La Champions parte 2

La Champions (parte 2)

Luego de la parte 1, en esta segunda entrega repasamos las últimas décadas del torneo de clubes más relevante de Europa, comenzando por el recordado Milan de Arrigo Sachi.

Por PATRICIO VARGAS QUEVEDO

Si bien después del ciclo inglés en los años 80’, comienza uno de alternancia (Hamburgo, Liverpool, Juventus, Steaua de Bucarest, Oporto y PSV), iniciados los años 90’ el ciclo del Milan de Berlusconi y Arrigo Sachi, fue un prólogo de lo que se vendría: la etapa de los superequipos europeos, que gracias a su poder adquisitivo -y sobre todo luego de la ley Bosman (1995)-, propenden a la formación de verdaderas selecciones ‘resto del mundo’. Aun cuando ha ocurrido siempre, en los últimos treinta años se ha llevado al paroxismo. Una isla es el triunfo del extraordinario equipo de Estrella Roja de Belgrado, verdugo de Colo Colo en la Copa Intercontinental de 1991. Quién sabe el techo que hubiese tenido si no estallaba la guerra en Los Balcanes. En el estadio San Nicola di Bari, en una final de infarto, derrotaron en definición a penales al Olympique de Marsella, el proyecto del magnate Bernard Tapie. El equipo de Jugović, Mihajlović, Savićević, Prosinečki y Darko Pančev, alimentaría en los años siguientes a los mejores clubes de Europa. 

A propósito de Colo Colo, un párrafo aparte merece la disputa entre el campeón de la Champions League y el de la Copa Libertadores. La Copa Intercontinental de clubes tiene historias de novela en sus inicios. Partidos de ida y vuelta en Europa y en Sudamérica resultan inimaginables hoy en día, pero era la forma de definir al campeón durante los años 60’ y 70’. La Copa Intercontinental fue decreciendo en importancia, conociendo incluso la negativa de algunos equipos europeos a jugarla. En 1980, su organización fue adquirida por la empresa Toyota, quien la relanzó, llevándose su disputa a Japón. Hasta mediados de los años 90,’ solía ser competitiva, equiparada incluso en el número de títulos obtenidos. Luego del 2004, su lugar lo tomó el Mundial de Clubes (con participación de equipos de las seis confederaciones) y el predominio europeo se disparó. Entre 1990 y 2004, fue 10 a 5 en favor de Europa sobre Sudamérica. Desde el 2005 hasta ahora, es 12 a 3. 

Volviendo a la Champions, desde los 90’, salvo algunas excepciones como el Olympique de Marsella, Ajax y Porto, los campeones pertenecen a las cuatro ligas más poderosas del mundo: Inglaterra, Italia, Alemania y España. 

No es coincidencia que, de esas ligas, sumadas otras que aspiran a entrar en ese grupo (Portugal y Países Bajos), surgiera el grupo de los 14, conjunto de instituciones que busca presionar a la FIFA y a la UEFA para defender sus intereses patrimoniales. Ya que consideran que muchas medidas les perjudican, principalmente en lo referido a la cesión de jugadores en fechas FIFA y las posibles lesiones que puedan llegar a sufrir.

Independiente de esta situación, es innegable el alcance que tiene la UEFA Champions League como epítome de la organización deportiva óptima. Recordado es el episodio del cambio de un arco en 1998, en un partido de semifinal entre Real Madrid y Borussia Dortmund en el Bernabéu, luego que los aficionados españoles movieran el alambrado donde estaba tensionada la red y derribaran la portería. Mientras que, casi diez años después, los sismómetros se movieron en Barcelona el día en que Sergi Roberto rubricó la remontada frente al PSG en el Camp Nou en 2017.

El cambio de arco en el Bernabeu en 1998.

Independiente de esta situación, es innegable el alcance que tiene la UEFA Champions League como epítome de la organización deportiva óptima. Recordado es el episodio del cambio de un arco en 1998, en un partido de semifinal entre Real Madrid y Borussia Dortmund en el Bernabéu, luego que los aficionados españoles movieran el alambrado donde estaba tensionada la red y derribaran la portería. Mientras que, casi diez años después, los sismómetros se movieron en Barcelona el día en que Sergi Roberto rubricó la remontada frente al PSG en el Camp Nou en 2017.

La UCL constituye un espectáculo que tiene mucho de los eventos organizados por el deporte estadounidense. Cada partido importante en fase de grupos, así como cada jornada de las rondas finales, son unos mini super Bowl, que se siguen con pasión en distintos rincones del mundo. Al jugarse en esta parte del planeta en horario laboral, tenemos en días de partidos de Champions, excusas para retirarse después de almuerzo por problemas de salud fulminantes en colegios, universidades y lugares de trabajo. Siendo profesor, me ha llamado la atención en los últimos veinte años, como han surgido en un país como Chile, hinchas de equipos europeos. Una encuesta de GFK Adimark en 2019, indicaba que un 13% de chilenos/as se declaraba hincha del Barcelona. Algo inimaginable hasta hace unos años. 

A mediados de agosto, veía por una página streaming el partido del Maccabi Tel Aviv de Israel contra el Suduva de Lituania. Era una de las fases previas de la UCL. Ganó el equipo israelí, que luego obtendría la serie. Pensé en lo qué daría cualquiera de esos equipos por jugar contra alguno de los gigantes de Europa. Agustín Farías, el volante de Palestino, jugó por el APOEL Nicosia FC, de Chipre. Narraba que una de sus grandes experiencias fue jugar la Champions en 2012, contra el Real Madrid, el Borussia Dortmund y el Tottenham. Logró cambiar camiseta con Sergio Ramos y Luka Modric.

Desde la melodía de su himno (la Chaaaampiooooons), escrita en 1992 por el compositor británico Tony Britten, así como los balones utilizados, las camisetas y todo el merchandising que la rodea (la página oficial de la tienda incluye camisetas, libros, bolsos, paraguas, magnetos, relojes y plumas de más de setecientos mil pesos), resultan enormemente atractivos. Además, la segunda competencia europea en importancia, la Europa League, se le asemeja cada día más en esa estética del refinamiento. Muchos de nosotros seguiremos prefiriendo ir a un estadio chileno a ver un partido y comerse una carne mechada, pararse en la orilla de una cancha de tierra en un barrio y jugar o ver los partidos de la tercera, la segunda, los viejos cracks y la primera. Porque a veces son más bellas las cicatrices. Pero hay que reconocer que la Champions parece acercarse a la perfección.

El gol de Sergi Roberto desde la galeria: