Interpol en el Caupolicán: show de alta intensidad y canciones poderosas

Con una puntualidad sustancial, Banks, Kessler y Fogarino se tomaron el escenario para descargar todo el repertorio que traía Interpol hasta Chile, celebrando los aniversarios de los álbumes “Turn On The Bright Lights”, editado en 2002, y “Antics”, publicado en 2004.

Por RODRIGO CABRILLANA / Foto: GENTILEZA

Gabriela Mistral dejó testimonio en alguno de sus escritos que Chile era un país de tintes melancólicos y con fuerte tendencia a la nostalgia. Algo que como colectividad podría explicar nuestro férreo gusto por las texturas musicales con propiedades sombrías y misteriosas, que es una particularidad en la que podría catalogarse la estética del sonido de Interpol.

Y cabe hacer esta reflexión, porque su musicalidad recuerda inevitablemente al muro industrial del post-punk y al resplandor de oscuridad que tienen las melodías de Joy Division, así como también, las raíces de la discordia que tienen las canciones de Nirvana y la característica subterránea del rock que cultiva Sonic Youth.

Si ponemos todas esas influencias en una licuadora sónica, probablemente nos encontraremos con algo musicalmente cercano a lo que es Interpol y que genera una importante legión de seguidores en nuestro terruño.

Y es preciso igualmente hacer esta afirmación, porque esa misma fanaticada fue la que la noche del pasado viernes repletó hasta las banderas el Teatro Caupolicán, causando que no cupiera nadie más, faltando tan sólo unos pocos minutos para el inicio del show, fijado a las nueve de la noche.

Y con una puntualidad sustancial, Banks, Kessler y Fogarino se tomaron el escenario para descargar todo el repertorio que traía Interpol hasta Chile, celebrando los aniversarios de los álbumes “Turn On The Bright Lights”, editado en 2002, y “Antics”, publicado en 2004.

Frente a la ansiedad de una audiencia apasionada que solamente quería escuchar y ver en directo a una de las bandas del rock alternativo más importantes de Nueva York, lo que siguió fue una comunión constante entre la agrupación con cada uno de sus fanáticos que saltaban enérgicamente cuando cada pieza musical lo requería.

Fue así que composiciones emblemáticas como “Slow Hands”, “Evil” y “Obstacle 1” hicieron vibrar la cancha del Caupolicán, donde a algunos parecía írseles la vida por los poros bailando frenéticamente, mientras la voz de Paul Banks entonaba estos lúgubres himnos de Interpol, acompañado de la melódica guitarra de Daniel Kessler y la imponente batería de Sam Fogarino.

Alta música, que también se hacía acompañar de instantes de mucha intimidad entre el grupo y su público, con piezas como “Specialist”, con la cual abrieron el show. Espectáculo que finalmente contempló 20 canciones y un encore, con una duración aproximada de dos horas.

Un concierto que a momentos se transformaba en una discoteca con el efecto visual que causaba la iluminación, y las luces bajas que a ratos también generaban ese ambiente medio tenebroso y enigmático que arroja la estética de Interpol. Algo que inevitablemente nos recuerda lugares como Blondie, donde cancioneros de este tipo, se toman esos espacios bailables durante los fines de semana.

En resumen, una puesta en escena correcta, intensa, resuelta y en total complicidad musical de la banda con todos sus fans. Interpol, una vez más logró conquistar sin mayores dificultades a su fiel público, que ya se había hecho notar con claridad en cada una de sus visitas anteriores.

Santiago quedará sin dudas, a la espera de un nuevo regreso, para vibrar con cada una de las canciones del conjunto de Manhattan, que, por estos lares, suele salir victorioso y muy aclamado en todos sus shows.