José Miguel Ibáñez Langlois: “Las artes contemporáneas no tienen la calidad de aquellas de cincuenta o de cien años atrás”.

El poeta, crítico literario y filósofo, autor de una docena de textos, lanzó su último libro “La Belleza y el Arte” (Estética y Filosofía del Arte) a finales de junio pasado bajo la etiqueta de Ediciones UC. Conversamos con el autor para conocer más acerca de esta obra.

Por RODRIGO CABRILLANA / Fotos: ARCHIVO

“Un ensayo libre de carácter divulgativo apto para todo lector culto que se interese en el tema. Escrito en un lenguaje a la vez riguroso y claro, su objeto es dar respuesta a estas dos grandes interrogantes: qué es la belleza en sus múltiples formas, y qué es la obra de arte, sea literaria, plástica o musical”.

-Señor Ibáñez Langlois, ¿por qué es importante comprender la relación entre el arte y la belleza desde una mirada estética, histórica y también contemporánea?

“Porque sin esta relación con la belleza, el arte queda sin rumbo, sin objeto, sin la cualidad específica que lo define. En esas condiciones, a cualquier producto humano se lo puede llamar arte, lo que significa la negación misma del arte. A su vez, sin esa relación con el arte, se priva a la belleza de su propio sujeto o sustento, que es la obra visual, literaria o musical, y se la reduce a la mera hermosura de la naturaleza”.

-¿Cómo podríamos aproximar este tipo de ensayos de esencia filosófica y estética al lector común?

“Con ejemplos: con poemas, con sonatas, con pinturas. Es lo que intento hacer en mi libro, pero a escala muy limitada. La mejor aproximación se hace con un texto a la vista, o con la referencia de un cuadro o una sinfonía, al analizar cómo se produce el efecto llamado arte y belleza, con que medios expresivos se da forma a la vivencia humana que está en su base. Yo descreo de las generalidades que no procedan de la experiencia directa de las obras de arte mismas”.

-¿La tecnología actual y “la cultura de la inmediatez” existente es un impedimento para el goce total de la belleza? ¿Por qué?

“Las nuevas tecnologías nos ofrecen posibilidades fantásticas, nunca imaginadas antes, para la apreciación estética. Las reproducciones casi instantáneas de textos, de pinturas, de composiciones de todos los tiempos, son todo un privilegio actual. Pero, en sentido contrario, esas tecnologías producen en la mente un afán utilitario, práctico, funcional, que desplaza las cosas ‘inútiles’, como son las obras de arte, que no ‘sirven’ para nada porque son valiosas en sí mismas, son un fin en sí y no un medio para otra cosa. Y la contemplación de la belleza necesita calma, tiempo, serenidad, es decir, lo contrario de la inmediatez”.

Portada del último libro de José Miguel Ibáñez Langlois.

-De acuerdo a su percepción: ¿dónde podríamos encontrar actualmente la belleza? ¿Por qué?

“La belleza anda por todas partes; es cosa de tener ojos para apreciarla. Belleza hay en cada rincón de la naturaleza, y nuestro acceso a ella se ha facilitado de manera increíble con los documentales que nos ponen hasta los rincones más remotos al alcance de nuestra mirada. Y luego están las bibliotecas, los museos, las grabaciones, que contienen mucha cosa insustancial, pero quien se ubica en ellos, sobre todo con la guía de expertos, sabrá distinguir el trigo de la paja”.

-En su opinión: ¿qué autores contemporáneos cultivan la maestría del arte y la belleza en sus obras musicales, literarias o pictóricas?

“Creo que las artes contemporáneas no tienen la calidad de aquellas de cincuenta, de cien años atrás. No conozco ningún poeta actual a la altura de Neruda, de Vallejo, de Eliot, de Pound; ni músicos a la altura de Dvorak, de Mahler, de Stravinski; ni pintores a la altura de Van Gogh, de Chagall, de Picasso. Pero allí están esos maestros que he nombrado, y cuya apreciación puede llenar de gozo al oyente, al lector, al espectador más exigente, sin necesidad de ser contemporáneos”.

-¿Cómo dialoga este ensayo con otros textos locales más recientes o inmediatamente anteriores?

“Con textos locales, es mucho pedir. Pero yo recomiendo y dialogo con Luigi Pareyson, con Ernst Gombrich, con T. S. Eliot, con José María Valverde, con Andrei Tarkovski, con Roger Scruton, con Paul Valéry, con George Steiner, por nombrar unos pocos.

Después de escuchar los versos de ‘Alturas de Macchu Picchu’ y relacionarlo con esa sensación genuina de belleza literaria y asombro, ¿qué otras obras chilenas poéticas han generado una apreciación similar en su persona? ¿Por qué?”.

“Impresión como esa, me parece que ninguna: ese fue mi primer descubrimiento de la palabra y de la poesía. Pero con menos intensidad, he releído muchas veces ‘Residencia en la tierra’, del mismo Neruda; también algunos poemas desgarradores de Gabriela Mistral; he apreciado fragmentos de ‘Altazor’, de Huidobro; me han marcado intensamente varios poemas de Nicanor Parra, que me abrieron nuevos horizontes; me interesó mucho ‘Venus en el pudridero’, de Eduardo Anguita; puedo seguir leyendo algunos poemas de Enrique Lihn y de Armando Uribe; y en su día me asombró ‘Anteparaíso’, de Raúl Zurita”.

-¿Ha tenido la oportunidad de escuchar la obra musicalizada de “Alturas de Macchu Picchu” por el grupo Los Jaivas? ¿Qué le parece?

“Sí, la he oído. Pero, tal vez por los recuerdos que me despierta, me quedo con la audición de las ‘Alturas’ recitadas por la voz ronca y gangosa del mismo Neruda, que hace poco repetí con emoción”.

-En relación a la música y la pintura: ¿en qué otros momentos ha experimentado esa sensación de estupefacción y belleza? ¿Podría ilustrarnos con otros ejemplos?

“Con cierta frecuencia vuelvo a oír las sinfonías y los conciertos de Beethoven, la música de cámara de Schubert, el único concierto para piano de Schumann, el ‘Capricho español’ de Rymski-Korsakov, varias de las sinfonías de Mahler y de Shostakovitch, y las obras de los pájaros de Messiaen. No me canso de contemplar los vitrales de Notre-Dame, gran parte del Quatrocento italiano y flamenco, los grabados de Durero, todo Velázquez y todo Goya, todo Van Gogh y Chagall y casi todo Picasso”.

-¿Es contraproducente en el campo de la educación motivar el “buen gusto” de nuestros estudiantes, considerando que la percepción de belleza es absolutamente individual? ¿Por qué?

“El buen gusto se educa. ¿Qué sería un buen gusto sin aprendizaje, sin educación y formación? Todo está en que esa educación sea de calidad. Que la percepción de la belleza sea individual no significa que sea subjetiva sin más, ni que venga por generación espontánea. Todo lo humano se educa. Yo agradezco a quienes me ayudaron en mi formación literaria, primero en el colegio y luego en la universidad. Sin ellos, tal vez no me habría interesado, o no tanto, por la belleza y el arte. Al mismo tiempo reconozco que en la actualidad son muy escasos los auténticos formadores del gusto en la educación media y superior”.

RODRIGO CABRILLANA

(Santiago, 1978), es profesor con un magíster en Literatura (Usach) y escritor de crónica musical. Ha publicado diversos libros sobre música chilena y actualmente graba y produce, en conjunto con la radio del Centro Cultural de España en Santiago, el podcast “Noches de Rock & Roll”, basado en la cultura musical de Concepción.