«Hay más información»: periodista sigue investigando vínculo de los Pinochet Hiriart con narcotraficantes

En el marco de la conmemoración de los 50 años del Golpe de Estado, Nicolás Sepúlveda y Benjamín Miranda, de Ciper, publicaron el reportaje que terminó impactando a la ciudadanía. Sepúlveda accedió a hablar con El Ágora para contar detalles de cómo realizó el trabajo.

Por PEDRO LIENQUEO / Foto: ARCHIVO

Hace unos días, Ciper Chile publicó en su sitio web un reportaje que revela los vínculos que tenían los hijos de Augusto Pinochet, Marco Antonio Pinochet Hiriart y Augusto Pinochet Hiriart, con narcotraficantes de la empresa Focus Chile.

Uno de los autores de la investigación, el periodista Nicolás Sepúlveda, accedió a hablar con El Ágora sobre el trabajo que realizó con su colega Benjamín Miranda.

«Yo soy bien poco llorón, pero creo que el periodismo de investigación bien hecho sí tiene interés en Chile. Los lectores valoran lo que hacemos», afirmó Sepúlveda.

– ¿Hace cuánto inició la investigación y cómo descubrieron el dato?

«En los primeros meses de este año nosotros empezamos a preparar el especial de Ciper para la conmemoración de los 50 años del golpe de estado. En el fondo era hacer un gran repositorio digital de documentos de distintas colecciones que tenían que ver con el reportaje que ibas a escribir. En la preparación de ese proyecto nos fuimos encontrando con algunas pistas sobre esta historia. A mí me llamó la atención y empecé a buscar más. Entremedio, había un nombre, el de Firmino Tavares, un canadiense que estuvo en la empresa Focus. Sobre él y sobre Focus había mucha información en la prensa de los 90 que no era corroborada, que decía que era una compañía relacionada con el narcotráfico, pero la justicia lo investigó como delitos tributarios. Entonces agarré algunos nombres de esa historia y las pasé por las bases de datos con las que nosotros trabajamos y ahí encontré que Tavares había sido condenado en España por narcotráfico. Con eso, me metí a buscar en la base de datos española y encontramos la condena judicial, donde se informaba que había lavado dinero y una parte venía de operaciones en Chile. Ese dato nos convenció de hacer una investigación sobre ese tema y nos demoramos más de cinco meses».

– ¿Cuántas fuentes en total consultaron?

«Documentales y bases de datos, muchas y de distintos países. Ahí nos sirvió mucho el trabajo colaborativo con colegas de otros lugares, como de España, Colombia, Perú… Las bases de datos que revisamos eran de Canadá, Estados Unidos, Panamá… Esto porque los personajes se iban moviendo haciendo negocios. Aquí en Chile tuvimos que desarchivar del sistema antiguo de justicia varias causas judiciales: ocho, si mal no recuerdo. Y muchos expedientes con miles de páginas. La causa tributaria que investigó lo de Focus está en San Miguel y tiene cerca de 30 tomos con 600 hojas cada uno. Además, hicimos decenas de entrevistas».

– Dentro de la investigación, ¿qué fue lo más difícil?

«Una dificultad importante es que varios de los protagonistas de la historia ya fallecieron y otros estaban muy reacios a conversar. A los hijos de Pinochet les enviamos cartas con preguntas y no quisieron responder. Tampoco lo hizo Edgardo Bathich. Firmino Tavares está lo más oculto posible. Pero sí logramos encontrar a algunos involucrados, como Frankell Baramdyka, quien era narcotraficante estadounidense. Él se cambió el nombre en el 2003 y encontramos ese dato en una causa en una corte de Los Ángeles, California. Pero luego logramos dar con su verdadera identidad y pudimos conversar con él y sus asistentes, quienes nos amenazaron y se negaron a conversar. Que hoy se destape esta historia no les hace ninguna gracia porque no enfrentaron la justicia por estas operaciones en Chile».

– Usted habló de amenazas. ¿De qué tipo recibió?

«No tan graves. A mí no me gusta el victimismo en el periodismo en Chile, aún podemos ejercer con seguridad. Amenazas del tipo de que «vamos a ejercer acciones legales» y de otro tipo, pero de personas que hoy son mayores y que ya no tienen el poder que tenían antes. Lo mismo nos pasó con un narcotraficante peruano, Jorge Zaher, quien también nos amenazó, pero nada grave».

– Dentro del reporteo, ¿descubrieron otros datos para hacer otra investigación? Como dice el dicho: «un libro abre otro libro».

«Sí, sin duda. Después de publicar, seguimos investigando y haciendo entrevistas, porque aparecieron nuevas fuentes. Es algo que vamos a seguir investigando. No sabemos si eso se va a traducir en más reportajes, pero sí hay más información».

– ¿La repercusión fue lo que esperaban?

«Fue mayor a lo que nosotros esperábamos. Es una historia antigua y muy relevante, porque está relacionado con la familia de Pinochet. Pero también es importante porque está asociado a delitos que mucha gente piensa que es una novedad. Con los datos que tenemos, hay una parte de la historia del narcotráfico en Chile y otros vinculados al lavado de dinero que ha permanecido oculta. Cuando recién había vuelto la democracia en nuestro país hubo un pacto de ‘no agresión’, por decirlo de alguna forma. Pinochet amenazó con un movimiento militar cuando se quería investigar algunos negocios de uno de sus hijos. Ahí quedó todo un periodo opaco, que no se investigó por la fragilidad democrática que había en Chile, pero luego tampoco».