Héctor Tapia asume la banca de Antofagasta

Héctor Almandoz no dio el ancho como director técnico del cuadro “Puma”. Ahora el ex jugador y entrenador de Colo Colo ocupará la banca Puma por lo que resta de temporada.

Por MARCELO CHELOI

Se lo dije a Jorge Sánchez y a toda la comunidad futbolera del Puma con la anticipación que me acostumbra y jugándome como siempre la credibilidad con el “diario del viernes”. Finalmente, la decepción fue mayor una vez consumados los hechos. Héctor Almandoz no estuvo a la altura de una Primera División, que, a pesar de todos sus ripios comunicacionales, debería agradecer que hay prensa partidaria preocupada de algunos clubes que culturalmente le hacen bien a nuestro país, como Antofagasta. 

Decir que fue un desastre es muy poco, y no hablo solamente de lo que vimos en cancha, sino que de él mismo como persona. Almandoz nos dejó al borde de llegar a sentir lástima. Algo que Diego Armando Maradona en un programa de TV señaló que no hay que sentirla por nadie. “¿Qué quieres que haga D10S?” Llegué a preguntarme. Sólo había que mirar su forma de gritar y dar instrucciones en su corralito todos los partidos. Le hizo hasta zancadillas a jugadores rivales. Siempre discutiendo con los árbitros. Haciendo cambios raros semana tras semana. Que le fuera bien en una plaza donde hay periodismo deportivo serio era un milagro imposible de suceder. Y aquí debo anclar una frase de Jurgen Klopp cuando fue presentado en Liverpool que realmente me hizo “click” por lo que revela en este preciso momento: “No es tan importante lo que la gente piensa cuando llegas, sino lo que piensa cuando te vas”. 

Almandoz entró por la ventana del Club Deportes Antofagasta y se fue por la puerta que tienen las mascotas en la cocina. Lo que es indignante desde el punto de vista dirigencial. Aquí todavía ni el presidente ni su gerente deportivo han dado la cara para manifestarse sobre el difícil momento deportivo que atraviesa el club. Porque la tabla de posiciones es un espejismo. La realidad es la tabla de los promedios. Ya es momento que al menos el señor Víctor Oyarzún explique por qué tantos errores consecutivos en una campaña que con o sin Covid-19 asomaba como terrorífica antes de la partida de Azconzábal. 

También es un buen momento de decirle ¡basta! a la gente que se escuda en la incapacidad para luego decir que quieren “hacer historia”. Como renunció Almandoz a fin de temporada lo tiene que hacer Oyarzún cuando termine la liga. No puede ser que lleve casi ocho años en un cargo donde nadie transparentó por qué fue el elegido, donde no ha conocido otra cosa que el fracaso. 

¿Cuál es la imagen de Oyarzún en el mundo del fútbol chileno? ¿Alguien lo ubica? Si él es Gerente Deportivo, cuál es el impedimento para no achacarle la decisión de elegir a un entrenador que duró 14 partidos y tuvo un récord de 47% de rendimiento, y que nada más sumó 5 puntos de los últimos 21 peleando la cima del torneo, o al menos, puestos de Copa Libertadores. 

Pasando en la elección DT, el primer y uno candidato era Héctor Tapia. Noticia no tanto por la novedad, porque es un nombre que ha sonado varias ocasiones en el pasado, sino por el costo si a “Tito” por alguna razón le va mal. 

Héctor Tapia asume la banca Puma con Miguel Riffo como primer ayudante y Andrés Sánchez como segundo colaborador.

En la mitad del 2018, Hernán “Nano” Torres recibió un llamado de parte de Tapia para sumarse a su cuerpo técnico en una vuelta al Estadio Monumental que no duraría mucho por mala campaña. Esto trajo consigo la vuelta automática de Torres a Antofagasta el 2019, aludiendo a una “vuelta de mano” con el club. Aquí lo curioso es que antes de irse a Colo Colo el año anterior, el PF dijo que la oportunidad que tenía al frente era “para volver a mi casa”. Es una situación que por lo menos a mí me preocupa, ya que la importancia de Hernán Torres para este núcleo de jugadores supera el trabajo físico. Torres es padre, amigo y confidente de un plantel que no le cree una palabra más a esta dirigencia pero que, como “empleados” en el papel, se sienten privados de hablar lo que sienten y sólo asentir cuando les preguntan algo.