Gobernación del Biobío traspasó $274 millones a una ONG vinculada con el alcalde de Coronel

Recibió dicha suma, por asignación directa, la ONG Red Cultivarte, cuya representante legal es Elizabeth Villanueva, ex funcionaria de la propia Gobernación y cuyo marido es el hermano del edil Boris Chamorro.

Por EL ÁGORA / Foto: ARCHIVO

El caso de recursos públicos a ONG y fundaciones privadas parece no tener fin. No es que antes, con otros gobiernos, esto no se realizara, sólo que el escándalo que provocó el convenio entre el Minvu de Antofagasta y una fundación a cargo de un militante de Revolución Democrática, activó todas las alarmas y revivió -en buena hora- a políticos vociferantes que, en situaciones anteriores similares, guardaron un sospechoso silencio.

Ahora está en entredicho la transferencia de la Gobernación Regional del Biobío por 274 millones de pesos a la ONG Red Cultivarte, de Coronel, que está ligada estrechamente al alcalde de dicha comuna, Boris Chamorro. El problema es que la citada ONG está dirigida por su cuñada, Elizabeth Villanueva.

Elizabeth Villanueva se desempeñó como asesora comunicacional de la propia Gobernación, encargada de administrar las arcas públicas de la zona, en tanto que su marido, Carlos Chamorro, hermano del alcalde, es ejecutivo de la Corporación Desarrolla Biobío, la que es presidida por el gobernador Regional Rodrigo Díaz.

De por sí esta trenza se antoja más que sospechosa.

De acuerdo a información de Radio Bío-Bío, los $274 millones se aprobaron por asignación directa el 14 de octubre de 2022. Firmaron el convenio el gobernador, Rodrigo Díaz Worner, y Elizabeth Villanueva, en su condición de representante legal de la ONG Red Cultivarte.

Consejeros regionales acusan que, en este caso, hay un evidente conflicto de intereses, pues Carlos Chamorro es, además de hermano del alcalde coronelino, su hombre de confianza.

El que se requiera la aprobación del Consejo Regional sólo cuando la suma supera los $443 millones, sin duda se presta para todo tipo de situaciones poco claras, por decir lo menos.

Éste, sin duda, es otro vicio de nuestra democracia a medias.