La batalla de Kiwilandia

Hace pocos días, nuestra revista informaba de la reanudación, con público, del campeonato de rugby en Nueva Zelanda. Un amigo de El Ágora, residente en ese país, se animó a contarnos las razones por las cuales él y todos los neozelandeses están saliendo fortalecidos de la pandemia

Por Jorge Maturana, desde Nueva Zelanda.

A medida que la pandemia tomaba más peso y protagonismo en el mundo. el gobierno neozelandés ajustaba las clavijas de lo que sería la intervención de éste con el virus.

Desde los primeros casos hasta llegar al caos de Europa y Estados Unidos, Nueva Zelanda fue sigiloso en la entrega de  información y de cómo se trataba esta pandemia para no despertar el pánico y, al mismo tiempo, empezó a educar a la población sobre cómo sería una eventual cierre del país. Lo primero que ocurrió fue el cierre de fronteras; nadie más podría entrar al país. Solo se abrió la posibilidad de ingreso a residentes y ciudadanos que deberían someterse a una cuarentena obligatoria de 14 días.

Así llegamos al lunes 23 de marzo, cuando la vida aún seguía normal pese a que ya se sentía que algo iba a cambiar. El martes 24  a las 13.00, la Primer Ministro, Jacinda Ardern, informó en conferencia de presa que a partir de esa medianoche,  y por las próximas 48 horas, se entraría a nivel 3 con el fin de que la población se abasteciera de comida, artículos de limpieza y de primera necesidad, y anunció que el jueves 26 de marzo el país  entraba en Lockdown, nivel 4.

Así llegamos al famoso 26 de marzo, cuando se cerró absolutamente todo. Nada que no fuera de primera necesidad quedó abierto. Supermercados y farmacias modificaron su forma de atención al público, con el fin de cuidar a las personas y garantizar, a través de una higiene altísima, que no brotara este virus.

Durante las primeras horas de dictaminadas estas medidas, a la población se le fue instruyendo de los pasos a seguir y cómo debería ser su comportamiento durante el combate contra el coronavirus. No hubo opción, no hubo otra alternativa que quedarse en casa, aislados de los demás, viviendo cada uno en su propia burbuja, sin contacto social. Solo se podía salir a caminar, andar en bicicleta o trotar dentro de la propia burbuja.  

Hubo contención y control policial a todo quien que se saliera de la normativa. No se podía salir del  barrio. A los supermercados se podía ir aunque los locales presentaban una alta restricción de acceso a la gente. 

De más está decir que Nueva Zelanda tiene un ingreso importante por el concepto de turismo, cosa que mermó mucho en lo económico a este país.

También cerraron las playas con el fin de prohibir la pesca, el canotaje y los deportes náuticos, como el surf, que por algún caso de accidente tendrían que poner en riesgos a terceros en un posible rescate. Fue bastante duro, ya que este país es extremadamente deportista, pero había que tener conciencia de lo que se estaba viviendo.

También es bueno mencionar que este país tiene una sólida formación humana y valórica: sus habitantes entienden que el bien común tiene más valor a lo meramente económico.

Durante este tiempo los medios de comunicación, más que alarmar, fueron instruyendo a la gente e invitando a tomar conciencia de los errores cometidos por los países que no le tomaron el peso a esto. La televisión empezó a impartir programas educativos, de entretención, formación y de actividad física. Los niños comenzaron con sistemas de educación a distancia. 

Los lemas de nuestro gobierno socialista fueron “Stay Home Save Lifes” (Quedarse en Casa Salva Vidas) y “Go Hard, Go Early” (Anda con Fuerza, Anda Temprano). Además, el gobierno inició un plan de subsidio económico a horas de entrar a Nivel 3 para financiar la pérdida de ingreso de sus 5 millones de habitantes. Se dispuso de 9 mil millones de dólares neozelandes  (equivalentes a unos 5 mil millones americanos) para la contención económica de las familias, lo que significó que cada persona que lo necesitara recibiría NZD 580 semanales (unos 300 mil pesos chilenos) durante 12 semanas. Acá no hay distinción de rangos y puestos de trabajo: desde el gerente de la compañía hasta el personal de aseo recibiría la misma cantidad. Aparte de estas medidas, el ministro de Economía entregó otro fondo para las empresas que experimentaron detrimento económico; así, toda empresa que lo necesitara podría pedir un préstamo de entre 10.000 a 100.000 dólares neozelandeses, sin interés, a un año plazo.

Esto era una guerra que como país se debía ganar a toda costa, Nueva Zelanda tiene un gran número de adultos mayores, con una salud pública de calidad;  pero, al igual que en todos los demás países, no estaba diseñada para tal magnitud de epidemia.

Era elegir entre la vida de la población o lo económico. Hoy el mundo ve que este país privilegió la vida y, como contraparte, hoy tenemos un país sin virus desde el 8 de junio y ya estamos repuntando económicamente.

Durante la primera semana de confinamiento, el ministro de Salud fue sorprendido en su casa de vacaciones, fuera del radio permitido, y fue duramente criticado por la población. No le quedó más remedio que poner su cargo a disposición de la Primer Ministro, quien en un acto ejemplificador no se la aceptó, ya que supondría para el gobierno más trabajo reemplazarlo, pero lo degradó al último eslabón de los ministerios perdiendo así sus beneficios y achicando también su billetera. 

El Plan fue diseñado estratégicamente con información diaria, clara con las cifras de los casos infectados, las muertes y los casos recuperados. La Primera Ministra ofrecía una conferencia de prensa diaria con su asesor, el Director General de Salud, Ashley Bloomfield. En un video Live de Facebook, Jacinda le hablaba cada noche a la población desde su casa, de manera cercana, amigable y empática. Los niveles de Alerta fueron informados con eficacia y eficiencia. Nivel 4 Eliminación (el virus no está contenido), Nivel 3 Restricción (el virus sigue no contenido y hay riesgo de trasmisión en la comunidad), Nivel 2 Reducción (el virus esta contenido pero con riesgo de trasmisión en la comunidad)  y Nivel 1 Preparación (el virus esta contenido).

Para terminar puedo decir que este país goza de un gobierno socialista extremadamente empático, cercano a su gente y por sobre todo conoce la  realidad de las familias.

Es un país con un bajo porcentaje de corrupción, por no decir prácticamente nulo, donde las personas son valoradas por lo que son y donde la palabra vale más que una firma.

Es un país que se regocija con el placer de la naturaleza y que, por sobre todo, se enmarca en la base de la igualdad de las personas y eso queda de manifiesto en su Tratado de Waitangi (tratado de igualdad firmado entre el pueblo Maori y los Ingleses), ya que no existe Constitución. 

Además, los niños reciben un nivel de educación cívica increíble, como  trabajo comunitario o voluntariados que son requisito fundamental para egresar del colegio y de la educación superior.

Un obrero gana alrededor de 800 dólares neozelandeses a la semana (unos 420 mil pesos chilenos), lo que permite que cada persona que vive en este país tenga una calidad de vida buena y digna. No hay violencia ni pobreza extrema, ya que nadie necesita robar para vivir y tampoco existe una brecha social que los aparte del bienestar económico que cada uno quiera alcanzar.

Hoy en Kiwilandia se vuelve a disfrutar de uno de sus deportes favoritos, como lo es el rugby, y los estadios ya están abiertos al público, siendo su primera fecha un éxito total.

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