La épica de un desastre

En esta situación tan extraña, tan al límite, sí que hubo una épica y que no tuvo que ver ni con los jugadores ni con el DT ni menos con esa casta que dirige Blanco y Negro: la que demostraron los seguidores de Colo Colo, los hinchas, los verdaderos protagonistas de la historia alba.

SERGIO GILBERT J.

Colo Colo estaba en suelo luego de haber dejado escapar el triunfo ante O’Higgins en Rancagua y la tensión se había emparejado al pesimismo de cara al decisivo duelo por la permanencia en Primera División que lo enfrentaría a Universidad de Concepción. “Ayer morimos y el miércoles serán los funerales”, señaló un veterano hincha albo. “Lo del partido por la permanencia va a ser como esa visita de despedida al pariente desahuciado”, graficó otro seguidor de toda la vida de los albos.

Claro, no había porqué tener otra visión. Colo Colo fue un desastre todo el año, a niveles históricos producto de un montón de desaciertos, peleas e incapacidades futbolísticas por lo que la condena al descenso -el primero en su vida institucional- parecía estar escrita.

Pero finalmente el cuento tuvo otro final. Feliz y, esencialmente liberador.

Colo Colo ganó y se quedó en Primera. Jugando a la ruleta rusa, con la espada de Damocles como durante toda la temporada. Pensando hasta última hora que podía seguir su ruta al infierno.

No merecía que fuera de otra forma. Por eso cuando el partido terminó, hubo festejos, incluso llantos. No de alegría sino que de desahogo. Como las que tiene el cabro porro que ha flojeado todo el año y que se salva en la prueba de repetición con el cuatro pelado. Claro, no va recibir un regalo por eso. Pero sí se entiende que celebre un poco y hasta que se tire un lagrimón. 

No hubo gesta en el hecho mismo de salvarse a última hora de descender a Primera B. El que así lo crea, la verdad no entiende nada. 

Pero vamos, en esta situación tan extraña, tan al límite, sí que hubo una épica y que no tuvo que ver ni con los jugadores ni con el DT ni menos con esa casta que dirige Blanco y Negro: la que demostraron los seguidores de Colo Colo, los hinchas, los verdaderos protagonistas de la historia alba.

Las imágenes que deberán ilustrar este fin de temporada más angustioso de Colo Colo no serán otras que la de los que aman y sienten suya la camiseta alba. Esos que despidieron al plantel en las puertas del Monumental cuando inició su viaje a Talca y los que salieron a la carretera con sus banderas y camisetas de cientos de diseños a escoltar a sus ídolos apesadumbrados y nerviosos.

Lo que quedará también será el registro de las historias relatadas de colocolinos que reconocen que su única alegría es ver a su equipo ganando partidos y sumando títulos.

No podrán borrarse, tampoco, los apoyos de los jugadores que fueron alguna vez protagonistas de jornadas gloriosas con la camiseta alba. Hubo ahí muestras de sentido de pertenencia. Coca Mendoza con su polera campeona de la Libertadores en la ruta 5 Sur. El mensaje de Vidal, de Caszely, del Murci Rojas, de Véliz. La emotiva carta de Barticciotto. La fotografía de Mirko Jozic con todo su familia vestido de blanco. La arenga escalofriante de Bravo. El llanto de Paredes…

No, no hubo épica en el 1-0 logrado por Colo Colo ante Universidad de Concepción. Salvarse del descenso fue el cumplimiento de un mínimo objetivo exigible y no puede quedar en la mesa de los trofeos.

Distinto poden decir sus seguidores e hinchas. En esta época de angustias, de noches sin dormir, de pensamientos oscuros, ellos sí se titularon de héroes eternos.