La apuesta azul: ¿el (mal) «genio» de Dudamel?


La decisión de Universidad de Chile de optar por Rafael Dudamel para asumir la dirección técnica del equipo, no deja de ser una movida arriesgada, más allá de los méritos y potencial que pueda ostentar en su recorrido como DT el ex arquero de la selección venezolana.

Por RICHARD OLATE

No hay secretos acerca de la trayectoria de Rafael Dudamel en su camino como entrenador. En las selecciones menores de Venezuela logró impulsar a una serie de jugadores que lograron trascender las fronteras históricas locales y comenzar a ser productos de exportación a diversas ligas del mundo, y obtuvo nada menos que el segundo lugar Mundial Sub 20 en 2017. Y en su paso por la selección mayor de su país (2016-2019), si bien no alcanzó a lograr objetivos soñados (como llegar a una cita planetaria o a instancias finales en la Copa América), impuso un estilo de juego y el equipo venezolano fue un competidor real siguiendo la huella que habían dejado antecesores, como César Farías y Richard Páez.

Mucho de ello fue aportado por el trabajo de Rafael Dudamel. Heredero de la tradición de buenos arqueros venezolanos -cuando al equipo vinotinto le llegaban 20 veces por partido y las goleadas se aminoraban sólo gracias a la capacidad de sus porteros-, el nacido en San Felipe (Estado de Yaracuy), hace 47 años, tuvo una respetable carrera, especialmente en equipos colombianos y como referente de su selección, para luego dar el salto a la dirección técnica.  

En esa labor, desde su debut en el Estudiantes de Mérida en 2010, Dudamel ha dado muestras de que sus equipos reflejan claramente su personalidad. Reconocido por ser muy estudioso, analizar al detalle a los rivales y por ir siempre de frente (en las declaraciones, en su actitud en el campo, en su relación con sus dirigidos), a sus equipos juveniles les pedía irreverencia y a la selección mayor la arengaba para salir a luchar y cambiar la historia del fútbol venezolano. Agresivo siempre, pero práctico a la hora de defender lo ganado, sus equipos muestran despliegue físico, trabajo en bloques compactos y rapidez a la hora de ir por el arco rival. 

Seguramente esas premisas tratará de imponerlas en la U, intentando cambiar el perfil conservador y timorato que impuso Hernán Caputto (y que fue una de las razones de su salida), asumiendo el rol de “equipo grande”, buscando estar siempre más cerca del arco rival que del propio. 

Para ello, cuenta con un plantel que puede entregarle las fórmulas para ejercer su estrategia y que en el papel tiene mayor potencial frente a sus competidores en la liga chilena. Ya sea con el 4-4-2 (con dos de contención) o el 4-3-3, que ha utilizado de manera más habitual en sus equipos, lo que sí garantiza Dudamel es que la U no esperará y será protagonista, una premisa que los hinchas de los azules hace rato echan de menos. 

Quizás la única duda será como el temperamento e ideario futbolístico de Dudamel podrá ser internalizado por el plantel, y si el grupo podrá desarrollarlo en la cancha con resultados positivos. No será fácil y en esa línea no es menor recordar las últimas experiencias de Dudamel en este 2020 para entender parte de su carácter (o más bien su mal genio).

La primera: el 2 de enero de este año interminable, a casi tres meses de que partieran –la primera fecha oficial antes de la pandemia- las clasificatorias para Qatar 2022, renunció a la selección venezolana alegando que las relaciones con la dirigencia “se habían deteriorado aceleradamente en los últimos tiempos y en las condiciones actuales era muy complicado continuar”, según constaba en la carta que circuló en medios de comunicación.

La segunda es más polémica. Tras renunciar a la «Vinotinto», asumió casi de inmediato en el Atlético Mineiro brasileño, del que salió antes de cumplir dos meses, alcanzando a dirigir apenas 10 partidos, con resultados paupérriumos: el “Gallo” quedó eliminado de la Copa Sudamericana (ante el modesto Unión de Santa Fe argentino) y de la Copa de Brasil ante el Afogados da Ingazeira de la cuarta división. 

Ni siquiera llegó a dirigir en el Brasileirao, cuando el presidente del club, Sérgio Sette Camara, decidió destituirlo muy decepcionado, lo que quedó más claro en las entrevistas posteriores donde sumó declaraciones como “Dudamel fue despedido por incompetencia técnica”, agregando que “sentí que quería adoptar reglas demasiado rígidas, creando reglas donde no había necesidad… Parecía una cosa del Ejército y eso no es. El jugador ya es profesional”. 

En defensa de Dudamel, en su salida también aparecieron voces que señalaron que, si bien el DT llegó con buenas ideas y conceptos, los jugadores del equipo no encajaban en su estilo de juego.  Lo cierto es que la aventura en el Mineiro estuvo lejos de ser una buena experiencia.

Por ello, el venezolano es una apuesta arriesgada para los azules. Si la personalidad y convicción de Dudamel para enfrentar sus desafíos se logra traspasar al plantel de jugadores, y si estos encajan en su modelo táctico, el camino puede iluminarse y el equipo universitario podrá dejar de mirar hacia la parte baja de la tabla y aspirar a que una segunda rueda virtuosa lo convierta en un verdadero competidor por el premio mayor. 

Si eso no ocurre, que los azules comiencen a rezar. Dependerá mucho, en lo táctico y en la interna del camarín, del (mal) «genio» de Dudamel.