La historia de dos terremotos olvidados

A un año de cumplirse el centenario de uno de los sismos más importantes que ha sufrido el país, el de 1922, es importante rescatar su historia, así como la del que azotó la zona norte en 1918, de magnitud 8, y que hoy pocos recuerdan.

Por SERGIO ANTONIO JEREZ / Fotos: ARCHIVO

El pasado viernes se cumplieron 99 años de uno de los terremotos más devastadores que ha sacudido terreno chileno, y que muy pocos mencionan hoy a la hora de recordar los sismos más importantes de nuestra historia.

Sólo minutos antes de la medianoche del 10 de noviembre de 1922 ocurrió un descomunal terremoto y tsunami que afectó, fundamentalmente a la Región de Atacama. El sismo dejó prácticamente en el suelo a las ciudades de Vallenar y Copiapó, y provocó enormes daños en Freirina, Tierra Amarilla, La Serena y otras localidades. El posterior tsunami destruyó el puerto de Chañaral, y tuvo serias consecuencias para Caldera, Huasco, Coquimbo y otras caletas.

La catástrofe, de magnitud 8.5 en la escala de Ritcher, causó cerca de mil víctimas, aunque hay versiones que entregan cifras mayores.

El periodista nortino Francisco Javier Páez cuenta que “por esas extrañas casualidades, tuve la inesperada visita de dos científicos sismólogos, uno de ellos de origen francés, Chistophe Vigny, director de Recherches-CNRS, París. Ambos de profesión geólogos y expertos en el estudio de los sismos”.

Los estragos del terremoto de 1922.

Comenta que “el profesor Vigny, está estudiando los terremotos en Chile, específicamente, los ocurridos en Atacama en los años de 1918 y 1922, aunque se ha centrado en el seísmo de 1918 por sus especiales características que han sido poco estudiados”.

Prosigue: “El terremoto de ese año alcanzó una magnitud de 8.2 en la escala de Richter, provocando considerables daños en Copiapó, Caldera, Vallenar y Chañaral (foto principal).

De este último puerto, no se tienen mayores detalles del tsunami, como tampoco de sus daños, aunque existen datos al respecto, pero no los que requiere la ciencia. Asunto que los tienen intrigados. Le pregunté el por qué, dejándome sorprendido. Me dijo que el epicentro del terremoto de 1918, ocurrió frente a Chañaral, de acuerdo a investigaciones actuales. Este importante dato lo ignoraba. De acuerdo a lo que había estudiado el epicentro de este terremoto se localizaba más al sur”.

“Así que ese dato entregado por el reconocido sismólogo internacional, continúa, con documentos a la vista, me ha llevado a investigar antecedentes del terremoto y tsunami de 1918, encontrando algunos documentos que se los he enviado de inmediato al científico francés. Ellos ahora están en viaje a Vallenar y luego a Copiapó”.

Páez señala que “en este especial día, 10 de noviembre, aprendí bastante de estos científicos. Fue una fructífera jornada de trabajo, en la que hubo diálogo e intercambio de apreciaciones en algunos puntos relacionados con los terremotos de 1918 y 1922, con énfasis en lo ocurrido en Chañaral y las proyecciones de futuros seísmos en la zona”.

REPASANDO LA HISTORIA

El terremoto del miércoles 4 de diciembre de 1918 dejó muchas casas e instituciones públicas o de beneficencia destruidas en Copiapó. Del hecho existe una serie de fotografías tomadas por José Antonio Olivares Valdivia y que dan cuenta de la amplitud del desastre y constituyen un registro visual de las pérdidas sufridas por los pobladores y el municipio.

Una calle de Copiapó tras el terremoto de 1918.

La revista Zig Zag publicó el 21 de diciembre de ese año una selección de 12 fotografías de Olivares sin identificar al autor y con un texto que decía: «La desgracia de Copiapó». En el reportaje se mostraron casas con sus muros en el suelo, calles vacías y algunos hombres y mujeres entre los escombros, acompañadas de descripciones que les dieron un sentido dramático.

De acuerdo a publicaciones del diario El Mercurio, en la capital no se le dio la debida importancia a lo ocurrido y señaló en su edición del 22 de diciembre de 1918, junto con las fotografías mencionadas, que en Santiago se creyó al principio que era “un terremoto de papel con fines de utilitarismo regional».

«Los edificios fiscales, municipales y la beneficencia como la cárcel, el juzgado, el teatro, la recova y el hospital han quedado en tan pésimas condiciones que casi todos exigen un reemplazo inmediato para no derrochar dinero en refacciones inútiles…», señala el periódico.

Un informe preparado por el ingeniero alemán Clemens Linneman para dar cuenta de las consecuencias del movimiento telúrico, indica: «La acción del terremoto fue devastadora. De las 1.630 casas inspeccionadas, 344 fueron completamente destruidas, 349 fueron seriamente dañadas con caída de techos o muros y 937 a pesar de no ser destruidas, presentaban grietas que impedían vivir en ellas».