Guede: los campeones no lloran. Simplemente ganan

Las cosas en su lugar: ni Deischler ni Polic pueden ser culpados de la derrota de Colo Colo en Temuco. Como buen argentino, astutamente, el técnico albo pretende distraernos y desviar el foco de lo principal: que su equipo fue superado y que, producto de ese contraste, se avizora un nuevo fracaso suyo en la banca del Cacique.

Distraer, desviar el foco, es una conducta muy argentina. Mejor dicho, rioplatense. Frente a cualquier contraste trascendente, de cara a una derrota, argentinos y uruguayos suelen intentar esconder su fracaso apelando a razones y argumentos que posibiliten saltarse el fútbol.

Lo hemos visto tantas veces y, sin embargo, seguimos cayendo en el juego.

¿Qué hizo Uruguay luego que, en cuartos de la Copa América de 2015, disputada en Chile, la Roja los eliminara con el gol del “Huaso” Isla? Culpar a la actitud anti deportiva de Gonzalo Jara en contra de Cavani como el causante de una derrota que, en lo que a juego respecta, era más que merecida. Porque incluso once contra once Chile había sido mejor, el único de los dos equipos que mostraba verdadera ambición por ganar.

¿Qué hizo a su vez Argentina luego de perder la final de la Copa Centenario frente a Chile, en Estados Unidos? Sacar a Lionel Messi del vestuario para que lanzara una “bomba”: anunciar su retiro de la albiceleste, provocando el esperado efecto de que se hablara mucho más de su renuncia que de lo que había pasado tras 120 minutos de juego y la dramática tanda de penales.

Eso sin contar las innumerables ocasiones en que, derrotados, cuadros argentinos y uruguayos armaron una batahola histórica para que al final se hablara mucho más del escándalo que del partido.

Todo a cuento de lo que vimos el pasado sábado, en Temuco, con Colo Colo y Pablo Guede. Y es que, superado el Cacique en el juego y en el marcador, por estos días se ha hablado mucho más del arbitraje de César Deischler, de la incidencia que en su cometido habría tenido el cuarto árbitro –Patricio Polic-, y de los castigos que esperan a jugadores e integrantes del cuerpo técnico albo por un descontrol que no es para nada casual, aislado ni fortuito.

¿Perdió Colo Colo el liderato luego de la derrota? Claro que sí, porque Unión Española no tuvo piedad con un Deportes Iquique que de animador del torneo pasó a ocupar el papel de partiquino. Pero –y esto es lo más importante- de ninguna manera puede decirse que haya perdido su opción al título. No sólo porque aún restan cuatro fechas, sino porque este fin de semana, precisamente, puede volver a la punta si en su cancha puede vencer al elenco hispano.

El que a lo mejor pensó eso tras la victoria temuquense fue el técnico Pablo Guede. Con dos fracasos a cuestas en la banca alba, él más que nadie debe tener claro que su crédito se le agota si suma un tercero. En otras palabras, de quedarse Colo Colo otra vez en lugares secundarios de la tabla al final del campeonato de Transición, la permanencia del trasandino se haría insostenible, por más que Mosa quiera seguir apoyándolo y por más que, al final de cuentas, el fracaso debiera ser atribuible, en primer término, a los jugadores.

Simplemente, porque son ellos al final de cuentas los ejecutantes. Dicho de otra forma: un equipo puede tener a Bielsa, a Guardiola o a Mourinho en la banca, pero si no existen jugadores mayoritariamente de calidad y jerarquía, pretender ser el mejor no pasa de un delirante y grosero voluntarismo.

Ocurre que Colo Colo, como la mayoría de los clubes nacionales, cuenta con un plantel sobrevalorado. Claramente insuficiente para la alta competencia internacional, cuestión que por lo demás refrendan sus últimos resultados en este campo, para la competencia local alcanza en la medida que el rival sea poquita cosa; pero no basta cuando se trata de un adversario que, a su aplicación sin pausas, suma un llamativo despliegue y tres o cuatro figuritas que, sólo por estar un poquito por sobre la media, pueden hacerle daño.

Ocurre que, una vez más, Colo Colo no está dando el ancho. Porque, claramente, para ser campeón no basta con ganarles a los clásicos rivales si no se es capaz de superar a otros que, como Antofagasta, Palestino, Universidad de Concepción, Iquique y Deportes Temuco, en teoría eran rivales más que propicios para enriquecer la tabla de posiciones. Dicho de otra forma: la satisfacción del hincha albo por derrotar primero a la “U”, y luego a Universidad Católica, no sirve de nada si al final su cosecha de puntos resulta insuficiente para sumar la estrella 32 y hay que presenciar a través de la televisión una vuelta olímpica ajena.

Colo Colo, qué duda cabe, en los últimos años ha comprado mucho y mal. Se ha llenado de apuestas, es decir, de jugadores que no por ser figuras en sus cuadros de origen van a ser instantáneamente estrellas en el Cacique. Y si alguien menciona entre ellos a Matías Zaldivia es, precisamente, por haberse transformado en la excepción a la regla.

Lo cierto es que, a la mayoría, la camiseta les ha pesado una tonelada a la hora de justificar su llegada al Monumental. Y como los muchachos que surgen de la cantera pueden ser incorporaciones aceptables, pero nunca un hallazgo como en su momento lo fueron Arturo Vidal, el “Mati” Fernández, Claudio Bravo y el “Mago” Valdivia, resulta un plantel que, así como le gana a cualquiera, pierde también frente a cualquiera.

Lo peor sería que el hincha albo se hiciera eco de la pataleta final de Pablo Guede en el Bicentenario de Temuco. Que le encontrara razón al técnico del Cacique en su inexplicable berrinche. Sencillamente porque la derrota no puede en ningún caso ser atribuible al desempeño del pito Dreischler. Y menos a la intervención del cuarto árbitro, Patricio Polic.

Lo concreto es que, todo lo que cobró Dreischler el pasado sábado, se ajustó al reglamento. El penal fue penal y la segunda amarilla a Zaldivia era lo que correspondía. Si expulsó a Paredes, en ese momento ya en la banca tras haber sido sustituido por Rivero, más que criticar al juez hay que preguntarse cómo es posible que un jugador con la trayectoria y experiencia del goleador albo haya proferido insultos tan extemporáneos ante decisiones referiles todas irreprochables.

¿Qué la primera amarilla al juvenil Berríos no correspondía, que el juez Dreischler en primera instancia no la había marcado y que sólo vino a hacerlo varios segundos después, y por consejo de Patricio Polic? Es también rotundamente cierto. Sólo que el muchacho debió haber sopesado que, justo o no, caminaba por la cornisa cuando irreflexivamente le entró con todo al zaguero Ramírez en una jugada para su cuadro absolutamente intrascendente. Y si él –por su clara inexperiencia- no pudo sopesar el riesgo que corría, para eso estaba su director técnico: para advertirle que, a la primera falta ruda que cometiera, se iba a tener que ir temprano de la cancha.

Dijimos, tras el partido, que Colo Colo volvía a Santiago derrotado y malherido. No sólo por haber perdido el liderato del torneo, sino porque ya está confirmado que a las ausencias obligadas de Paredes y Zaldivia deberá sumar la de Fernando Meza, sacado de la cancha en camilla.

Pero estar malherido no significa estar muerto ni mucho menos. Hora es de que Colo Colo eche mano a su tradicional temple. A ese que tantas veces en su historia le significó ganar partidos en el papel imposibles. Y, cuando pese a eso igual no alcanzó, supo guardarse el lloriqueo impropio de su historia y de su estirpe.

Los campeonatos, Pablo Guede, se ganan sin apelar a recursos pobres y bajos, como culpar a otros de derrotas que son responsabilidad exclusiva de los jugadores y suya.

Usted está en Colo Colo, un club al que –como a todos- le tocaron arbitrajes buenos y malos. Al que –inconscientemente- muchas veces perjudicaron tanto como favorecieron.

Y a propósito de eso, Pablo: ¿no fue este mismo Patricio Polic, al que usted ahora culpa de todos sus males y su pataleta, quien dirigió ese polémico partido de Copa Chile entre Colo Colo y La Serena? Corríjame si me equivoco: ¿No fue que Colo Colo sólo pudo seguir en carrera luego que el ahora vilipendiado Polic les anulara dos goles a los granates?

Déjese de llorar, Guede. Juegue y gane. Saque campeón a este equipo, que para eso lo trajeron y usted aceptó. Si no puede, asúmalo y, como corresponde, dé el paso al costado.

Todo lo demás es simple parafernalia. Fuegos artificiales para la galería. Una galería que, dicho sea de paso, cada vez le cree menos.