La Iglesia Mormona es investigada por inversiones multimillonarias y secretas

Un fondo de inversión de esta congregación con sede en Utah, Estados Unidos, mueve 100 mil millones de dólares. Pero de eso nada se dice, “para que los fieles que profesan esa fe no dejen de aportar dinero”.

Por EL ÁGORA / Foto: ARCHIVO   

La Iglesia Mormona, con sede en Utah, Estados Unidos, es una de las más ricas del mundo, pero mantiene sus recursos y sus inversiones bajo un espeso manto de secreto, con el fin de que sus fieles creyentes no dejen de aportar dinero. Pero esos cuantiosos fondos están siendo investigados por autoridades bursátiles estadounidenses, que quieren develar cómo opera este enorme brazo de inversión.

Según el diario Wall Street Journal, el caso se centra en la posible violación de normas que obligan a los gestores de este tipo de fondos a informar regularmente de los activos en su poder, y los incumplimientos se castigan habitualmente con multas. La entidad en el centro de esta investigación es Ensign Peak Advisors, una firma de inversiones propiedad de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos días, conocida popularmente como Iglesia Mormona, y que siempre ha estado envuelta en cierto secretismo.

Las alertas surgieron luego que la Comisión de Bolsa y de Valores estadounidense, advirtiera maniobras de inversión poco claras, lo que reavivó un caso ocurrido en 2019, cuando un antiguo empleado de la congregación develara que el fondo había acumulado más de 100 mil millones de dólares en activos no declarados.

Ese anónimo empleado agregó que este multimillonario fondo no debería ser tratado como una entidad sin ánimo de lucro y, por tanto, estar exento de impuestos federales.

La investigación, que no ha sido confirmada públicamente por la Comisión de Bolsa y Valores (SEC, en inglés), está en una fase avanzada y probablemente se resolverá con un acuerdo en los próximos meses, según fuentes anónimas del diario económico.

El caso, apunta el Wall Street Journal, se centra en la posible violación de normas que obligan a los gestores de este tipo de fondos a informar regularmente de los activos en su poder, y los incumplimientos se castigan habitualmente con multas.

En ese proceso fue cuando salió a la luz que, por aquel entonces, el fondo controlaba unos 100 mil millones de dólares en activos, un tamaño equivalente al de algunos grandes fondos soberanos.

En una entrevista publicada entonces, el máximo responsable de Ensign Peak admitió que se había buscado cierto anonimato dado que los líderes de la Iglesia temían que los fieles dejaran de hacer donaciones si se conocía la cantidad de dinero que se había acumulado.