La aventura chilena en Uruguay 1930

El 16 de julio se cumplen 86 años del debut de la Roja en los mundiales de fútbol, precisamente en el primer campeonato de la historia disputado en tierras charrúas.

Como reza la historia oficial, la designación de la sede del primer campeonato mundial de fútbol, en mayo de 1929 (un año después de la decisión de FIFA de celebrar un torneo de esta magnitud), estuvo rodeada de polémica. La que fue instalada principalmente por Italia que quiso asegurarse la sede del torneo en desmedro de Uruguay, que al margen de ser un pequeño país ubicado al otro extremo del mundo, poseía dos títulos olímpicos que la FIFA homologaba como mundiales desde su congreso en 1924 (año de la consagración charrúa en París. El otro logro fue en 1928 en Ámsterdam).

Una vez desplazados los italianos por los sudamericanos, que presentaban la celebración del centenario de su independencia, además del dominio futbolístico mundial, y prometían la construcción de un estadio capaz de albergar 80 mil personas en sus graderías, comenzó la frenética búsqueda de naciones participantes en la competencia.

A la consabida deserción de los itálicos, se sumó el total desinterés de países con relativa tradición futbolera en el viejo continente: España e Inglaterra, por ejemplo, manifestaron su incredulidad ante la realización de un viaje tan largo que además interferiría en las competiciones domésticas, al negarse el permiso a los jugadores. Así, Yugoslavia, Rumania, Bélgica y Francia, aceptaron el desafío de cruzar el Atlántico y llegar hasta Montevideo.

Para los países americanos, el mundial de 1930 suponía la demostración de una expansión del deporte, que bajo el éxito de los rioplatenses buscaría consagrar en esta parte del planeta al mejor fútbol del mundo. De manera inédita, se registró el concurso de 9 naciones: México, Estados Unidos, Bolivia, Paraguay, Brasil, Perú, Argentina, Chile y el anfitrión.

Para los nacionales, el tema asomaba relativamente sencillo, dada la cercanía geográfica con el país ‘oriental’. La selección de jugadores no ofreció grandes sorpresas respecto de los países que dominaban la escena futbolística por esos años. Principalmente Colo Colo (que aportó 8 elementos) y otros clubes de la capital que se repartieron los demás cupos. Incluso desde regiones, aparecieron jugadores: La Cruz, Wanderers, Boca Juniors de Antofagasta y Fernández Vial estuvieron representados en ese primer mundial.

Nuestra delegación arribó a Uruguay en los primeros días de julio, sin conocer sus rivales en el torneo, pues el sorteo se haría una vez que llegasen todas las delegaciones. Incluso Bolivia, confirmado como participante, recién el 4 de julio decide enviar a su representativo.

La representación chilena estaba conformada así:

Delegado: Mayor Aquiles Frías (Sería Director de Investigaciones entre abril y junio de 1942) y Luis Valenzuela Hermosilla (futuro Presidente de CONMEBOL)

Entrenador: GyorgyOrth (Hungría)

Médico: Doctor Carlos Aguirre.

Árbitro: Alberto Warnken

Masajista: Guillermo Flores

Arqueros: Roberto Cortés y César Espinoza

Zagueros: Ulises Poirrier, Ernesto Chaparro y Víctor Morales

Medio zagueros: Casimiro Torres, Arturo Torres, Guillermo Saavedra, Guillermo Riveros y Humberto Elgueta.

Delanteros: Guillermo Subiabre, Guillermo Arellano, Carlos Schneeberger, Juan Aguilera, Carlos Vidal, Eberardo Villalobos, Tomás Ojeda, Horacio Muñoz y Arturo Coddou.

También formaban parte de la delegación Abraham Ortega y Carlos Cariola.

Obviamente, el ambiente en Uruguay, era de máxima expectación ante lo que podrían hacer los locales, que buscaban el tricampeonato mundial (debido a sus dos títulos olímpicos en línea). Lo anterior, sin embargo, no privó de la captura de simpatías por parte de nuestro seleccionado, que conocería en tierras charrùas un complicado fixture que lo enviaría al único grupo con 4 equipos, frente a México, Francia y Argentina.

El sorteo se realizó el 8 de julio. Tras ello, la sola presencia de los trasandinos despertaría la enorme adhesión de los uruguayos en favor de Chile, que a simple vista tendría que bregar con la albiceleste en pos del primer lugar del grupo, que enviaría a un equipo directo a semifinales del campeonato.

Ya conocido el sorteo, era hora de planificar el primer partido, frente a los aztecas. Así, comenzaron a aparecer también las típicas aprehensiones previas a una cita de esta envergadura; por ejemplo, los arbitrajes.

Los chilenos pensaron que los jueces favorecerían el juego físico, lo que abiertamente constituía una ventaja para los seleccionados europeos. Ante esto, el árbitro uruguayo Domingo Lombardi señaló que “si (los chilenos) no son capaces de soportar el juego brusco, serán seguramente vencidos por los franceses”.

Claramente, los galos eran una incógnita y aparecían como el rival a vencer si se quería llegar a la última fecha con opción de discutirle a Argentina el liderato. Sin embargo, el primer escollo era México, que en el papel aparecía como ganable, pero, como dice el adagio futbolero “los partidos hay que jugarlos”.

16 de julio era la cita en el Parque Central de Montevideo, el lugar del debut. En la previa del partido, se reporta enfermo Guillermo Arellano por gripe. Ojeda (resentido) y Morales están en duda para el juego, al igual que Casimiro Torres, quién se agrava de una dolencia muscular.

Por esos días se apostaba por los cuatro semifinalistas de la Copa: Uruguay, Estados Unidos, Yugoslavia y el ganador del grupo de Argentina, donde se presumía que el partido con Chile enviaría a semifinales a uno de los dos. Precisamente por esos cálculos, impensados unos años antes, el arquero trasandino Ángel Bossio se refería a los chilenos como “débiles”, tratando de endilgarle la responsabilidad a nuestros compatriotas de asumir un protagonismo que claramente no les correspondía.

Para completar el trabajo del día antes del debut, en el entrenamiento en la cancha del club Defensor, se confirma la oncena titular que saltaría frente a los mexicanos: Cortés; Chaparro, Poirier, Elgueta, Saavedra, Arturo Torres; Schneeberger, Subiabre, Villalobos, Muñoz y Coddou. Finalmente, Chaparro, Muñoz y Coddou cederían su lugar a Morales (que iba a ser “guardado” para el match con Argentina), Vidal y Ojeda.

Como se preveía, el partido con los aztecas (descritos en la prensa de la época como un equipo “muy liviano, sin agilidad, ni rapidez”) fue de rápida y relativamente fácil resolución. Aunque desde ese lejano día de 1930 comienza a tejerse una confusión respecto de los goles de Chile, que la FIFA atribuye a Vidal (con 2) y autogol de Rosas.

La edición de El Llanquihue de Puerto Montt, fechada el 17 de julio, señala “Chile derrotó a México por 3-0, en el primer tiempo, Vidal marcó el primer goal. En el segundo tiempo un goal a favor de los chilenos fue ocasionado por los mismos jugadores mejicanos que intervinieron en mala forma cerca de la valla. El tercer tanto a favor de Chile lo marcó Vidal”.

Comienza así una interrogante, ya que la historia oficial otorga de esa forma los goles, pero algunos adjudican conversiones a Subiabre, por lo que la falta de archivos más confiables instalará para siempre las dudas respecto de la autoría de las conquistas.

El “álbum oficial del I Campeonato mundial de Uruguay 1930” confunde incluso a los goleadores desde el texto (2 de Subiabre y 1 de Vidal) a la ficha de resumen del partido (ahí consigna con 2 goles a Vidal y con uno a Villalobos). Incluso, la prensa escrita en Chile desmiente la información de la agencia United Press, que otorgará el segundo gol chileno a un autogol de Manuel Rosas, dejando a los anotadores como: Subiabre, Villalobos y Vidal.

Ahora bien, si nos atenemos a la voz oficial proveniente de Zúrich, tenemos al “Zorro” Vidal convirtiendo el primer doblete chileno en una copa del mundo. Del análisis post partido se destacan como los mejores de Chile a Saavedra, Subiabre y Schneeberger. A Villalobos, Vidal y Ojeda se les vio muy nerviosos. Arturo Torres fue calificado como discreto. Con Elgueta, el reporte desde Uruguay fue lapidario: “deprimente, porque no siguió las buenas reglas de los otros jugadores”. El arquero Cortés, pese a entregar su valla invicta se llevó un “nervioso, se le escapó la pelota…”.

La particularidad del sorteo hizo que México quedara último (sin puntos), por lo que el partido con Francia (que venía de caer ante Argentina en su debut) asomaba como crucial en las aspiraciones de llegar con vida a la finalísima ante los trasandinos. Además, en una de las tantas maniobras distractoras propias de estas instancias, amenaza el 16 (mismo día del debut chileno) con retirarse del torneo debido a la constante hostilidad del público uruguayo.

PORMENORES
16 de julio de 1930
Estadio Parque Central, Montevideo.
Árbitro: Henri Cristophe (Bélgica)
Público: 9.249 personas

CHILE (3): Roberto Cortés; Ulises Poirrier, Víctor Morales, Humberto Elgueta, Guillermo Saavedra, Arturo Torres; Carlos Schneeberger (CAP), Carlos Vidal, Eberardo Villalobos, Guillermo Subiabre, Tompas Ojeda. DT: GyorgyOrth.

MEXICO (0): Isidoro Sota, Rafael Garza-Gutierrez (CAP), Manuel Rosas, Efraín Amezcua, Alfredo Sánchez, Felipe Rosas, Hilario López, José Ruiz. Roberto Gayón, Juan Carreño, Luis Pérez. DT: Juan Luque de Serralonga.

GOLES: 1-0 Vidal (3’); 2-0 AG Rosas (52’); 3-0 Vidal (86’)