Hallan en Bolivia un pez capaz de sobrevivir fuera del agua

La especie permanece durante horas fuera de su hábitat natural sin sufrir ningún contratiempo, tras activar el “modo anfibio”.

Por ANDRÉS ALBURQUERQUE / Foto: HEINZ ARNO DRAWERT

El moema juanderibaensis, un pequeño pez que habita en Bolivia, tiene la capacidad de cambiar de una respiración branquial a una dérmica al activar el “modo anfibio”, lo que le permite permanecer durante varias horas fuera del agua si se siente amenazado o su charco se seca, de manera que puede moverse de una poza a otra.

El pez, perteneciente a la familia Rivulidae, fue descubierto en Santa Rosa del Sara, en el norte de Santa Cruz, dentro del espacio de conservación de recursos naturales “Juan Deriba”.

El investigador Heinz Arno Drawert, del Museo de Historia Natural “Noel Kempff Mercado”, avistó al pequeño animal en 1996, pero recién inició un trabajo de análisis de la especie en 2018, y en 2019 comenzó a recolectar especímenes, descifrando su particular naturaleza.

El pez llega a medir unos cinco centímetros, tiene un cuerpo plomo verdoso, con un patrón de puntos de colores. Las aletas, principalmente la de la cola, es vistosa y grande, y vive en charcos o ciertos ecosistemas de agua temporales que se conocen como “curichis”, que “están dentro del monte”, señaló Drawert.

Una de sus principales características es “la adaptación de sus huevos”, ya que quedan enterrados en el barro y pueden estar “por largos períodos” sin agua, pues los charcos se secan durante días o semanas, y los huevos pueden “sobrevivir” de dos a tres años en ese estado.

Heinz Arno Drawert en pleno trabajo investigativo.

“Entierran sus huevos en el fondo del charco, en el lodo o en la tierra, y los dejan ahí, y a los huevos no les pasa nada”, comentó el investigador.

Agrega que “se trata de peces excepcionales. Rompen todos los esquemas que uno tiene de un pez tradicional. Tiene un patrón de líneas que forman como una C en el cuerpo, con un punto celeste seguido por un punto rojo; no tiene manchas en las aletas pectorales, sino que es de color uniforme. Muchos permanecen pegados en las hojas de un arbusto, a unos 20 centímetros por encima del agua”.

“Parece que se debe a que son muy territoriales y encontraron esta manera de evitar agresiones entre ellos. Cuando el macho dominante se acerca al resto, tanto hembras como machos saltan fuera del agua para no pelear”, explica.

Cuando deben desplazarse a otra charca, dan saltos de 20 a 30 centímetros. “Así, con 10 saltos recorren tres metros, y con 50 ya tienen 15 metros o más”, concluye Drawert.