Iba para desastre; al menos terminó dignamente

Argentina nos vapuleaba por 2 a 0 cuando recién iban 20 minutos de juego. El panorama no podía ser peor, porque Vidal jugó infiltrado y Alexis a los 15’ ya salía de la cancha. Se intuía un nuevo papelón, con boleta incluida, pero la roja de Messi y el que Chile se tranquilizara hizo al final la derrota más digna. Mirando lo que tenemos ofensivamente para las clasificatorias, sin embargo, el panorama es para llorar a gritos.

Iba para desastre. Cuando apenas corrían 20 minutos de juego, no hay quién no haya pensado en un nuevo papelón de la Roja en esta Copa América Brasil 2019 que había comenzado tan bien. Argentina se imponía por 2 a 0 a esa altura temprana y, como si fuera poco, Rueda se había visto obligado a prescindir, en el minuto 15, de Alexis Sánchez, su mejor carta ofensiva, por no decir claramente la única.

No hay -creemos sin temor a equivocarnos- quien no haya pensado que Argentina, con una sed de revancha que superaba por lejos la supuesta motivación de Chile, se encaminaba a una goleada inmisericorde, a repetirnos el toque y el baile a toda orquesta que tres días antes nos habían dado peruanos, para despojarnos de esa ilusión comprensible, pero improbable, de llegar a una tercera final consecutiva y, con la ayuda de los dioses y los astros, ganarla frente nada más ni nada menos que Brasil.

Terminados los 90 minutos de juego escenificados en el Arena Corinthians, de Sao Paulo, sin embargo, pudimos respirar tranquilos, aunque ciertamente desprovistos de la alegría que da la victoria. Y es que esta Roja, que se fue cayendo a pedazos con el correr del campeonato, que fue soslayando sus virtudes y ahondando sus evidentes falencias con cada partido, terminó su actuación en esta Copa con la dignidad que podíamos y debíamos exigirle a un equipo que nos brindó alegrías insospechadas en su momento, pero que indudablemente siente el paso de los años y sufre el desgaste que no se puede soslayar, por muchos esfuerzos que los muchachos hagan.

El marcador final, de 2 a 1, es lo que quedará para la historia. Una historia que ocultará aspectos que sin embargo, en este momento, no se pueden ocultar: por ejemplo, el que Argentina estuvo siempre más cerca del lapidario tercer gol que la Roja de un hipotético empate que habría significado, además, un alargue que se habría constituido en toda una tortura para un grupo de jugadores la mayoría de los cuales superó la curva de los 30 años. Que, por más esfuerzo que se puso, quedó claro que no teníamos grandes argumentos para aspirar a más.

Si con Alexis en cancha era dudoso que la Roja pudiera establecer sus términos, con él en la banca quedábamos desprovistos del único jugador capaz de prevalecer en un pique corto, de ganar en un mano a mano, de ganar el duelo hombre a hombre con habilidad. Vargas no tiene el pique de antes y sostener un balón de espaldas al arco contrario le cuesta un mundo. Fernándes -que ingresó por Sánchez- ratificó una vez más que puede ser un buen jugador de equipo, pero que no está en un nivel de Selección. ¿Castillo? Una vez más, Rueda lo mandó al sacrificio cuando ya no quedaba nada.

Si frente a Perú ingresó en los dos minutos finales, más los descuentos, esta vez lo mandó a la cancha faltando apenas siete minutos para el pitazo final. Sólo un genio del fútbol -y Castillo claramente no lo es- podría cambiar una historia escrita a fuego en esos minutos iniciales de espanto que vivió el equipo.

Iban apenas 12 minutos cuando una falta de Pulgar a Messi significó la apertura de la cuenta para el cuadro albiceleste. El mismo Messi, viendo que los jugadores chilenos se enfrascaban en un reclamo tan absurdo como inconducente, la movió rápido para un Agüero que entró solo para eludir la desesperada salida de Arias y hacerla llegar a las mallas.

Fue como la avivada del Liverpool para anotarle al Barcelona ese cuarto gol que zanjó la serie de semifinales de la Champions. Sin embargo, el que haya ocurrido antes, y seguramente muchas veces más seguirá pasando, no los exculpa de que los hayan pillado “pajareando”. Dicho más popularmente aún, “con la boca abierta”.

Ustedes, muchachos, en los últimos años se ganaron con todo derecho el título de “Maestros Internacionales” que se utiliza en el ajedrez para distinguir a los excelsos. Por lo mismo, resulta inconcebible que a un “Maestro Internacional” le metan un “jaque pastor” como el que impunemente les metieron a ustedes Messi y su banda.

Con Alexis fuera, con un Vidal claramente “tocado”, al punto que hubo que infiltrarlo para que pudiera estar, sin paso por las bandas de los laterales y nula capacidad de “punch”, que Argentina aumentara la cuenta fue sólo la consecuencia lógica del mejor juego que hasta ahí había podido desplegar. Esta vez fue Lo Celso quien se la metió profunda a un Dybala que sólo le mostró el número de la camiseta a Jara antes de enfrentar solo a un Arias absolutamente entregado para batirlo con un remate picado y suave.

Fue en ese momento que todos pensamos en una nueva tarde de pesadilla. Es que no sólo íbamos a perder, sino por una boleta que hasta podía ser histórica. Aunque desde luego no es para aplaudirlo, mucho nos ayudó el “flaite” que sacó a relucir Medel, tras un empujón con manotazo en la espalda que le dio Messi sobre la línea de fondo. El “Pitbull”, recordando viejos tiempos, más de barrio que de futbolista profesional, le pegó dos o tres pechazos a un Messi que, ciertamente, tampoco podía “arrugar”. Mucho menos cuando no faltan los propios argentinos que, ante su ausencia de títulos con la albiceleste, lo han catalogado a menudo de “pecho frío”.

Resultado: tarjeta roja para ambos.

Para suerte de Chile, se tranquilizaron los ánimos al interior del equipo en la segunda etapa. La mayoría entendió que primero hay que jugar, o al menos intentarlo, antes de andar de guapo por la vida. Lo otro que se calibró, y ciertamente no era un hecho menor, es que sin con Messi en cancha Argentina no pasa de ser un equipo común y corriente, sin él sus opciones disminuyen todavía más.

Argentina misma lo sabe. Optó por replegar sus líneas, dejar que la Roja se viniera y liquidarla de contra. El primer cálculo no podía ser más atinado. Este equipo de Rueda carece por completo de variantes, de “punch”. Los chilenos se iban a limar los dientes, deben haber pensado. El segundo, no tanto: sin la “Pulga” en cancha, los varios contragolpes que la albiceleste tuvo nunca llegaron al gol, aunque provocaron más de un desaguisado en el fondo nuestro que ponían la carne de gallina.

El premio para el esfuerzo que hacía la Roja llegó a través del VAR. En el límite del área, pero unos centímetros adentro, Lo Celso le hizo foul a Aránguiz no advertido por el pito paraguayo, a dos metros de la jugada. Argentina ya se preparaba a servir el tiro de esquina con que Pulgar evitó el gol luego del contragolpe fulminante cuando desde la cabina vino la alerta. Frente al balón, Vidal le dio fuerte y al medio mientras Armani elegía su izquierda para lanzarse.

No teníamos, realmente, otra vía para llegar al gol como no fuera de un tiro libre o, como en este caso, de un penal. ¿Y cómo mejoramos esto para las clasificatorias rumbo a Qatar si, aparte de lo que vimos en esta Copa américa, no hay nada más?

Problema inmenso para Rueda en los meses que vienen. Problema dramático, además, porque después de esta “generación dorada”, que se extingue irremediablemente, el fútbol chileno abrazó un sistema de Sociedades Anónimas Deportivas que, excepto provocar todo tipo de vicios e irregularidades, ha sido incapaz de producir ni siquiera un par de jugadores de verdadero nivel internacional.

PORMENORES

Copa América Brasil 2019. Partido por el tercer puesto.

Estadio: Arena Corinthians, de Sao Paulo.

Público: 45 mil espectadores, aproximadamente.

CHILE: Arias; Medel, Jara (50’ Maripán), Díaz; Isla, Aránguiz (83’ Castillo), Pulgar, Beausejour; Vidal; Vargas, Sánchez (15’ Fernándes).

ARGENTINA: Armani; Foyth, Ottamendi, Pezzella, Tagliafico; De Paul, Paredes, Lo Celso (89’ Funes Mori), Messi; Dybala (67’ Di María) y Agüero (81’ Suárez).

GOLES: Para Argentina, Agüero a los 12’ y Dybala a los 21’; para Chile, Vidal (penal) a los 58’.

Tarjetas amarillas: En Chile, Vidal, Pulgar y Beausejour; en Argentina, Foyth, Pezzella, Tagliafico y Paredes.

Tarjeta roja: En Chile, Medel y Messi en Argentina, a los 37 minutos.