Improvisación y falta de autoridad: Unión y la U vuelven a desnudar la crisis del fútbol

Ambos clubes están enfrentados por el partido que definirá el Chile 4 para la Copa y que quizás nunca llegue a jugarse, mientras la ANFP refrenda la falta de manejo del último tiempo para reanudar el torneo y no someterse a las figuras de la Selección.

La vuelta del fútbol profesional tardó casi dos meses y medio luego del estallido social y lo hizo de la mano de la reedición de las clásicas reuniones dobles en el estadio Nacional, exentas de una gran convocatoria y -felizmente- de las nefastas barras bravas.

Sin embargo, el público futbolero esperaba con mayor expectación un partido que, quizás, nunca llegue a jugarse, por imperio de la improvisación y desorden constante del fútbol criollo en el último tiempo.

Fijado para el sábado en La Serena, el encuentro de la U y Unión Española debe definir el cupo Chile 4 para la Copa Libertadores, sujeto en estos días a un cuestionamiento de carácter reglamentario que podría llevar el reclamo de Unión a la instancia más temida por el presidente de la Anfp y su gente: la Justicia ordinaria.

El contexto, por cierto, responde a una irregularidad fragrante, ya que el torneo anterior terminó por fuerza mayor cuando la U estaba en zona de descenso, y Unión optando en el torneo a una clasificación directa a las copas. Por ello, los hispanos hoy aducen que el pase les corresponde en forma legítima, ya que eventualmente los azules habrían descendido y su ubicación en la tabla les permitía esperar un lugar favorable si el campeonato terminaba normalmente.

Ahora, a 72 horas del partido de semifinal de la Copa Chile, Unión se niega a jugar, la U espera tranquila que el “destino” le instale providencialmente en la Libertadores y las “autoridades” -es un decir, claro- de la ANFP no saben que atajo tomar para evitar el conflicto mayor y que el caso llegue a esa Justicia convencional que tanto atemoriza a la Fifa.

La historia de otros desencuentros similares indica que el club de Jorge Segovia hará valer sus argumentos para poner en jaque la débil conducción de Sebastián Moreno en Quilín, y que probablemente alguna compensación económica posibilitará un cambio de decisión que impida la aplicación de un castigo a Unión y, de nuevo, un beneficio caído del cielo para la institución de Carlos Heller.

Si no llegara a jugarse el partido de la discordia, en rigor, simplemente sería un nuevo escándalo en un fútbol chileno marcado por el desorden y la falta de soporte institucional, que hizo “cortocircuito” con el torneo cuando cayó la primera chispa del estallido social y, de paso, las principales estrellas de la Roja fueron capaces de suspender un partido internacional con Perú en las barbas de los dirigentes y del impasible colombiano Rueda.