Joao Havelange: la muerte de un personaje controversial

A tres meses de haber cumplido los 100 años, producto de agudos problemas respiratorios, llegó a su fin la vida de un hombre cuya vida y actuar no admite medias tintas: o se le admira o se le detesta. Mientras para algunos fue un visionario que convirtió el fútbol en lo que es hoy, para otros plantó el germen de la corrupción en esa FIFA que condujo durante 24 años.

Para algunos, sembró la semilla de la corrupción en la FIFA; para otros, acaso los menos, fue un visionario que vio el fútbol como una industria tanto o más fuerte y poderosa que cualquier transnacional. Joao Havelange, muerto a los 100 años en su natal Río de Janeiro este martes 16 de julio, deja tras su partida tanto la admiración de sus incondicionales como el anatema de aquellos que lo sindican como el causante de todos los males que hoy sacuden al deporte más popular del mundo.

Bautizado como Jean-Marie Faustin Goedefroid Havelange, el nacido en plena primera Guerra Mundial era hijo de un empresario belga dedicado a la venta de armas. De situación acomodada, Havelange protagonizó una vida de ribetes cinematográficos donde el deporte nunca dejó de estar presente.

Con 20 años, integró el equipo brasileño de natación en los Juegos Olímpicos de Berlín 1936, en pleno ascenso del nazismo alemán. Con 36, integró la selección de waterpolo de su país en Helsinski 1952 y, ya retirado de la actividad deportiva, presidió la delegación de su país en los Juegos de Melbourne, 1956. Quiso el destino que el protagonista de los Juegos de pre y post guerra, falleciera en el hospital Samaritano luego de un mes internado en el nosocomio, producto de problemas respiratorios, en los mismos días en que se disputan los Juegos Olímpicos de Río 2016.

Su carrera como dirigente la inició en el Comité Olímpico Brasileño, para luego pasar a ocupar cargos de responsabilidad en la Confederación Brasileña de Fútbol.

La historia cuenta que el Mundial de 1966, en Inglaterra, marcó su ingreso a la FIFA, a la fecha dirigida por el inglés Sir Stanley Rous. El trato cavernario que le dieron a Pelé los búlgaros primero, y los portugueses después, ante la absoluta complacencia de los árbitros europeos designados para aquellos partidos, provocó la indignación de Havelange, quien veía con impotencia como el mejor jugador de fútbol de todos los tiempos se perdía por lesión el último partido de la serie, frente a Hungría, y Brasil perdía la oportunidad de revalidar la Copa Jules Rimet que había logrado en Suecia 1958 y en Chile 1962.

El camino quedaba despejado para que Inglaterra, cuna del fútbol, se consagrara por primera y única vez campeón del mundo.

Decidió entonces Joao Havelange postularse a la presidencia de la FIFA para las elecciones de 1974. Realizó una verdadera gira mundial para obtener los votos y su prédica de abrir la Copa del Mundo de selecciones a continentes hasta ese momento con muy pocas posibilidades de clasificar equipos, como Africa, Asia y Oceanía, surtió efecto: en el congreso de la FIFA de junio de 1974 en Frankfurt, Alemania, el brasileño derrotó por 68 votos contra 52 a un Stanley Rous que, desde noviembre de 1961, dirigía la FIFA sin ningún tipo de contrapeso.

“Soy un vendedor de un producto llamado fútbol”, fue una de sus primeras declaraciones al asumir. Y vaya que cumplió.

La sede de la ahora cuestionada FIFA era una pequeña casa en Zurich, Suiza, en la que apenas trabajaban 12 funcionarios a tiempo completo. Havelange, que hablaba seis idiomas y era un consumado “lobbista”, fue el primero en entender el fútbol como un formidable vehículo publicitario y un producto de primer orden para las grandes cadenas televisoras a nivel mundial.

Con un marcado perfil diplomático, tuvo la astucia de crear vínculos estrechos con los reyes de la industria deportiva, como Horts Dassler, de Adidas, y de atraer a su industria a marcas como la Coca Cola, Nike, McDonald´s y Budweiser, entre otras.

Bajo su mandato, España 1982 vio crecer el número de países participantes en un Mundial desde 16 a 24, estableciendo para Francia 1998 el número de 32 países que hasta hoy se mantiene.

Para cumplir sus promesas de campaña se jugó por más cupos para Asia o África, señalando de este último continente que “ahí está el futuro del fútbol”, y por entregarle la organización de la Copa del Mundo de 1994 a Estados Unidos, contra las voces disidentes que argumentaban que era un país sin mayor historia en el deporte. Havelange respondió que “con el torneo allí vamos a incorporar con fuerza a la FIFA a los 50 países más ricos del mundo”, aludiendo a la realidad económica de cualquiera del medio centenar de Estados de la Unión.

No dejaba de tener razón: el estado de California sería la sexta economía mundial si fuera considerado como una nación independiente.

No paró allí: con el generoso auspicio de las más influyentes y poderosas empresas del mundo impulsó la creación de torneos internacionales de categorías inferiores, dinamizó el fútbol femenino, el fútbol-playa, el fútbol indoor y creó programas de fomento del deporte en los países denominados eufemísticamente “en vías de desarrollo”, por no decir derechamente subdesarrollados. A su partida, el patrimonio de la FIFA se cifraba en más de 4.000 millones de dólares. La otrora modesta sede de Zurich se había transformado, además, en un impresionante complejo de edificios en el cual hoy trabajan más de 200 personas.

Dicen que, a poco de asumir el cargo, se propuso despedir al gerente de FIFA, herencia de los tiempos de Stanley Rous. Que para costear la exoneración, pagó de su propio bolsillo una cifra cercana al millón de dólares, moneda actual. Que luego convenció a Joseph Blatter de asumir tal cargo, sacándolo del alto puesto que ocupaba en la industria relojera suiza Longines y que este, al ver las posibilidades que se le abrían, no dudó en aceptar el puesto que antes había sido el de su suegro, despedido por el brasileño.

Havelange, por cierto, más de una vez visitó el país. Acompañado precisamente de Blatter, estuvo en el sorteo del Mundial Juvenil de 1987 en el salón Létoile del hotel que acogió la protocolar ceremonia, aunque el aficionado chileno sin duda lo recuerda más por los implacables castigos que le fueron aplicados dos años más tarde al fútbol nacional por el vergonzoso “Maracanazo”.

Porque ni aún la intermediación de amigos cercanos, como Miguel Nasur, a la fecha vicepresidente de la Confederación Sudamericana de Fútbol, pudieron impedir o morigerar el que a Roberto “Cóndor” Rojas se le sancionara a perpetuidad, lo mismo que a Sergio Stoppel, presidente del fútbol nacional, a Fernando Astengo con tres años y a Orlando Aravena, director técnico de la Roja, con cinco años, aparte de otros castigos menores a integrantes del cuerpo técnico, como el médico Daniel Rodríguez, el kinesiólogo Alejandro Koch y el utilero Nelson Maldonado.

Los dirigentes de Colo Colo, sin embargo, tienen razones para guardarle agradecimiento a Havelange: fue fundamental en la terminación del Estadio Monumental.

Cuenta un personero de la época: “En una de sus visitas al país, Havelange visitó el estadio, cuyas obras estaban inconclusas durante décadas. No nos prometió nada, pero nos dijo que vería de qué modo ayudarnos y que podríamos tener pronto noticias. Tres meses después, aproximadamente, recibimos un llamado de la Coca Coca desde Atlanta. Colo Colo firmó entonces un importante contrato en dólares a cambio de la publicidad en el recinto durante cuatro años. Esa es la verdad. El estadio no se terminó ni con los dineros de la transferencia de Hugo Rubio al Bologna italiano, porque no alcanzaban, ni mucho menos con platas de Pinochet, como afirman mal intencionadamente los hinchas de la U. De ningún gobierno Colo Colo recibió jamás un solo peso”.

El tráfico de armas, su apoyo o al menos su actitud alcahuete frente a las dictaduras latinoamericanas (mientras entregaba la Copa del Mundo a Daniel Passarella, capitán de Argentina en 1978, a pocos metros del estadio Monumental de River Plate se torturaba gente en la Escuela de Mecánica de la Armada), fueron acusaciones que ensombrecieron siempre la gestión de Havelange.

Del organismo máximo del fútbol mundial se alejó tras concluir el Mundial de Francia 1998. Al mejor estilo de las monarquías, designó como su sucesor a Blatter.

Su controversial imagen, sin embargo, sólo vino a deteriorarse definitivamente luego que, en mayo del año 2010, la Fiscalía Suiza revelara que entre 1992 y 1997, Havelange había recibido un millón y medio de dólares en coimas de parte de la empresa de mercadeo deportivo International Sports and Leisure (ISL), socia de la FIFA hasta su quiebra, en 2001. Su ahora ex yerno, Ricardo Teixeira, casado con la hija única de Havelange, Lucía, había recibido de la misma empresa, siempre según la misma investigación, sobornos por 13 millones de dólares al valor actual.

En el caso de Havelange, se señaló que para finalizar la investigación de la fiscalía los dineros fueron devueltos, bajo la condición de que ningún nombre de los involucrados saliera del anonimato. En cuanto a Texeira, mencionado en la investigación como un testaferro de su ex suegro, recién vino a renunciar en 2012 a la presidencia del Comité Organizador de la Copa del Mundo de 2014, en su país, abandonando además su puesto en el Comité Ejecutivo de la FIFA citando razones personales y de salud nunca especificadas.

En cuanto a Havelange, en 2011 renunció a su condición de miembro del Comité Olímpico Internacional (COI) y en abril de 2013 a su puesto de presidente honorario de la FIFA.

Como su amigo Antonio Samaranch, ex presidente del Comité Olímpico Internacional (COI) y otros dirigentes de nivel mundial, Havelange siempre estuvo convencido de que el deporte internacional debía coexistir con todas las vertientes ideológicas mundiales si pretendía sobrevivir y crecer. Ese dudoso eclecticismo, que algunos podrían calificar como indiferencia social o vergonzoso practicismo, le permitió a Havelange compartir palco con el dictador argentino Jorge Rafael Videla y, al mismo tiempo, recibir la Legión de Honor francesa o la Gran Cruz de Isabel la Católica.

Se ha ido de este mundo, pues, un personaje tan interesante como controversial.

Algunos lo recordarán como todo un visionario, el hombre que logró hacer del fútbol lo que es hoy respecto de su masividad, popularidad y desarrollo.

Otros, como el dirigente ambicioso y corrupto que sirvió de espejo a los malandrines que lo sucedieron, entre ellos algunos que conocemos bien de cerca.