Igualar frente a Argentina nunca será un mal resultado

La Roja y la albiceleste protagonizaron un discreto partido y firmaron un justo empate en Los Angeles. La figura de Chile fue, sin duda, Paulo Díaz, por lo que Medel tendrá que cuidarse. El equipo de Rueda, sin embargo, sigue evidenciando una preocupante falta de “punch” ofensivo.

Empatar con Argentina, como esta vez 0-0 en Los Angeles, nunca podrá considerarse un mal resultado. Por la paternidad histórica y aplastante del combinado albiceleste sobre el nuestro y porque, a la hora de eso que se llama recambio, que Reinaldo Rueda debe apurar obligatoriamente, el fútbol trasandino siempre ha tenido más opciones.

Dicho de otra forma, mientras Argentina produce año a año jugadores de nivel internacional, el fútbol nuestro, producto de una competencia interna absolutamente mediocre, no saca prácticamente a nadie desde hace años.

Ambos llegaban a este compromiso amistoso con abundancia de caras nuevas, pero mientras Scaloni disponía de Dibala para reemplazar a Messi, de Martínez para suplir a Agüero y a un Martínez Quarta que hizo olvidar por completo a Pezzella, titular absoluto en la Copa América, la Roja debía echar mano a jugadores que eran toda una incógnita.

Y, de ellos, sólo algunos aprobaron con honores, empezando indudablemente por Paulo Díaz, lejos el mejor del equipo y que, con lo que jugó, demostró que le puede pelear el puesto a Medel con todo merecimiento. Es más: por frescura, decisión y velocidad, el llegado a River tiene todas las posibilidades de transformarse en titular inamovible para cuando comiencen las clasificatorias.

Vegas, que hasta ahora había sido utilizado por Rueda como lateral izquierdo, esta vez de central se exhibió como un valioso complemento de un Paulo Díaz que no sólo juega bien, sino que tiene todas las trazas para transformarse en el nuevo caudillo del equipo.

Opazo y Parot, los laterales, cumplieron en la marca, pero sobre todo el de Universidad Católica mostró un tremendo déficit cuando se trató de manejar el balón y aportar en la salida. Se enredó demasiado. Y para qué hablar pasando en ataque, como solía hacerlo el Beausejour de sus buenos tiempos. La única vez que amenazó con una buena carga por su banda, recibió un grosero empellón de Montiel que le significó al lateral argentino ganarse la amarilla.

En el mediocampo, sin duda aprobaron Baeza y Aránguiz, y aunque Pinares no decepcionó, carece de las cualidades para limpiarse el camino y poner pases intencionados. Para decirlo de otra forma, al trío de volantes le faltó esa cuota de talento y magia que, por lo demás, no se compra en botica.

De ahí en adelante, lo que se presumía. La carencia de “punch” ofensivo en la Roja no es algo nuevo. Menos si, como en tantas otras inexplicables ocasiones, Rueda insistió con Sagal, un jugador que tal vez puede rendir en México, pero que reiteradamente ha demostrado que la Roja le queda grande.

Al hecho evidente de jugar toda la primera etapa con un jugador menos, hay que sumar el que Vargas -como se vio ya en la Copa América- ha perdido casi por completo la explosión para, en pocos metros, superar a un defensor con velocidad. Hoy es presa fácil para cualquier defensa experimentada, y la argentina lo es.

¿Alexis? Comenzó siendo -para bien y para mal- protagonista. Participó bastante en el juego los primeros veinte minutos, aunque sumando más errores que aciertos (quedarse con el balón cuando no debe o jugar rápido cuando tampoco debe), para desaparecer luego por todo el resto de esa primera etapa. Y en el segundo tiempo sólo mostró tenues chispazos que estuvieron lejos de convertirlo en el jugador preponderante que se esperaba.

Frente a Honduras no estará. Este viernes volaba de regreso a Milan para entrenar en el Inter.

Aunque el partido fue parejo, tanto que cada equipo estrelló un balón contra el travesaño, hubo escasas llegadas a los arcos. Un poco más de Argentina, eso está claro, pero nada que haga suponer que dejaron ir la victoria por ineficacia. La mejor prueba es que Claudio Bravo, que retornaba a la Roja tras exactamente 696 días de ausencia, estuvo lejos de tener un trabajo agobiante.

El otrora capitán, en todo caso, demostró que con los pies entre él y Arias hay un mundo de diferencia.

De los que ingresaron en el segundo tiempo, fue llamativo lo que hizo en 35 minutos Alarcón, el volante de O´Higgins que ingresó por Claudio Baeza. Demostró una personalidad a prueba de balas y criterio para hacer siempre lo justo, pero bien.

El empate sin goles tuvo indudablemente mejor sabor de boca para Rueda y para el aficionado chileno que para Scaloni y la hinchada argentina. Y es que, mientras nosotros tenemos que atesorar un resultado así, que tranquiliza el ambiente y ayuda a reforzar convicciones, la albiceleste está obligada a sentir que algo falló como para no poder derrotar a Chile.

Que se hayan hecho “tablas” frente al seleccionado albiceleste constituye, sin duda, un gran refuerzo anímico para lo que viene, pero en ningún caso como para sacar cuentas alegres con miras a Qatar 2022.

No tenemos delantera. No tenemos quien haga goles. Y si no tenemos gol es bien poco lo que se puede hacer en las clasificatorias.

PORMENORES

Partido amistoso internacional.

Estadio: Memorial Coliseum, de Los Angeles, Estados Unidos.

Público: 7 mil personas, aproximadamente.

Arbitro: Jair Marrufo, de Estados Unidos.

CHILE: Bravo; Opazo, Díaz, Vegas, Parot; Pinares (82’ Jeraldino), Baeza (55’ Alarcón), Aránguiz (88’ Lichnovsky); Sagal (46’ Rubio), Vargas (66’ Valdés), Sánchez.

ARGENTINA: Marchesin; Montiel, Otamendi, Martínez-Quarta, Tagliafico (75’ Acuña); De Paul (67’ Domínguez), Paredes (85’ Rodríguez), Lo Celso (52’ Palacios), Dibala (70’ Mac Allister); Martínez y Correa (57’ Alario).

GOLES: No hubo.

Tarjetas amarillas: en Chile, Vegas, Baeza, Pinares y Aránguiz; en Argentina, Montiel, Tagliafico, Paredes, De Paul, Domínguez y Dibala.