Gareca y el “Club de los Tigritos”: cómo resetear a Vidal, Alexis y Medel en la nueva etapa de La Roja

En la renovación de Chile para las clasificatorias, el técnico debe dotar al equipo de una arquitectura futbolística competitiva y disciplinar tácticamente a las figuras «doradas» que en la cancha apuestan más a la inspiración individual que a la funcionalidad.

Por CAMILO REY / Foto: ARCHIVO

Por su relevancia, la presentación de Ricardo Gareca como nuevo seleccionador chileno se transformó casi en un evento, adornado por ciertos giros novedosos en el programa y plagado de lugares comunes típicos de una rueda de prensa con preguntas clásicas.

De entrada, el presidente de la ANFP se adueñó de la “estrella” de la fiesta y, sólo después de reiterar ante todos sus logros curriculares en el fútbol, se lo cedió a una suerte de moderadora que lo entrevistó sin mucha fluidez ni profundidad. Incluso, Gareca se reacomodó en su sillón tras una consulta inicial de antología: “Cómo llega Gareca a Chile, un país tan tranquilo…”, le dijo la reportera, cuando aún todos los medios tenían como titular principal el descubrimiento de una “casa de torturas” del Tren de Aragua en Maipú, a pocos kilómetros de Quilín. Cosas del fútbol, se diría…

Después, el “Tigre” desarrolló su libreto con soltura ante consultas convencionales. “Quiero llegarle al jugador y al equipo en forma inmediata, y adaptarme al país y todo lo que tiene que ver con su manera de vivir, de sentir el fútbol. Ahora todo depende de mí esencialmente. Adaptarme a la exigencia del país y de la selección”, prometió.

Junto con declarar lo previsible en cuanto a que la Roja “está abierta a todos los jugadores chilenos, a todos los que quieran estar”, acaso lo menos esperable era que enviara un mensaje a las parejas de los futbolistas: “Ellas deben sentirse responsables del rendimiento de sus compañeros de vida”, aclarando que “obviamente yo no me meto en el ámbito más personal, pero sí quiero que se sientan involucradas”.

Gareca debutará el 26 de marzo en el partido de Chile con Francia, un amistoso de lujo para una selección devualada en la clasificación FIFA, donde se encuentra en el puesto 40.

La tarea inicial de conversar con todos los jugadores para conocer su “disponibilidad” la expuso de forma automática, lo que de inmediato reabre la puerta a la vuelta casi natural del portero Claudio Bravo, marginado tras un conflicto demasiado interno.

Una de las tareas más complejas del entrenador argentino será, en rigor, transmitir y lograr fidelizar en el grupo sus mandamientos futbolísticos: esquemas de juego, movimientos, funcionalidades, y subordinación a esa “arquitectura” que veían diluyéndose con Reinaldo Rueda y que Chile perdió absolutamente con Eduardo Berizzo.

EL SELLO DE GARECA

Parece clave, por lo visto el año pasado en general, que será esencial lograr que el equipo juegue “como quiere Gareca”. Y es que en el último tiempo Chile trasuntó en la cancha apenas una suma de arrestos individuales y la energía de distintos voltajes que aportaban Gary Medel, Arturo Vidal y Alexis Sánchez desde su individualismo a menudo diluido por la falta de disciplina táctica.

En el ciclo que abre el “Tigre” es imprescindible resetear el pasado positivo y también el olvidable para establecer una forma de juego distinta, apegada a las características del estilo que el argentino impuso en el Perú mundialista, y en una etapa en que la “generación dorada” hoy se extingue sin más.

Ya no es momento de intentar la dinámica frenética de Bielsa ni la intensidad avasalladora de Sampaoli y, aún con menor razón, la letanía de Rueda o el desorden-organizado de Berizzo.

En tiempos de renovación tampoco resulta agraviante cuestionar la vigencia de Vidal, Alexis y Medel en esta fase de La Roja, sin que la eventual suplencia de alguno se interprete como una afrenta al “orgullo nacional”.

Dialogante y cordial en el trato aún en las decisiones fuertes respecto a sus planteles, Gareca deberá demostrar su manejo en la relación con ese “club de los tigritos”, apelando a la referencia retro del programa de la TV infantil noventera que se popularizara en la misma época en que el goleador culminaba su carrera en Independiente. Y es que, al fin, si el técnico logra imponerle una funcionalidad táctica determinada al volante y fijar la posición de Alexis para terminar con la anarquía de ambos en el campo, la Selección habrá dado el primer paso al resurgimiento que todos reclaman cuando aún quedan brotes a la ilusión de los hinchas…