicho eso, me gustaría hablar hoy sobre aquellos futbolistas que han pasado por el fútbol chileno que no tienen para nada la estampa esperable de un futbolista. ¿Dije “para nada”? Me corrijo: pero para absolutamente nada.

De niño, a mediados de los ’70 empecé a traumatizarme… digo, familiarizarme con las esperpénticas facciones y contrahechas anatomías de Rodolfo Coffone (Antofagasta y luego Aviación), Miguel Ángel Pecoraro (Palestino), Óscar Posenatto (fallecido hace poco menos de un año, tuvo tres pasos por Magallanes), Jorge Socías, a quien no por nada apodaban “Lulo”.

Rodolfo Coffone.

Suma y sigue: Católica atentaba por aquellos años contra la estética del espectáculo alineando al “Conejo” Roselli y el “Chaguito” Morning con el arquero Adán Godoy (único jugador que ha compartido equipo con su yerno, Carlitos Rivas, que llegaría a Colo Colo y contribuiría a clasificar a Chile al Mundial del ’82).

Adán Godoy.

Palestino tenía a otro que daría la hora en la cita planetaria de España como parte de esta selecta galería de poco agraciados (Rodolfo Dubó) y Audax no se quedaba atrás, con Arad Crisólogo Anabalón. Los nombres de pila ya anunciaban con qué nos encontraríamos en la foto del carné y ese apellido, que tenía que ser futbolista.

Tres de esa época por los que nadie adivinaría que eran futbolistas profesionales al verlo “de civil” eran Sergio “Charola” González (puntero de Everton que, pese a su notoria ponchera, corría bastante), Domingo Soracce (otro ruletero, cuya calvicie prematura hacía creer que era un cuarentón aun siendo veinteañero) y Alejandro Trujillo, delantero de Unión que hoy por hoy está reforzando al Atlético Más Allá, al que le decían “turco” por su prominente nariz. Cual de los tres era más destartalado al moverse por la cancha.

Domingo Soracce

Guardo sus imágenes como postales mentales tan entrañables como escaalofriaantes de aquellos, mis primeros años como aficionado a este, paradójicamente, bello deporte.

A éste no lo vi jugar, pero mi tío Marco (ya entrado en años, aunque “sufre” el síndrome de Dorian Gray) me lo sopla para que lo incorpore a este destacamento de adefesios. Se trata de un tal Pérez Quijanes. Así me lo contó: “Histórico defensor de San Felipe, no tenía cuello. Le decían ‘El no sé’ porque parecía que siempre estaba encogido de hombros”.

Hernán Pérez Quijanes.

Aprovecho de mencionar al “Chita” Cruz y a Roberto Hodge, dos monumentos a la resiliencia. Los dos fueron seleccionados chilenos, pese a que el primero le llegaba al ombligo a Pelé (la leyenda dice que jugando un amistoso entre Brasil y Chile en el Maracaná le estaba resultando tan difícil parar a “O Rei” que optó por bajarle los pantalones), y que el segundo daba la impresión de estar permanentemente compungido por algún malestar físico, cuando en realidad sólo se trataba que era “porfiado de cara”, como se decía antaño.

Humberto «Chita» Cruz.

A medida que pasaban los años mi lista de “Monsters Inc.” con canilleras crecía más y más. Tome nota a ver si comparte conmigo:

  • Marco Cornez, inamovible como tercer arquero en la era Santibáñez.
  • Clarence Acuña, “Brad Pitt” le decía “La Cuarta”.
Clarence Acuña.
  • Jaime Riveros (“El liebre”, de esos feos que hacían horas extra).
  • Hugo Tabilo (integrante de ese Cobreloa glorioso de los ’80 en que el requisito para ser titular era estar lo más alejado posible de los cánones de belleza).
  • Raúl Heriberto Aredes (estuvo una sola temporada en la “U”, la de 1994, la del campeonato luego de 25 años, pero bastó para confirmar dos cosas: que era un habilitador de excepción y que tenía bien ganado su mote de “Bruja”.
  • “Pistola” Flores y “Manteca” González. Cuál de los dos menos agraciado.
Cristián «Pistola» Flores.
  • “Chucky” González. Otro al que el apodo le caía como anillo.
  • “Condorito” Ugarte.
  • Lizardo Garrido. Al principio le decían “Lisandro”. Todos pensaban que estaba enojado porque iba por la vida “mirando feo”. Uno mira como es no más.
  • Mario Lepe. A este símbolo de Católica le decían “Lenguado”. Busque una foto de ese pez y averigüe por qué.
Mario Lepe.
  • Francisco Rojas. “El murci”, en alusión a uno de los mamíferos más horripilantes de la creación (foto principal de la nota).
  • “Kalule” Meléndez. Esa expresión significa “fácil” en zulú. No le quedaba otra.
  • Luis Alberto Mosquera. El eterno suplente de Pellegrini o Quintano en la “U” de fines de los ’70 y principios de los ’80. Le tocaba bailar con la fea. Oops, a propósito…
  • “La Nona” Muñoz. Otro azul. Bueno, si te llaman así es porque tienes cara de vieja. Nada que hacer.
  • Gonzalo Espinoza. “El Bulldog” tranca con la mirada. Así de intimidante el look.

Mención aparte merece un antimodelo que también hace cosas feas, el uruguayo Pablo Tallarico, cuestionado hombre orquesta de nuestro balompié. A propósito de él, se podría armar una poderosa selección de la mansión siniestra exclusivamente con charrúas. Quizás por eso hasta hace muy poco la sola presencia de la Celeste le infundía tanto temor a nuestra selección.

Pablo Tallerico.

Pienso en el Mazurkiewicz de Cobreloa, Ricardo Perdomo (cuartofinalista con Unión en la Libertadores del ’94), Washington Castro y Biscayzacú y se me pone de inmediato la piel de gallina.

A esta cruzada por el escalofrío se suman generosamente los muy vigentes “Ribéry” Muñoz (categoría “feo-tributo”), Carlitos Palacios (hoy en el fútbol brasileño), Lucas Pratto (ex cruzado que aporta con su imponente joroba) y Marcelo Cañete, la gran contratación de la “U”, cuya “facha” recuerda demasiado a… Mauricio Israel. 

Marcelo Cañete.

Hasta acá esta revisión de carachos desordenados y cuerpos que escapan aparatosamente del promedio fibroso y trabajado de nuestros peloteros. De más está recalcar que el físico es una cáscara, que lo importante va por dentro y que todos los mencionados fueron y son muy buenas personas.

Salvo Tallarico.