Columna de Lautaro Guerrero: La increíble pataleta de la derecha tras los indultados por Gabriel Boric

Liberando a doce presos del estallido, más Jorge Mateluna, los políticos de oposición cayeron en tan descontrolado frenesí que hasta querían cortarse las venas con una hoja de lechuga. Olvidan que es una facultad presidencial, que también ejerció Piñera. Peor aún: Mateluna por lo menos se pegó un canazo, por robarse supuestamente un banco, sin ninguna prueba. Tatán se robó el Banco de Talca y no vistió trajecito a rayas sólo por obra y gracia de Mónica Madariaga, ministra de Justicia de la dictadura. Se pasaron para caraduras, muchachos.

Por LAUTARO GUERRERO / Foto: ATON

Si bien el indulto existe en Chile desde 1818, y quedó consagrado en la Constitución del tirano patán e ignaro bajo el artículo 32 N° 14, seguramente para asegurar la impunidad de violadores de derechos humanos, los ecos que armó la escandalera de la derecha por el indulto presidencial de Gabriel Boric a doce presos de la revuelta, más Jorge Mateluna, no fueron acallados ni por el sonoroso fragor de los fuegos artificiales de Año Nuevo.

Envalentada y más arrogante que nunca luego que se impusiera el Rechazo en el Plebiscito de Salida del pasado 4 de septiembre, la derecha política de este país, que se arrogó la victoria como si fuera de su exclusiva propiedad, amenazó con restarse de cualquier tema que guarde relación con la Agenda de Seguridad que impulsa el gobierno. No sólo eso: formará su propia comisión, aunque las conclusiones que saquen o las soluciones que propongan pesen menos que paquete de cabritas.

Y es que de lo poco que nos va faltando, está que el gobierno democráticamente elegido acepte un cogobierno con la oposición. ¿Dónde la vieron?

La destemplada reacción de los partidos de derecha y sus satélites, además, podrían llevar a cualquier incauto de este país, que se cuentan por miles, si no millones, a pensar que Boric se arrancó con los tarros. Que en la víspera de las fiestas de fin de año, corazón de abuelita, se dio el gustito de liberar presos que para la derecha son terroristas, aunque en la mayoría de los casos las pruebas fueran no sólo blandengues, sino que en algunos casos más falsas que billete de tres lucas.

Boric sólo hizo uso de una atribución que la Constitución le entrega, que ha sido ejercida en su momento por prácticamente todos los Presidentes de este país.

Marco Polo Frei Ruiz Tagle, por ejemplo, durante su mandato indultó a 56 condenados por delitos ligados al tráfico de estupefacientes, ocho por parricidio, 14 por homicidio y 106 por haber sido sorprendidos manejando con la pipa.

Piñera, por su parte, indultó a 24 presos, incluyendo a uno detenido en Punta Peuco por delitos de lesa humanidad. No conforme con eso, en abril de 2020, con la barreta del covid, dejó libre a 1.700 patos malos, a los cuales se les cambió la sanción por una pena absolutamente cruel y bárbara: arresto domiciliario. Demás está decir que la mayoría cumplió su condena al pie de la letra. No asomaban la nariz ni para recoger el diario.

Convengamos que, tras el estallido social del 18 de octubre de 2019, absolutamente normal y legítimo luego de casi 30 años de arreglines de bigotes entre la ex Concertación y la derecha, el lumpen surgió en gloria y majestad. Aprovechándose del hastío del populacho, la escoria de esta sociedad emergió como callampas para provocar todo tipo de desmanes. El más grave y lamentable de todos ellos: la destrucción del Metro.

Siete estaciones totalmente incendiadas, 18 en forma parcial, 93 estaciones con daños múltiples y hasta un par de trenes vandalizados, fue el desolador balance. La gravedad del hecho, y las millonarias pérdidas involucradas, sin embargo, nunca arrojaron un culpable. Los imputados en un primer momento eran muchos, pero sólo Daniel Morales, acusado, fue definitivamente absuelto, por falta de pruebas. Sólo su sobrino de 17 años, de iniciales B. E. S. M, cumple una pena recluido en el Sename.

¿Cómo es que en este caso específico nunca pillaron a nadie con las manos en la masa?

Digamos, además, que hasta este indulto de Gabriel Boric, se calculaba en aproximadamente 80 los presos a causa del estallido. Y decimos se calculaba porque ni la Justicia ni la Fiscalía tuvieron claro nunca el número exacto. Dicho de otra forma: los liberados por facultad presidencial no alcanzan ni siquiera al 25% de los encarcelados.

El balance de la represión ejercida por el ladrón de banco, en cambio, es realmente desoladora: 34 resultaron muertos, 445 sufrieron heridas oculares y dos perdieron por completo la visión: el entonces estudiante Gustavo Gatica y la actual senadora Fabiola Campillai.

¿Quiénes fueron, en suma, aquellos que este 31 de diciembre pudieron abrazar a sus familiares? Son ellos Juan Bastián Olguín Rivera, Bastián Ignacio Campos Gaete, Jordano Jesús Santander Riquelme, Luis Arturo Castillo Opazo, Felipe Eduardo Santana Torres, Cristián Marcelo Cayupan Queupil, Francisco Andrés Hernández Riquelme, Sebastián Emmanuel Montenegro, Claudio Anatanael Romero Domínguez, Brandon Sebastián Rojas Cornejo, Alejandro Samuel Carvajal Gutiérrez, Matías Elías Rojas Marambio y Jorge Mauricio Mateluna.

De ellos, Jorge Mateluna es quien más les ha servido como caballito de batalla a los políticos de derecha para armar la alharaca. Sostienen que ya había sido indultado y es verdad: el 27 de agosto de 2004, había recobrado la libertad gracias a un indulto otorgado por Ricardo Lagos. Y es que, acusado de pertenecer al Frente Patriótico Manuel Rodríguez, a mediados de la década de los 90 del pasado siglo Mateluna fue condenado a cadena perpetua sólo por “terrorista”, pero sin que se le pudiera comprobar algún delito específico en el que hubiera participado.

En prisión, siguió estudios de Sociología, que luego continuó en la Universidad Arcis. Pero no concluyó esa carrera, cambiándose a Bellas Artes.

El 2008 entró a trabajar al Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, Región Metropolitana, como encargado territorial del Programa “Creando Chile en mi Barrio”. A mediados del 2011 constituye formalmente Culturarte Producciones, productora que realiza trabajos en el ámbito de la gestión cultural. Luego, el año 2012 se incorpora como voluntario en Codepu, trabajando en el equipo de comunicaciones y en la formulación de proyectos.

El 17 de junio de 2013, Jorge Mateluna se dirigía, por razones de trabajo, a la Municipalidad de Pudahuel. Fue ese día cuando Carabineros de Chile lo detiene como sospechoso por un asalto a un banco en la comuna. Sin pruebas meritorias, sólo porque “se parecía” a uno de los delincuentes, fue condenado a 16 años en la Cárcel de Alta Seguridad.

Dicho claramente, y remitiéndonos sólo a lo legal, Mateluna fue indultado por Boric como “delincuente común”, como supuesto protagonista de un asalto a un banco. No como “terrorista”. Por lo mismo, habría que preguntarle a la derecha en qué se diferenciaría, entonces, Mateluna con el que se robó el Banco de Talca.

Pareciendo mucho más inocente que culpable, Mateluna igual se pegó un canazo. El otro, en cambio, no estuvo ni un solo día con el trajecito a rayas puesto, por obra y gracia de Mónica Madariaga, ministra de Justicia de la dictadura.