La eterna historia del doctor Jekyll y Mister Hyde

Universidad Católica sufrió una dramática -y justa- eliminación en los cuartos de final de la Copa Sudamericana ante Vélez Sarsfield, y el entrenador de los cruzados, Ariel Holan, le vio el lado positivo al mazazo.

Por SERGIO GILBERT J.

“Hace años que el club no llegaba a esta instancia y demostramos que se puede estar a nivel internacional”, dijo el DT, justo cuando en el camarín de la UC había desazón y rabia, y twitter ardía por el dolor de la hinchada de no haber seguido pasando vallas en el torneo continental.

Curiosa reflexión la del DT. Porque más allá de los buenos resultados eventuales que obtuvo la UC tanto en la Copa Sudamericana como antes en la Copa Libertadores, en el análisis general no solo no se puede hablar de grandes avances, sino que, al contrario, de un evidente estancamiento: Universidad Católica, el equipo más poderoso de la liga local, amparado por el club mejor organizado administrativamente y serio del país, no tiene aún peso para competir de verdad en el terreno continental.

La UC, en resumen, sigue exhibiendo una bipolaridad enfermiza: es una en Chile, ante rivales de nivel en general de mediocre para abajo, y otra cuando sale a medirse frente a adversarios con un poco más de desarrollo futbolístico. Una especie de eterna transformación entre el doctor Jekyll y su alter ego, Mister Hyde la que se vive en San Carlos.

Pero, ¿se trata de un trastorno disociativo de identidad lo que sucede en la Católica? No, no es para tanto. Simplemente su diverso peso entre lo que exhibe en casa y lo que alcanza mostrar afuera tiene que ver con una cosa de principios. La UC aspira a ser grande, pero sin comprometer su ideario de autogestión y de inversión “inteligente”. Toma riesgos, pero calculados. Transita por la vereda que le dé más seguridad a la hora de estructurarse.

El plantel actual de Universidad Católica es la suma de ello.

Exhibir como trofeos orgullosos a Ignacio Saavedra, Alfonso Parot o al Chapa Fuenzalida -todos salidos de sus divisiones menores- e insertarlos en forma eficaz al lado de jugadores venidos del mercado internacional que han sido apuestas -como Matías Dituro, Gastón Lezcano y Ferrnando Zampredi- es un mérito, pero también un sello, una marca que Universidad Católica ha ido forjando y que le ha permitido ser lo que es hoy: una institución modelo, eficiente y, especialmente, muy recatada.

La Católica, qué duda cabe, jamás hará locuras. No como Colo Colo y la U, por ejemplo, que se gastan millones en hacer planteles amplios, aunque le apuntan a una de vez en cuando. Esos clubes están en otra. Ponen la pasión por delante, la locura. La UC no. Es reflexiva, científica. Apuesta por el camino seguro más que por el riesgo de la senda empedrada.

Así le va. Bien, muy bien en Chile, ante sus iguales. Pero ahí no más cuando debe ir a la jungla con el cuchillo en la boca. Eso no es lo suyo.

¿Se dará cuenta de que debe cambiar y desordenarse un poco si quiere no ser simplemente el rugir de un ratón?

Está por verse. No pareciera ser, por ahora, una preocupación institucional.