Julio César Romero, todavía esperamos al crack

En 1995 arribó a Deportes La Serena un jugador de esos que de tanto en tanto sacuden el mercado de fichajes en nuestro país, merced a un importante recorrido y pasos por equipos denominados “grandes” en algunas de las mejores ligas del mundo. Si a lo anterior le sumamos una más que respetable trayectoria en su selección, con mundiales jugados incluidos, la expectativa aumenta exponencialmente.

El primer párrafo describe correctamente lo ocurrido con Julio César Romero, o “Romerito” a secas, destacado jugador paraguayo que arribó a la cuarta región a mediados de los noventa cargando con un currículum que lo había paseado por destinos tan disímiles como el norteamericano (Estados Unidos y México), Brasil y España. En el imaginario colectivo, Romero cargaba con el título de Copa América de 1979 (derrotando a Chile), los títulos de la NASL en Estados Unidos con el mítico New York Cosmos en 1980 y 1982 (al lado de Beckenbauer, Chinaglia, Neeskens y Carlos Alberto, entre otros), la clasificación a México 86 (eliminando a Chile) mundial en el que anotó dos goles llegando a octavos de final del con su selección, y los campeonatos brasileños jugando por el Fluminense; finalmente, el Puebla mexicano había otorgado la última gran consagración en la carrera de Romerito, que llegó a Chile con 34 años y una regular condición física.

Sin embargo, el paso del talentoso mediocampista ofensivo fue intrascendente y se resumió en pobres tres partidos, sin encontrar nunca su espacio en el funcionamiento colectivo de un equipo que finalizaría la temporada en penúltimo lugar, descendiendo a segunda división con un magro 32% de rendimiento, en lo que fue la primera vez que nuestro fútbol premió con tres puntos al ganador.

Quizás, el único momento feliz de la estada del guaraní en el norte de Chile fue hace casi veintidós años, cuando anotó el único gol de su paso con los granates en el triunfo ante Provincial Osorno, el 14 de mayo (fue el segundo de los tres tantos de su equipo, junto a un autogol de Fuentes que abrió la cuenta y un penal de Torres que sentenció el partido, tras el descuento de Roque Burella).

El triunfo serenense, fue el primero del torneo tras cinco fechas en que el club solo sumaba un punto, lo que significó un fuerte envión para el flamante refuerzo, que finalmente repitió en Chile el sino de su mal paso en Barcelona de España (guardando las proporciones, en Catalunya sumó siete partidos y un gol). Tras el fracaso en nuestro país, Romero regresó a su natal Paraguay donde quemó los últimos cartuchos de su extensa trayectoria, defendiendo al Cerro Corá. De esta forma, uno de los mediocampistas más talentosos de la década de los ochenta en el fútbol paraguayo, pasó de manera silenciosa, imperceptible y frustrante por el fútbol chileno, lejos de los pergaminos que lo pasearon por el primer mundo futbolero.