La académica Grau explica la pedofilia por la violencia ejercida por la dictadura

Desde que se supo de las tesis pro-pederastia escritas por alumnos de la Universidad de Chile, la polémica en vez de amainar toma más fuerza. Una de las profesoras guía de los trabajos ha escrito ensayos y artículos que no podrían sino calificarse como epatantes y/o escatológicos.

Por EDUARDO BRUNA / Foto: TWITTER

Desde que se conoció su nombre como profesora guía de una tesis de un alumno de la Facultad de Filosofía y Educación, de la Universidad de Chile, el nombre de la profesora Olga Grau Duhart ha sido uno de los más mencionados en las redes sociales. Y, en la mayoría de los casos, no para bien, precisamente.

La tesis de Leonardo Arce Vidal, quien optaba al grado de Magister en Estudios de Género y Cultura en América Latina, se titulaba “Pedófilos e infantes: pliegues y repliegues del deseo”, y provocó un revuelo y un rechazo casi transversal, luego que tras el perturbador título de la tesis se conociera la dedicatoria de Arce Vidal a su trabajo. Textualmente, esta decía: “Dedicada a los niños y niñas de deseo inquieto, para que alguna vez puedan tocarse y ser tocados sin miedo ni culpa. A los pedófilos de deseo culposo, para que exorcicen su malestar y sus temores por amar a quienes aman”.

Si eso no era una apología a la pedofilia, no se sabe qué habría que escribir para exculpar esa depravación y a los depravados que se transforman, por culpa de sus mentes desviadas, en depredadores de niños. Pero como la profesora Grau fue la guía de este extraño alumno (por calificarlo de alguna manera), significa que, más allá de compartir o no la tesis en cuestión, ella la avaló y la respaldó. No sólo eso: necesariamente tuvo que haberlo alentado en cuanto pudo percatarse del rumbo que llevaba el controversial trabajo.

De Olga Grau Duhart se supo que, en 1968, se tituló como profesora de Filosofía en la Universidad de Chile, especializándose luego en estudios de género, sexualidad y filosofía. Que tiene 77 años y que es académica del Departamento de Filosofía y del Centro de Estudios de Género y Cultura en América Latina, Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile, siendo a su vez coordinadora del programa de Filosofía para Niños en la misma repartición.

Su currículo es tan extenso como la polémica que como profesora guía ha provocado.

Lo curioso es que, en 2015, publicó el trabajo “Prevención de la victimización secundaria en niños, niñas y adolescentes que han sido víctimas de delitos sexuales”, junto a otros autores. Y decimos curioso porque este trabajo no puede sino haber abordado la pedofilia como una de las grandes amenazas a las que los niños están expuestos.

¿Cómo explicar, entonces, este contrasentido y esta enorme paradoja?

Tal parece que algunos académicos, de tanto leer y absorber conocimientos para enriquecer su bagaje y su currículo, intentando ser originales para romper moldes y diferenciarse, rozan incluso lo escatológico. Lo chocante, para decirlo en términos simples.

No de otra manera se explica que, en su ensayo titulado “La violencia de un olvido”, textualmente diga: “Se puede sentir desde temprano la potencia de las ocurrencias imaginarias, y no se sabe a quién o por qué pedir perdón, como cuando se desea besar la boca de la hermana o del hermano, o se mira a hurtadillas y fascinación el pene salido de su capucha en un perro callejero, o se escucha a los cuerpos de los padres haciendo movimientos y ruidos turbadores”.

Aparte que no se entiende cuál es la violencia que puede tener un olvido, como no sea el olvidar y dejar librado a su suerte a un ser humano, sea este niño o un anciano, cuesta entender que alguien normal pueda sentir “fascinación” por el pene salido de la capucha de un perro callejero. Asombro y asco, puede ser. Pero, ¿fascinación?

Sin embargo, donde esta académica exprime a fondo su cuestionada originalidad es cuando, en 2014, en la revista Caravelle, en un ensayo titulado Ciudadanía y formas de violencia, explora las que, a su juicio, son las similitudes entre los deseos sexuales de niños y la dictadura militar de Augusto Pinochet.

En su por lo demás rebuscada tesis, Grau apunta a evidenciar la violencia que -a su juicio- significa el olvido social de los deseos sexuales de los menores, comparándolo con “el olvido político” a consecuencia de las violaciones de los derechos humanos tras el Golpe de Estado. Ambos, señala Grau, “representan formas de una violencia cultural y política”.

Es cierto que la dictadura y su nefasto legado provocaron muchos traumas. Pero, ¿traumó también los deseos sexuales de los menores? ¿Y cuáles, además, serían esos deseos? ¿Significa, del mismo modo, que de no haber habido dictadura los supuestos deseos sexuales de los niños pudieron haberse expresado en cientos, sino miles de embarazos infantiles? ¿Y que eso habría sido, además de deseable, de lo más normal del mundo, según Grau?

Grau da luces cuando escribe: “Los relatos de realidad-ficción cuentan el deseo y el placer que pudo experimentar una niña con un viejo que la manoseaba. No se sintió abusada. Como tampoco un hermano por otro hermano”. También menciona “los apetitos que despierta en una niña un perro doméstico cercano, permitiendo que la lama hasta tener orgasmos exquisitos, hasta decir ‘Menos mal que el perro no podía hablar’”.

¿Qué tal estos académicos y sus perturbadores y epatantes escritos?

Desde que estalló este escándalo de las tesis pro-pedofilia, la profesora Grau está inubicable. Como lo está también Marcia Ravelo Medina, profesora guía de la tesis de Mauricio Quiroz Muñoz, titulada “El deseo negado del pedagogo: ser pedófilo”.