Karatsev completa el póker de ases

Rusia, actual campeón de la Copa ATP, sumó a un nuevo campeón a su “Armada Invencible”: Aslan Karatsev se quedó con el título del ATP 500 de Dubai y mostró un juego impresionante. Increíble para un jugador de 27 años que deambuló varios años en el circuito sin ganarle a casi nadie. Esta es su increíble historia. 

Por ANDRÉS ALBURQUERQUE F.

Aslan Karatsev, 1,85 metro, nacido en Vladikavkaz, capital de la sureña república federativa de Osetia del Norte, el 4 de septiembre de 1993, se convirtió de la noche a la mañana en el tenista de moda, en el que todos quieren ver, al que todos los especialistas elogian.

Ha tenido un año deslumbrante en resultados y en nivel de juego. Su revés a dos manos poderoso (cruzado o paralelo), su saque angulado y potente y, sobre todo, su velocidad y una derecha cruzada que causa estragos en los más encumbrados, lo situaron en el centro del mundo tenístico. Una irrupción meteórica que sorprendió a los especialistas, porque el muchacho nunca había podido mostrar todo lo bueno que decían de él.

Ambulante sempiterno en el opaco “submundo” de torneos Futuro y challengers, su carrera parecía que -como la de tantos- jamás cuajaría.  

Para que se hagan una idea, lo mejor que hizo en 2019 fue ganar un torneo Futuro en Doha, para terminar esa temporada con 29.059 dólares en ganancias y en el casillero 289 del ránking mundial. Y para calibrar a sus rivales de entonces: todos “ilustres desconocidos”: Christoffer Solberg, Thanapet Chanta, Alexis Gautier, Zizou Bergs y Aleksandre Bakshi. 

Lo mejor antes de eso fue ganar el Challenger de Kazan de 2015 (en la final superó al también ruso Konstantin Kravchuk por 6-4, 4-6 y 6-3), y vencer por 6-4 y 6-1 en semifinales de Kazan 2016 a su compatriota Daniil Medvedev, cuando Medvedev todavía no era Medvedev.

Antes y después jugó contra chilenos. En San Benedetto 2013 perdió en el segundo partido de la qualy ante Hans Podlipnik (7-5 y 6-3), y tres años más tarde lo hizo en la primera ronda del certamen de Turín (7-6 y 7-5). En Bangkok 2017 cayó en primera ronda frente a Cristian Garín, por doble 6-3. El único que cayó ante el ruso fue Tomás Barrios (segunda ronda de la qualy del torneo italiano de Como 2018), por 6-1, 4-6 y 7-6 (5).

DE TUMBO EN TUMBO

Karatsev se mudó con su familia a los tres años rumbo a Israel, debido a problemas económicos y crecer así bajo el amparo de los ancestros judíos de su madre.

Allí se hizo tenista, entrenó hasta los 12 años y se tituló campeón nacional infantil un par de veces. Pero luego regresó junto a su padre a Taganrog, Rusia, a orillas del Mar Negro, donde practicó hasta los 18 años, cuando se mudó a Moscú. 

Vivió luego en Halle, Alemania, durante dos años, luego en Barcelona (otros dos años) y finalmente, en Minsk, Bielorrusia, donde reside hace más de tres años y conoció a su actual entrenador, el bielorruso Yahor Yatsyk, de apenas 28 años, y que nunca tuvo suerte en el circuito.

En 2017, tras sufrir una rebelde lesión de rodilla que lo alejó seis meses de las canchas, cayó al puesto 751 del ranking: “A partir de este momento fue realmente difícil recuperar la confianza y sentir el juego. No fue nada de fácil”, confesó el ruso.

Pensó seriamente en abandonar. Después de cinco años de intento en el circuito, la economía familiar seguía igual de mala y los triunfos no llegaban.

HASTA QUE LLEGÓ LA PANDEMIA

La peste de Covid-19, sin embargo, resultó positiva para él. Entrenó durante los cinco meses de para del circuito y se sintió bien. Enfocado. Cambió su saque, mejoró golpes y tomó confianza. 

El despegue comenzó en agosto, cuando llegó a la final del Challenger de Praga. En su camino venció a jugadores “de verdad” (todos lo superaban ampliamente en el ránking): Robin Haase, Jiri Vesely, Ernests Gulbis, Henri Laaksonen y Pierre-Hugues Herbert. Y en la final sucumbió por 7-6 (2) y 6-4 frente al suizo Stan Wawrinka (quien buscaba llegar a su mejor nivel en un certamen de envergadura menor antes de enfrentar Roland Garros).

Una semana más tarde se quedaba con el título del también Challenger de Praga II, aunque sus rivales fueron de inferior calidad: en la final superó al holandés Tallon Griekspoor (actual 154° del mundo). 

Y la primera semana de septiembre se quedaba con el Challenger de Ostrava, República Checa (en la final le ganó al alemán Oscar Otte por 6-4 y 6-2). Terminó la temporada en el puesto 112° del escalafón mundial.

Y comenzó 2021 como integrante del equipo ruso de la Copa ATP, junto a Daniil Medvedev (2°), Andrey Rublev (8°) y Evgeny Donskoy (Karen Khachanov, 22° del mundo, se restó). No jugó ningún single y perdió en todos los dobles, pero él dice que le dio mucha confianza sentir que en los entrenamientos se paraba de igual a igual con sus compañeros top-ten.

LA GRAN SORPRESA

Pero fue en el Abierto de Australia que Karatsev deslumbró. Por primera vez en 10 intentos ganó un cupo en la qualy de un Grand Slam y luego fue dejando rivales en el camino: Gianluca Mager, Egor Gerasimov, Diego Schwartzman, Felix Auger-Aliassime, Grigor Dimitrov… Finalmente cayó en semifinales ante Novak Djokovic, pero la hazaña ya estaba consumada.

Él, que en toda su vida sólo había conseguido cinco triunfos en el circuito de los grandes torneos ATP, se convertía en el primer tenista que accedía a semifinales de un Grand Slam en su primera participación.

No fue todo: es también el tenista con ránking más bajo en acceder a semifinales en Melbourne Park desde que lo hiciera el estadounidense Patrick McEnroe en 1991, es el quinto tenista procedente de qualy en alcanzar semifinales de un Grand Slam en la era Open, y el segundo en lograrlo en Australia.

Faltaba, eso sí, que no fuese flor de un día. Luego de perder en la segunda ronda de Doha ante el austríaco Dominic Thiem (6-7, 6-3 y 6-2), recibió la invitación para el ATP de Dubai. Y aquí no dejó dudas, con triunfos sobre Gerasimov, Daniel Evans, Lorenzo Sonego, Jannik Sinner y Andrey Rublev (los últimos cuatro en el máximo de sets), para finalmente llevarse la corona, su primera corona, ante el sudafricano Lloyd Harris por un contundente 6-3 y 6-2.

Si alguien tenía dudas, después de verlo jugar esta semana las habrá despejado. Con lo que mostró en la final, y especialmente en la victoria sobre Rublev, habrá que apostar que este moreno llegó para sumarse al póker de ases ruso y que su convivencia con la élite está recién comenzando.